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COLUMNISTAS

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.401-981

Fecha: Sábado 18-01-2025

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

Un enfoque budhista sobre la coherencia entre el decir y el hacer

 

En el corazón de la filosofía budhista yace la profunda conexión entre pensamiento, palabra y acción. El Budha enseñó que nuestras palabras no son meros sonidos, sino semillas que sembramos en el terreno de nuestra realidad. Y como cualquier semilla, nuestras palabras tienen el potencial de florecer en actos, experiencias y consecuencias.

El proverbio "tus palabras pierden valor cuando no coinciden con tus actos" encapsula esta idea de manera concisa. Cuando decimos una cosa y hacemos otra, estamos minando la confianza en nosotros mismos y en los demás. Estamos sembrando semillas de duda, desconfianza y sufrimiento.

¿Por qué es tan importante esta coherencia?

* Integridad: La coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos es la base de la integridad. Una persona íntegra es aquella que vive de acuerdo a sus valores y principios.
 

* Confianza: Cuando nuestras palabras y acciones están alineadas, las personas confían en nosotros. La confianza es el cimiento de las relaciones saludables.

 

* Felicidad: La incongruencia entre lo que

 

 

 

pensamos, decimos y hacemos genera un conflicto interno que puede llevar al sufrimiento. Al vivir en coherencia, cultivamos la paz mental y la felicidad.

 

¿Cómo podemos cultivar la coherencia en nuestra vida?

* Mindfulness: La práctica de la atención plena nos permite observar nuestros pensamientos y acciones con mayor claridad, identificando las incongruencias.

* Reflexión: Dedicar tiempo a reflexionar sobre nuestros valores y cómo se manifiestan en nuestra vida diaria.

 

* Compromiso: Comprometernos a vivir de acuerdo a nuestros valores, incluso cuando sea difícil.

En resumen, nuestras palabras tienen un poder transformador. Cuando las usamos con sabiduría y coherencia, podemos crear un mundo más compasivo y lleno de armonía. Al igual que un jardinero cuida sus plantas, debemos cultivar las semillas de nuestras palabras para que florezcan en acciones positivas y beneficiosas.

 

Mi País el Tinto # 4

Por: Rubén Darío Varela Hurtado

 

Mi país inundado de artistas callejeros

 

Para todos los gustos y de todos los colores, con esta frase podemos describir a la cantidad de artistas ambulante que a diario observamos en las calles de nuestro país, de todas las edades, los géneros musicales. A muchos de ellos los encontramos con flautas y marimbas, otros con tambores y maracas, otros hasta con bafle, micrófonos y equipos de sonido.

 

 

 

En mi País del Tinto nos cautivamos viendo a cantantes vestidos hasta con corbata, trajes de franela, adornados con sombrero, plumas, lentejuelas, capas, máscaras. Son artistas del rebusque, unos con un magnífico talento y otros no tanto, pero al fin y al cabo artistas que con su voz se buscan el pan diario en las calles, haciendo honor a su don y destreza.

Muchos de ellos lo hacen por necesidad, otros por estilo de vida, unos son viajeros que cargan una mochila al hombre repleta de ilusiones y tendencia gitana, habidos de conocer decenas de plazas de pueblos y calles culturales para cautivar así al público con su violín, trompeta, flauta o maraca o simplemente su voz.

Algunos de ellos realmente son un ejemplo de vida y de superación que hacen arte a pesar de sus limitaciones físicas como por ejemplo Jair, un artista de orígenes indígenas que diariamente se ubica en el inicio del puente que conecta a Ciudad Victoria con la Avenida Circunvalar, deleitando a los transeúntes con su arte.

Pereiranos y extraños se quedan perplejos observando como este Valente artista, quien carece de ambas manos, a diario se las ingenia para coser hermosas manillas con sus pies y con suma cautela con el dedo pulgar logra insertar su aguja en las shakiras y elaborar así manillas coloridas de diversos estilos.

Así es mi País del Tinto, un territorio de valientes en donde el arte también es una herramienta de rebusque y en donde el talento se convierte quizás más efectiva, diplomática y admirable para vencer la adversidad. ¡Qué mi País del Tinto siga inundado de arte porque también se concibe como una forma de sobrevivencia en una sociedad poco equitativa!

Mi País del Tinto seguirá siendo testigo de fascinantes historias de vida de artista que ven en las calles una oportunidad de vida, y no solo colombianos, sino también extranjeros que emigran a nuestro territorio a expresar todo su talento en las calles colombianas.

 

 

 

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