Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.445-1025

Fecha: Martes 25-03-2025

 

EDITORIAL

 

Futuros truncados

 

La juventud es un eco que se desvanece en el tiempo y el espacio. Alguna vez, las calles y plazas eran el punto de encuentro de quienes soñaban con cambiar el mundo. Hoy, esas voces se han apagado o se han mudado a otros horizontes en busca de oportunidades que, en su lugar de origen, se presentan como espejismos inalcanzables.

 

El proceso de madurar en el sistema actual parece más un laberinto sin salida que una transición natural. Durante años, se nos ha enseñado que la vida adulta se construye sobre dos pilares: la estabilidad económica y la propiedad. Sin embargo, la realidad dista mucho de ese ideal. Para muchos, conseguir un empleo digno es un desafío constante, y ni hablar de la posibilidad de acceder a una vivienda propia. La emancipación se convierte en un privilegio y no en un paso lógico del crecimiento personal.

 

Las cifras reflejan lo que ya se vive en las conversaciones cotidianas: una generación atrapada en la incertidumbre. Las tasas de desempleo juvenil continúan en niveles alarmantes, y la edad de independencia económica y habitacional se retrasa cada vez más. La juventud, en lugar de proyectar su futuro con optimismo, enfrenta un presente que le niega oportunidades y le impone sacrificios sin garantías.

Pero no es solo un problema económico. La reducción demográfica juega en contra de quienes buscan hacer oír su voz. En un sistema donde la representatividad se rige por el número, una generación con menor peso poblacional se encuentra en desventaja estructural. Las decisiones políticas y económicas siguen respondiendo a mayorías envejecidas, dejando a los jóvenes fuera de los espacios donde se decide el futuro que, irónicamente, más les afectará.

Ante este panorama, es inevitable preguntarse: ¿cómo recuperar el espacio perdido? Tal vez la solución no radique en esperar a que las reglas del juego cambien por sí solas, sino en forjar nuevos caminos que permitan a la juventud tomar un rol activo en la transformación social. La organización colectiva, la innovación y la redefinición de prioridades pueden ser herramientas clave para reclamar el lugar que les corresponde.

No se trata de nostalgia por lo que fue ni de resignación ante lo que es. Se trata de exigir un presente que permita construir un futuro. Un futuro en el que la juventud no sea un susurro en la distancia, sino una voz fuerte y presente en cada rincón de la sociedad.

 

 

 

El poder de la desigualdad en la sociedad moderna

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

Nunca ha habido una sociedad que se precie de igualitaria, libre y organizada, han sido sociedades jerárquicas que siempre han manipulado al ser humano como algo que les pertenece. Como un objeto, como una cosa. Solo ellos, los jerarcas, son los dueños de la vida y la existencia de los individuos que gravitan en su órbita. Esto les ha permitido gobernar a su libre albedrío hasta el presente.

El pueblo no entiende el por qué al igual de aquellos que se precian de cultos e informados. Sus vidas dependen de quien está empoderado y él establece el destino de esa humanidad que vive a su alrededor.

Ser independiente y autónomo bajo estas circunstancias es casi imposible porque quien ejerce el poder tiene a su alrededor un ejército de esbirros que no poseen conciencia sobre su identidad y viven como perros de brega a merced del gobernante.

Los que posiblemente tienen la capacidad de actuar y formarse como sociedad independiente bajo reglas y leyes que les permitan vivir en armonía no saben cómo organizarse para alcanzar ese estatus de respeto frente a los enemigos de la autonomía.

Manipular a un ser humano que carece de evolución genética y que está en la escala primaria con relación a la evolución en la que va la humanidad, no es nada difícil. El miedo y las acciones violentas son las herramientas de amaestramiento que usan quienes buscan entronizarse en el poder y perpetuarse en él.

Estamos en una era donde la tecnología y el conocimiento gravitan a nuestro alrededor y no permite entender la naturaleza de las cosas y de quienes pretenden arrebatar los derechos de la libertad y la autonomía del ser humano.

El problema radica en que existe una gran mayoría de seres humanos incapaces de ser libres y autónomos y necesitan ser acaudillados por personajes que ofrecen bienestar y estabilidad en un mundo imaginario donde al final son ellos los que sostienen al gobernante con sus diezmos.

Ser organizado y emparejarse con otros que tienen el mismo entendimiento y objetivos, hace que se establezca una sociedad con autonomía e independencia alejando del espacio social a estos jerarcas que manipulan a otros que ven en ellos una salida fácil de sus necesidades.

La sociedad no tiene conciencia individual ni de grupo si vive dependiendo del presupuesto que da el establecimiento, ese presupuesto se origina de los impuestos que ello recoge y reparten una mínima parte para cubrir las necesidades básicas de esa sociedad que los ha elegido. Por eso se apresuran a gastarlo y no generar un superávit como lo haría una sociedad autónoma e independiente.

Frente a estos hechos nada se puede hacer, cuando una sociedad esta entrenada y manipulada para que actúe bajo esos parámetros. El centralismo es parte de esas

 

 

 

jerarquías existentes que impiden el sano crecimiento de una sociedad. El poder no debe de estar centrado en un individuo o grupo, El poder debe ser una energía que abarca a toda una sociedad para moverse bajo sus intereses individuales intercambiando lo que ella produce.

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

ESTRICTAMENTE CONFIDENCIAL
De Eduardo Santos
Recopilado y comentado por Maryluz Vallejo Mejía
Editado por Intermedio

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=SvwqqoxtHkw

 

El mito del doctor Eduardo Santos se ha ido perdiendo con el paso de los años. El que sus herederos hubiesen vendido El Tiempo, desde donde manejó 50 años a Colombia, puede haber ayudado a esa desmemoria.

El cambio de valores de apreciación y comportamiento en Colombia como consecuencia de la Revolución de los Traquetos, también. Pero sobre todo la desaparición de la historia como pensum obligatorio de todos los colegios y escuelas del país, hicieron el resto.

Para que no se olvide su nombre y su estela mitológica no se pierda en el chismerío bogotano que la alimentaba, Maryluz Vallejo ha hecho un impecable y muy aplaudible trabajo estudiando el archivo de la correspondencia que Eduardo Santos mantuvo desde cuando estudiaba en Europa hasta cuando se retiró a su casa de Chapinero a rumiar jubilado su poder y su gloria.

De la lectura que se hace de las pocas piezas escogidas, pero fundamentalmente por los acertados comentarios que a las otras muchas cartas de Santos emitidas en momentos importantes de su vida y de la vida nacional hace Maryluz, se consigue un esbozo biográfico y político del personaje que hemos olvidado.

En sus páginas, entonces, se verifica o nos recuerda que quien mandaba a Colombia desde las páginas de El Tiempo era el esposo de Lorencita Villegas, demasiado elegante para la Colombia de 1930 y que fue con ella que se paseó por New York y por las capitales europeas gastándose con lujo y con placer la mucha plata que el periódico le producía.

Pero no para allí esta escanografía del expresidente. El libro logra comunicar al lector la magia de los silencios de Eduardo Santos o explicarnos la simpleza de sus frases para resumir sapiencia y poder. Es un gran logro de la doctora Vallejo Mejía podernos ayudar a repasar la historia que no se volvió a enseñar pero de la que aprendimos tanto y muchos seguimos aplicando para explicar las vacaslocas de los políticos y gobernantes de hoy.

Por supuesto no lo habría conseguido si ese personajón que fue el doctor Santos, siempre a punto de la pausa, siempre lejos de la algarabía pueblerina, pero nunca meloso ni populista con sus electores, no hubiese dejado la huella escrita que este libro recorre.

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Gerente
Laurie Agront

Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.


Editor

Felipe Castro

 

   

Diagramación
María  Molina

 

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Nadeem Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Rubén Darío Varela Hurtado

 

 
Edgar Cabezas

Gongpa Rabsel Rinpoché

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Teresa Pardo

Agustin Perozo

Otoniel Parra Arias
CONTACTO
Tel. (57) 606-347 7079
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