Fundado el 18 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.795-1375

Fecha: Viernes 10-04-2026

 

Somos corruptos por aprobación del establecimiento

 

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

A comienzos del siglo pasado el país se movía bajo un dinamismo que hoy ya no existe. A pesar de haber perdido Panamá por la mala administración del establecimiento la sociedad siguió creciendo económicamente.

El establecimiento es paquidérmico y por esta razón las cosas nunca salen bien. La parte económica se mueve en diferentes parámetros a la gubernamental. El uno produce y el otro consume y se endeuda. No hay la agilidad que se requiere para que la gente dinámica pueda producir sin irse en contravía al sistema y convertirse en un enemigo social. Este es el fenómeno más marcado en la historia del país.

Las leyes comerciales y laborales impiden una mayor inversión, esto hace que la corrupción este en todas partes siendo una cosa normal en el mundo de los negocios. El mayor infractor y generador de desconfianza entre los ciudadanos es el establecimiento porque criminaliza a través de leyes. Todos somos criminales ante el Estado, ¿quién no ha eludido pagar
impuestos o el vendedor haberlo

 

 

 

sobornado diciéndole que si le paga en efectivo y no genera factura le rebaja los impuestos?

 

Esto es lo más corriente en la vida comercial. Todos estamos untados de esta práctica hasta el presidente y toda la plana mayor del establecimiento ha incurrido en este delito. Nadie ha tomado en serio como evitar que esto pase. Si le pregunta a los candidatos a la presidencia, les aseguro que ninguno tiene la respuesta.

La dinámica comercial del país se mantiene interna y la corrupción en los estrados gubernamentales. El pueblo hace lo que hacen los de arriba. Los de abajo, los de estrato cero y uno sobreviven, pagan impuestos por todo lo que consumen y no están enterados.

Las calles están más llenas de gente que las de New York, todos los de abajo sobreviven en el rebusque otros invirtiendo en negocios que solo ellos saben cómo funcionan. La empresa formal hace maravillas para vivir pero logra ganar dividendos porque todo es un entramado que hay que estar dentro de él para poder jugar en las grandes ligas.

Quien salga de presidente, no tiene las herramientas para hacer el cambio que se necesita. Podrá hacer que gobierne, pero en los primeros cien días todos lo que lo apoyaron, exceptuando lo que estén empleados en el sistema se lanzaran a gritar que el gobierno de turno no está haciendo nada para que la nación salga adelante.

 

 

 

LA CADERONA

 

Crónica #1329


Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: https://www.spreaker.com/episode/la-caderona-cronica-1329-de-gardeazabal--71207652

 

No se desde que edad he escuchado “La Caderona", el ritmo del Pacífico, pero cada que lo oigo la relaciono inmediatamente en el recuerdo del niño impresionado por el voluminoso trasero que tenían mi abuela María y su hermana Rosita.

El paso de los años y mi estrecha relación con la mano de obra y la cocina de los negros en un Tuluá, que se adelantó a la mezcla afro que subsumiría años después a Cali, me puso también a menudo frente a mujeres negras de crecidísimo nalgatorio.

Todavía me parece ver moverse como culo de elefante el rabo inmenso de Pioquinta, mi queridísima negra que cocinaba un sancocho de pescado que ni preparado por los ángeles.

Todavía no se valorar si cuando iba a casa de la hermana de mi abuela me llenaba de satisfacción visual contemplar asombrado ese gigantesco trasero o si lo que sentía al verla de perfil era un espanto igual al que me causaban algunas de las películas de Drácula que nos pasaba en su mamotrético proyector Kodak de 16 milímetros que solo ella y sus hijos tenían en Tuluá.

Ganas infantiles de preguntarle por qué lo tenía tan grande nunca me faltaron, pero como ella combinaba su queridura con una distancia respetuosa que imponía a quien le dirigiera la palabra, tuve que esperar que la confianza con mi abuela María creciera con la complicidad que terminé brindándole para llevarla a ver salir las novias de los matrimonios prominentes y ayudarle a echar el arroz que mi padre le regalaba.

En esas circunstancias le pregunté un día por la cadera excesiva de la tia Rosita y con la alegría pícara que la desbordaba me dijo que tanto el de ella como el de su hermana les servían como mesitas para tomar café.

Así eran de grandes sus sentaderos. En todas esas caderonas he estado pensando por estos días viendo la bellísima cara de Paloma Valencia y atisbando con mirada de niño travieso su perfil de cuerpo entero.

El Porce, abril 09 del 2026.

 

 

 

EDITORIAL

 

 

El Veneno Silencioso en el Corazón del Eje Cafetero

 

En las pintorescas postales de Colombia, los municipios del Eje Cafetero suelen aparecer como remansos de paz, envueltos en el aroma de los cafetales y la amabilidad de su gente. Sin embargo, tras esa fachada de tranquilidad, localidades como Chinchiná, Dosquebradas y Calarcá libran hoy una batalla invisible pero devastadora. El microtráfico, ese veneno silencioso que se infiltra en las esquinas de los barrios populares y los parques principales, ha dejado de ser un problema marginal para convertirse en la mayor amenaza contra el tejido social de nuestra región.

No estamos hablando simplemente de una cifra más en los boletines de policía; hablamos de una transformación agresiva de la vida cotidiana. El consumo interno y el control territorial por parte de redes locales de delincuencia están robando la paz a las familias y, lo que es más grave, están reclutando la esperanza de nuestros jóvenes. Mientras el país centra su atención en los grandes cargamentos que salen hacia los puertos, estos municipios intermedios sufren el impacto directo de un mercado minorista que se alimenta de la vulnerabilidad y la falta de oportunidades.

La respuesta de las autoridades, aunque constante en capturas y operativos de control, parece atacar solo las ramas de un árbol cuyas raíces son profundas y complejas. No basta con derribar una "olla" si las condiciones de exclusión social que la permitieron siguen intactas. El editorial de hoy en El Imparcial invita a una reflexión profunda: la seguridad no puede ser solo una cuestión de fuerza pública. Necesitamos una intervención integral que combine la inteligencia policial con la inversión social agresiva.

Es imperativo que los gobiernos locales y departamentales entiendan que Chinchiná o Calarcá no son solo puntos de paso. Son núcleos de vida que requieren centros de rehabilitación reales, espacios culturales que compitan con la oferta delictiva y una red de empleo que ofrezca una salida digna a quienes hoy ven en el expendio su única opción. El microtráfico se nutre del abandono, y solo la presencia activa del Estado y la solidaridad comunitaria podrán recuperar los espacios que hoy le pertenecen al miedo. El futuro de nuestra juventud en el Eje Cafetero no puede ser la resignación frente al consumo; es hora de actuar con decisión antes de que el aroma a café sea desplazado por el humo de la tragedia.

 

   

The Silent Poison in the Heart of the Coffee Axis

 

In the picturesque postcards of Colombia, the municipalities of the Coffee Axis usually appear as havens of peace, wrapped in the aroma of coffee plantations and the kindness of their people. However, behind that facade of tranquility, towns like Chinchiná, Dosquebradas, and Calarcá are today fighting an invisible but devastating battle. Micro-trafficking, that silent poison that infiltrates the corners of popular neighborhoods and main parks, has ceased to be a marginal problem to become the greatest threat against the social fabric of our region.

We are not simply talking about another figure in police bulletins; we are talking about an aggressive transformation of daily life. Internal consumption and territorial control by local crime networks are stealing peace from families and, more seriously, are recruiting the hope of our young people. While the country focuses its attention on the large shipments leaving for the ports, these intermediate municipalities suffer the direct impact of a retail market that feeds on vulnerability and lack of opportunities.

 

The response from the authorities, although constant in arrests and control operations, seems to attack only the branches of a tree whose roots are deep and complex. It is not enough to tear down a drug den if the conditions of social exclusion that allowed it remain intact. Today's editorial in El Imparcial invites a deep reflection: security cannot only be a matter of public force. We need a comprehensive intervention that combines police intelligence with aggressive social investment. It is essential to recognize that this is a systemic crisis.

 

It is imperative that local and departmental governments understand that Chinchiná or Calarcá are not just transit points. They are hubs of life that require real rehabilitation centers, cultural spaces that compete with the criminal offer, and an employment network that offers a dignified way out to those who today see drug distribution as their only option. Micro-trafficking thrives on neglect, and only the active presence of the State and community solidarity can recover the spaces that today belong to fear. We must demand more than just tactical reports; we need a vision that protects the human dignity of our citizens.

 

 

Pulisher
Zahur Klemath Zapata

Director

Gongpa Rabsel Rinpoché
Gerente
Laurie Agront
Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.

Editor

Janier Ándres Aristizábal Calle

Jefe de Redacción

Brahian Stiven Castaño Navales

 

 

 

Diagramación

Rhonal Torres

Consejeros

Luis Enrique Arango Jiménez

Cecilia Caicedo Jurado

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Edgar Cabezas

 

 

 

Gustavo Pérez González

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Agustin Perozo

Otoniel Parra Arias
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