Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.396-976

Fecha: Jueves 09-01-2025

 

EDITORIAL

 

Un horizonte colectivo

 

La victoria, más que un simple triunfo, es un estado del ser que implica libertad y reconciliación. En un país como Colombia, fracturado por décadas de violencia, desigualdad y corrupción, la victoria debe trascender las luchas individuales y convertirse en un logro colectivo. Esta victoria no se limita al fin de los conflictos armados, sino que reside en la construcción de una sociedad que privilegie el respeto, la igualdad y el cuidado mutuo.

La verdadera victoria comienza con la ciudadanía. Reconocer que la diversidad étnica y cultural no es una carga, sino una riqueza que nutre la libertad, es esencial. Cada ciudadano, al ejercer su libertad con responsabilidad, se convierte en un constituyente activo del cambio. Aquí, la autoridad no es un mecanismo de control, sino un apoyo a la autodisciplina y la protección del bien común.

Sin embargo, alcanzar esta victoria requiere superar la corrupción estructural que ha minado la confianza en las instituciones del Estado. La impunidad, que beneficia tanto a los poderes públicos como a los privados, debe ser erradicada. Para ello, es fundamental un Plan Nacional de Desarrollo que priorice el bienestar y la justicia social. Esto significa redistribuir equitativamente los recursos naturales, proteger el ambiente y garantizar oportunidades para todos los ciudadanos.

En este proceso, la reconciliación se presenta como un pilar fundamental. El trato afectivo y la confianza en el vecindario no son gestos menores; son actos revolucionarios en una sociedad acostumbrada al desencuentro. Los festivales de ciencias y artes, los espacios comunitarios y las acciones locales orientadas al buen vivir son manifestaciones de una victoria que construye paz desde la convivencia cotidiana.

La victoria es la abuela de todas las causas. Es un llamado a transformar los errores en aprendizajes y a forjar un futuro en el que el cambio deje de ser una promesa vacía y se convierta en una realidad tangible. Colombia necesita una victoria que no solo ponga fin a la guerra, sino que inaugure una era de justicia, dignidad y esperanza para todos.

 

 

 

Cada experiencia es una aventura que se perdura

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

Todos los días estamos expuestos a situaciones que solo se viven en ese instante. Muchas veces presentimos el futuro como algo vivido y lo ignoramos porque no le ponemos atención a ese presentimiento que nos llega como algo natural y desaparece igual como llega.

Desde la antigüedad siempre se han buscado explicaciones a esos sentimientos y Freud escudriñó en el pasado y presente de las personas y todo quedó como algo psíquico. Hoy la genética nos puede explicar con mayor sabiduría lo que realmente nos está pasando y transformar ese pasado en un futuro dentro de una realidad que ya se puede palpar.

Nuestra experiencia tiene un valor que solo el que la ha vivido puede darle el verdadero sentido de lo vivido y evitar a futuro descalabros que los novatos viven. Nuestra experiencia social se vuelve colectiva y esos recuerdos se van acumulando y van creando una costra mental que se va refinando de generación a generación y de repente sin el mayor esfuerzo como una sola unidad todos salen al rescate del futuro social.

Los colombianos no son ajenos a su historia, y ella está ahí cincelada de generación a generación y esas vivencias, aunque en silencio van saliendo a debatirse frente aquellos que hacen caso omiso a la historia nacional. Estos enfrentamientos son normales porque cada uno está seguro de sí y lucha hasta el final hasta que se demuestre lo contrario. El problema es que al estar atrapada la sociedad ya no se puede hacer casi nada para salvar la situación.

Los viejos que maduraron bajo los signos de libertad, educados y pensantes son más cautos en momentos cuando la juventud y los que han vivido oprimidos se lanzan a la lucha para alcanzar todos esos espacios que no han tenido y se les ha negado por todo tipo de circunstancias. Históricamente se pueden ver ejemplos y estados donde el proceso de crecimiento se detiene y dentro de ese estado solo una minoría vive complacida por estar dentro del círculo de gobierno.

La experiencia es la fuente del futuro y sin esa cadena no estaríamos aquí como seres humanos o como un universo nacido de su propia evolución.

 

 

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

El llamado del Jaguar
Martin von Hildebrand
Editado por Debate

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=uwZtrdTTN1k

 

Por estos días que se celebran los 100 años de la aparición de La Vorágine y el país ha vuelto a mirar hacia la Amazonía, se ha publicado el libro que durante más de 30 años esperaron antropólogos, historiadores y en especial los indígenas de esa inmensa zona que va de Leticia a Mitú y desde La Pedrera a Araracuara.

Se trata de las memorias del hombre que con más pasión estudió los orígenes lingüísticos, espirituales y tradicionales de las tribus sobrevivientes en aquellas espesas selvas: el profesor Hildebrand.

Basándose en la tradición oral primero de lo indios tanimukas y después en las otras tribus que tenían contacto con ellos, hace una escanografía casi que computarizada de las tragedias vividas por esas gentes, desde antes de la Casa Arana y los caucheros, haciendo énfasis en la brutal equivocación que tuvieron, en pleno siglo XX, la Iglesia y en especial los padres capuchinos tratando de matarlos con sus tales internados para indígenas la cultura, las leyendas, el espíritu de las malocas, el uso del mambeo, del yagé y de la medicina animista con las cuales habían sobrevivido por siglos.

Las narraciones dramáticas de cómo los llaneros blancos salían de cacería de los indios guahibos es igual de impactante que la del trato de los caucheros que no cupieron en la inmortal novela de Jose Eustasio Rivera.

El libro entonces es un monumento continuo a la civilización de la yuca, al calendario cultural ecológico que construyeron con el paso de los siglos, pero en especial una reivindicación de la menospreciada cultura amazónica.

Son las memorias de quien comenzó como investigador en una canoa y llegó, cuando Barco fue presidente, a dirección de la Oficina de los Asuntos Indígenas del gobierno a hacer visible desde allí al resto del mundo, a través de la Fundación Gaia que dirigió por tantos años, la imagen de unos pueblos despreciados en sus tradiciones y comportamientos.

Leerlo sobrecoge y aunque se gasta tontamente mucho en el conteo de las batallas libradas contra la burocracia castradora y contra los enemigos politiqueros y mafiosos de la reivindicación indígena, termina siendo una joya antropológica para el lector ávido o para la gran mayoría de incultos que han desconocido ese mundo amazónico.

Es un libro que dignifica y mitifica a su autor y emociona a los guerrilleros intelectuales bogotanos que menospreciaron toda la sapiencia encerradas en las lejanas selvas que tributan desde Colombia al Amazonas.

 

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Gerente
Laurie Agront

Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.


Editor

Felipe Castro

 

   

Diagramación
María  Molina

 

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Nadeem Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 
Edgar Cabezas

Gongpa Rabsel Rinpoché

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Teresa Pardo

Agustin Perozo

Otoniel Parra Arias
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