Desafíos tecnológicos
y desarrollo sostenible en Latinoamérica

Uno de los rasgos más importantes que presentan actualmente los
procesos productivos relacionados con alta tecnología es que se
requiere de mucha más inversión para la generación de empleo
productivo. No es lo mismo la creación, digamos, de empleo agrícola
en al ámbito de las hortalizas -por lo general cultivos de corto
plazo e intensos en la utilización del suelo- que posiciones
laborales para una industria de semiconductores.
Debido a este factor de mayor requerimiento de inversión, entre
otras consideraciones, las tasas de crecimiento económico de un país
no necesariamente jalonan con tanta eficiencia como antes, la
creación de empleo. De allí que los crecimientos de producción de
muchas economías deben exhibir tasas más altas para que se genere un
nivel aceptable en la creación de oportunidades para la población.

No sólo son los empresarios los que deben invertir más, sino también
los que deben competir por mercados segmentados, especializados,
mucho más específicos. Además, se requiere de niveles de preparación
más especializados en la mano de obra. Se demanda que los recursos
humanos posean mayor nivel de formación.
Estas condiciones del desarrollo tecnológico y productivo
constituyen desafíos permanentes para las economías latinoamericanas
y caribeñas. Uno de los retos más importantes para la región es la
transformación de la naturaleza de sus exportaciones. Continuar
vendiendo al exterior postres, tales como azúcar, café, banano, o
bien productos muy relacionados con materias primas, es continuar
dependiendo de bienes exportables que se proyectan en general hacia
una baja de precios en el mercado externo.

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Esta tendencia recurrente a la baja en los precios de las
exportaciones pertenecientes a las materias primas puede tener
algunos períodos de excepcionalidad: los ocurridos entre 1880 y
1914; además del surgimiento de los precios de esos productos de
2003 a 2014. Las proyecciones, se reitera, se mantienen a pesar de
estos períodos especiales. Y las recuperaciones de los precios no
alcanzan por lo general a alcanzar los niveles previos.
De allí que el desafío es generar productos exportables que tengan
mayor valor agregado. No es lo mismo vender el café en cereza o uva,
que la distribución de la bebida directamente a los consumidores.
Esto último genera mayores rentabilidades.

Este tema de la innovación tecnológica, productividad,
competitividad y comercio exterior, es abordado en un estudio del
Banco Mundial. En ese documento se sostiene que “se debe adoptar y
promover la tecnología y la innovación para impulsar el crecimiento
económico, la reducción de la pobreza e incrementar las
oportunidades para todos, en lugar de generar barreras”.
Exactamente, se trata de facilitar accesos al desarrollo tecnológico
en lugar de forjar lo que en administración y teoría de mercados se
conoce como barreras de entrada. Se requiere que se fortalezcan los
nexos entre crecimiento económico y desarrollo. Para ello se han
identificado tres mecanismos: (i) sistemas de seguridad y protección
social; (ii) generación de empleo y emprendimientos; y (iii)
transferencias de gobierno en particular en los casos de ayuda
humanitaria de emergencia (AHE).
Estas últimas concebidas como ayuda para la auto-ayuda; con períodos
específicos, perentorios de aplicación. De lo contrario, exacerbar
estas políticas, puede comprometer los patrones de crecimiento y
desarrollo en la sostenibilidad de los mismos; algo que fatalmente
se ha ignorado en los regímenes del denominado “socialismo del Siglo
XXI”.


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El mismo Banco Mundial puntualiza otro aspecto por demás crucial en
todo esto de los desafíos tecnológicos: “Será clave mejorar la
educación y la capacidad para garantizar que los jóvenes puedan
aprovechar plenamente el mundo digital y estar preparados para los
trabajos del futuro”. Absolutamente indispensable. La transformación
de la naturaleza de las exportaciones transita por la vía de la
educación y la capacitación, por la senda de la ampliación de las
capacidades de las personas y de amplios sectores de la población.
De manera puntual, como parte de lo que serían políticas públicas,
se tienen tres aspectos considerados prioritarios en cuanto a la
adopción de nuevas tecnologías, como medio para generar el modelo
DDI: desarrollo, democracia e innovación. En lo esencial, el Banco
Mundial se refiere estos componentes.
Un primer aspecto, poner la tecnología a “disposición de empresas
locales, a precios globalmente competitivos”. Se trata aquí de
colocar el énfasis no sólo en la viabilidad técnica o de existencia
material de la tecnología, sino hacer que la misma tenga
conveniencia en función de las utilidades y rentabilidad de los
proyectos.

Un segundo componente: promover que las empresas tengan incentivos
“para invertir en actualización tecnológica y exportaciones, en
lugar de protegerse de la competencia”. En esto se tendrían los
apoyos prioritarios a micro, pequeñas y medianas empresas. El
desafío es enfrentar las dinámicas que impone la nueva globalización
que vivimos, inserta en los cambios tecnológicos que son
inevitables.
Finalmente: “Capacitar a los trabajadores a fin de que estén
preparados para los empleos del futuro”. Se trata de innovaciones
relacionadas con el recurso más importante para toda empresa y país,
el talento humano. Esto es por demás clave y se encuentra articulado
a lograr la sostenibilidad del crecimiento y el desarrollo.
Los desafíos tecnológicos son apremiantes. El mundo ha cambiado, ha
cambiado drásticamente. Actuar de manera tardía frente a los
desafíos del mundo digital puede hacer que los procesos puedan estar
a destiempo, desfasados, y resulten más caros.


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