Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

  10-

 

EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.449-1029

Fecha: Sábado 29-03-2025

 

EDITORIAL

 

La ideología, un espejismo peligroso

 

En el panorama político contemporáneo, existe un paradigma peligroso: la convicción inquebrantable de que la propia ideología representa la verdad absoluta. Este espejismo intelectual transforma el pensamiento político en un campo de batalla donde la realidad se sacrifica en el altar de creencias incuestionables.

Proclamamos con orgullo que "todo es ideológico", como si este descubrimiento fuera una revelación sublime. Sin embargo, esta afirmación oculta una verdad más compleja: la ideología no es un marco neutral, sino un prisma que distorsiona nuestra percepción de la realidad.


Los sistemas políticos se construyen sobre premisas que parecen incuestionables: la dignidad humana, los derechos individuales, la eficacia medible del bienestar público. Pero estas no son verdades absolutas, sino construcciones frágiles surgidas de contextos históricos específicos.

El verdadero peligro no reside en la existencia de la ideología, sino en su conversión en un dogma ciego. Cuando los actores políticos se aferran tan fervientemente a sus principios que ignoran la realidad empírica, la ideología se transforma de herramienta de comprensión en instrumento de destrucción.

La arrogancia ideológica produce los peores escenarios políticos: decisiones que priorizan la pureza conceptual sobre el bienestar humano, reformas que desmantelan sistemas funcionales en nombre de principios abstractos, políticas que sacrifican la pragmática en el altar de la teoría.

Este fundamentalismo ideológico representa un fracaso profundo de la imaginación política. Reduce la gobernanza a una batalla de principios abstractos, en lugar de un proceso de resolución de problemas, compromiso y mejora incremental.

La verdadera sofisticación política exige reconocer la ideología como lo que realmente es: un marco provisional para comprender el mundo, siempre sujeto a revisión, siempre abierto a la crítica. Requiere humildad intelectual, disposición para cuestionar las propias convicciones y un compromiso con soluciones prácticas por encima de la pureza ideológica.

En un mundo cada vez más complejo, necesitamos una cultura política que valore la adaptabilidad, la evidencia empírica y la genuina preocupación por el bienestar colectivo. El futuro no pertenece a quienes se aferran más rígidamente a sus posiciones ideológicas, sino a quienes son capaces de ver más allá de ellas.

 

 

 

Estamos en medio de un huracán

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

Cada tormenta tiene su intensidad, se comportan como seres humanos, se les puede hacer seguimiento desde el momento que nacen hasta su recorrido donde va a terminar.

La vida política es más misteriosa porque sus protagonistas no tienen amigos ni confían en nadie. Actúan por instinto en su trayectoria y van moviendo sentimientos con habilidad porque tienen la capacidad de hacerlo como el mejor vendedor del mundo. Venden ideas al igual que un predicador que pretende salvar a los feligreses de sus propios demonios.

 

La fuerza que tienen, como los huracanes, es ser carismáticos y de eso se fundan para tomarse por asalto lo que esté de frente. Ya en el poder sus instintos psicopáticos comienzan a saltar como pulgas a picar todo cuanto esté a su alrededor. Cuando era niño las pulgas, los chinches, los piojos y las garrapatas era a lo que más le temíamos. Hacen tanto daño en la naturaleza humana que constantemente los estamos combatiendo. Pero ellos hacen parte de nuestra existencia.

 

Lo que está pasando ahora, es igual que un huracán que se está formando, que sabemos dónde comenzó y donde va a terminar. Pero a su vez desconocemos cuáles van a ser los estragos que esto va a causar cuando llegue la calma. A pesar de que en Colombia no ha habido ninguna calma por más de un siglo.

La guerra de los mil días, la guerra del trapecio amazónico, la violencia que despega en los años 50s y las demás guerras desatadas por falta de visión de los políticos que pusieron a enfrentar los que ellos llaman clases sociales o estratos.

Ha sido un país de líderes inservibles, perniciosos y ladrones de la cosa pública. Nos ha faltado amor propio y dirección de equipo para que el establecimiento no sea una burocracia que se amamanta del erario. El pueblo pone sus representantes para que ellos le ordenen lo que tienen que pagar por tenerlos en el poder.

Lo que unos medio organizan, vienen otros y desbaratan para mantener unas utilidades permanentes y vivir de los impuestos. Y el pueblo ignorante sigue arreando a los mismos políticos a sabiendas que los van a degollar.

Por lo menos sabemos cuándo va a nacer un huracán y le podemos hacer el seguimiento por donde va a pasar y tratar de salvarnos de su furia, pero de los políticos es un albur.

 

 

 

UN PAÍS DE MENTIRITAS
Crónica #1085

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: https://youtu.be/36-CxnOHYi4

 

La mayoría de los colombianos estamos convencidos que contratar con el Estado es una forma rápida de enriquecimiento. Lo repetimos a diario, pero muy pocas veces averiguamos de dónde surge esa idea generalizada.

Como llevo tantos días jodiendo conque Colombia dejó de ser una república democrática y representativa y se volvió la República Contractual, donde todo se hace por contratos y por contratistas, desde las campañas electorales hasta las leyes, un acucioso sabio de esos perendengues, don Gonzalo López Gaviria me ha dado una cátedra completísima sobre la peste llamada contratitis.

De allí he concluido que todo nace con la Ley 80 de 1993, la que ha sido adecuada en los últimos 31 años para que pueda ser usada expeditamente por los gobernantes.

 

La puerta de salida para trampear la ley se da, como siempre en la misma ley. Ella permite que todos los entes estatales pueden diseñar y aprobar sus propios manuales de contratación, saliéndose habilidosamente de la obligatoriedad de contratar bajo el estatuto general de contratación. Y es a través de esos manuales que aparece la figura del Régimen Especial y el capítulo de la contratación directa, que es el más usado porque no obliga a publicar las licitaciones en el Secop y ellas solo se publicitan cuando han sido adjudicadas y contratadas.

 

Por supuesto, como escudos protectores de la moralidad se inventaron los RUP, que se consiguen en Cámaras de Comercio pero que son tan engorrosos sacarlos que automáticamente anulan la posibilidad de obtenerlos para poder competir en las ofertas al Estado.

 

De allí, entonces, vienen los diseños direccionados de los pliegos y los trucos de proponentes únicos o de los simulados para inutilizar la competencia.

 

En otras palabras, mientras más oía la cátedra, más me convencía que Colombia es un país de mentiritas porque la decencia y la honestidad desaparecieron como faros de la administración pública.

El Porce, marzo 29 del 2025

 

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Gerente
Laurie Agront

Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.


Editor

Felipe Castro

 

   

Diagramación
María  Molina

 

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Nadeem Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Rubén Darío Varela Hurtado

 

 
Edgar Cabezas

Gongpa Rabsel Rinpoché

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Teresa Pardo

Agustin Perozo

Otoniel Parra Arias
CONTACTO
Tel. (57) 606-347 7079
Calle 21 #4-21  Pereira, Colombia
Correo
elimparcialdiario@gmail.com

 

 

 

Submit

 

 © El Imparcial Editores S.A.S  |   Contacto 57 606 347 7079

    © 1948-2009 - 2025 - El Imparcial - La idea y concepto de este periódico fue hecho en Online Periodical Format (OPF) que es un Copyright de ZahurK.

    Queda prohibido el uso de este formato e idea (OPF) sin previa autorización escrita de ZahurK