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 El Imparcial                                                                                                                                                                    Edición Nº 12.454-34 Fecha: 09-28-2015

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EL ACUERDO HISTÓRICO DE JUSTICIA CON LAS FARC SE CONCRETÓ EN APENAS UN MES

 

La arquitectura jurídica de la resolución se basa en reducir penas a cambio de que los autores reconozcan los hechos

 

Timochenko, junto a Ivan Márquez y Pastor Alape

 

Por Javier Lafuente

BOGOTÁ - 27 SEP 2015:- A caballo entre La Habana y Bogotá, durante no más de 13 reuniones, y en apenas un mes, seis abogados concretaron el histórico acuerdo de justicia entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC, un punto de inflexión que se antoja definitivo para poner punto final al conflicto armado en Colombia.

En plena escalada de ataques de la guerrilla, con la popularidad por los suelos y cada vez mayor desconfianza hacia el proceso, el presidente, Juan Manuel Santos, se vio obligado a dar un ultimátum a principios de julio. Así, el día 12, el Gobierno y las FARC acordaron el comunicado número 55: Agilizar en La Habana, desescalar en Colombia. Las conversaciones debían cobrar otro ritmo, en especial el capítulo de justicia, en el que menos se había avanzado. Pese a que desde que se sentaron las bases del proceso, en octubre de 2012, las partes sabían que sería el más complicado, en la práctica, la negociación se fue demorando.

El Gobierno y las FARC acordaron la creación de una comisión jurídica encargada de elaborar cuanto antes un borrador que luego refrendarían los jefes negociadores, o en este caso, los máximos representantes, el presidente Santos y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko.

El Gobierno eligió a los abogados Manuel José Cepeda, Juan Carlos Henao y Douglass Cassel, mientras que las FARC optaron por el asesoramiento de Álvaro Leyva, Diego Martínez y el español Enrique Santiago, quien ya venía trabajando con ellos desde hacía un año, recomendado por la exsenadora Piedad Córdoba, con quien colaboraba a través de la organización Colombianos por la Paz. Varias fuentes que han seguido muy de cerca el trabajo de los juristas, consideran a Santiago, artífice en su día de la querella contra el dictador chileno Augusto Pinochet, el arquitecto del grueso del acuerdo de justicia.

Pocos días después de que se celebrase la primera reunión de la comisión jurídica, a finales de julio, la revista Semana publicaba una entrevista con Santiago en la que el abogado español desgranaba las claves de lo que, a la postre, ha sido el acuerdo final: todos los actores del conflicto serán juzgados, habrá una amnistía lo más amplia posible y los miembros de las FARC, como el resto de acusados, no irán a la cárcel siempre y cuando aporten verdad y se comprometan a reparar el daño causado durante más de 50 años.

Desde aquella cita de julio, los abogados no se volvieron a reunir hasta el 19 de agosto. Ahí comenzó un mes frenético de encuentros entre La Habana y Bogotá, entre los salones de protocolo facilitados por el Gobierno cubano y un domicilio privado de la capital colombiana. Reuniones, según confirman varias fuentes conocedoras de las mismas, que se prolongaban durante 10 horas, siempre en un buen ambiente pese a que hubo momentos serios, como cuando se trató el asunto de las sanciones, las extradiciones o la amnistía. La última jornada fue la más maratónica. Comenzó el jueves 17 en torno a las 9 de la mañana y terminó pasadas las 5 del viernes. Para entonces estaba listo un documento de 25 páginas, estructurado en cuatro bloques en los que se diseccionan más de 70 puntos: un acuerdo para la historia.

 

COLOMBIA AFRONTA EL RETO DE EXPLICAR LOS BENEFICIOS DEL PACTO CON LAS FARC

 

El Gobierno deberá ahora hacer comprender a los colombianos que el acuerdo de justicia alcanzado con las FARC era necesario

 

Por Javier Lafuente

BOGOTÁ - 27 SEP 2015:- El apretón de manos de Juan Manuel Santos con Timochenko, jaleado por el cubano Raúl Castro, es una foto tan histórica como complicada de entender para millones de colombianos. No todos aceptan ver al presidente estrechando la mano del líder de las FARC, después de sellar un acuerdo que garantiza que no habrá cárcel para quien reconozca delitos. Tratar de explicar que ese saludo es el principio del fin de un conflicto armado de más de 50 años se ha convertido en el gran reto, por encima de los puntos que quedan para el acuerdo final con la guerrilla, garantizado salvo que ocurra un terrible imprevisto. 

La última vez que los colombianos vieron a un presidente junto al máximo líder de las FARC fue el 8 y 9 de febrero de 2001. Andrés Pastrana y Manuel Marulanda se reunían para avanzar en los diálogos del Caguán, el último proceso de paz previo al que se desarrolla desde hace casi tres años en La Habana. Aquel intento fallido trajo años de guerra en la que el Estado, bajo la presidencia de Álvaro Uribe, con Santos como ministro de Defensa, resquebrajó la estructura de la guerrilla. 

Desde que iniciaron las conversaciones con las FARC en Cuba, el Gobierno colombiano no ha conseguido hacer calar un mensaje esperanzador en la sociedad. El pesimismo, arropado por la crítica furibunda del uribimismo, cuyo líder, el expresidente y senador Uribe goza, al menos hasta el miércoles, de una popularidad superior a la de Santos, impera a igual o mayor que escala que el optimismo. “Llevamos medio siglo envueltos en la pedagogía de la guerra, es muy complicado cambiar a la opinión pública”, asume una persona muy cercana al presidente colombiano. 

La última encuesta de Gallup, previa al desescalamiento del conflicto anunciado a finales de julio, arrojaba un dato significativo: los partidarios de una solución militar eran los mismos que los de una solución pacífica. Como escribió recientemente el periodista Álvaro Sierra, “mantener la negociación de La Habana en una burbuja, como si los avatares de la guerra en Colombia no contaran, fue útil pero se volvió insostenible”. La gente, salvo en las regiones, se alejó del conflicto y se cansó de esperar a la paz. 

El anuncio del miércoles supone un punto de inflexión en la consecución del proceso con las FARC. El acuerdo más complicado, el que afecta de forma directa al futuro de los actores del conflicto, ya se ha solventado. Solo un acontecimiento terrible e inesperado parece poder echar abajo las negociaciones. Que el presidente y Timochenko no esperasen para darse la mano hasta el acuerdo final y concretasen una fecha límite para sellarlo —23 de marzo de 2016— pone un punto y aparte. “En estos meses se

 

Santos y Timochenko se dan la mano ante Raúl Castro, en La Habana.

 

 puede lograrlo que no se ha conseguido en tres años” o “se inicia una oportunidad para corregir los errores y crear un clima favorable a la paz” son algunas de las frases que deslizan desde el miércoles miembros de la delegación y asesores del presidente.

Todos confían también en que la guerrilla cambie su discurso y trate de acercarse a una población entre la que tienen un ínfimo apoyo. Hasta que llegue la firma final, las FARC tendrán además que concienciar a sus bases de que lo logrado merece la pena, algo que no deja de preocupar al Gobierno.

El apoyo ciudadano será esencial para refrendar lo acordado en La Habana, tal y como ha prometido Santos. El Gobierno ha puesto en marcha la maquinaria para hacer ver los beneficios de la paz. Desde febrero, un equipo de 12 personas, dependiente directamente de Presidencia y liderado por la periodista María Alejandra Villamazir, ha trabajado en silencio en la elaboración de una estrategia a desarrollar en el momento oportuno, es decir, ahora. Desde la Casa de Nariño aseguran que no solo los miembros del Gobierno se harán más visibles, también participarán, en lo que han querido llamar “la conversación más grande del mundo”, intelectuales y artistas. No es baladí, por ejemplo, que horas después anunciarse el acuerdo en La Habana, Juanes y Fonseca, dos de los artistas más reconocidos en Colombia, con 10 y 3 millones de seguidores en Twitter, celebraran el pacto.

El Gobierno y las FARC dosificarán los pocos anuncios que les quedan por hacer, el más importante de ellos, el del cese bilateral del fuego, a la postre el fin de una guerra que ha dejado más de 220.000 muertos y casi ocho millones de víctimas. También queda por concretar el inicio de las negociaciones con la guerrilla del ELN. Sin ello, la paz no estará completa.

 

La Corte Penal Internacional analizará el acuerdo

 

La fiscal general de la Corte Penal Internacional (CPI), Fatou Bensouda, ha asegurado que revisará en detalle el acuerdo alcanzado entre el Gobierno y las FARC. “Noto con optimismo que el acuerdo excluye la concesión de amnistías por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, y que está diseñado, entre otras cosas, para poner fin a la impunidad por los crímenes más graves”, aseguró.

Por su parte, organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch criticaron los términos del acuerdo anunciado el miércoles en La Habana: “Permitirá que los máximos responsables de los peores abusos puedan eximirse de pasar siquiera un solo día en prisión”, lamentó su director para América, José Manuel Vivanco.

UKUMARÍ ABRE SUS PUERTAS ESTE MIÉRCOLES 30 DE SEPTIEMBRE


A las 11 a. m. de este miércoles 30 de septiembre, el alcalde de Pereira, Enrique Vásquez venderá el primer pasaporte de acceso a Ukumarí. Queremos que hagas parte de este histórico momento y, por lo tanto, hemos habilitado el respectivo transporte para los periodistas y medios de comunicación hacia y desde el Bioparque Ukumarí.
El vehículo se encontrará situado en la Plaza Cívica Ciudad Victoria (Calle 17 con carrera 10, frente a Telecafé) y estará allí a partir de las 9:45 a. m. debidamente identificada con la marca de Ukumarí.
A las 10:15 a. m. en punto partirá hacia el Bioparque. Una vez en Ukumarí, luego de la venta del primer pasaporte y después del registro de los testimonios del Alcalde y del gerente de InfiPereira, Javier Monsalve Castro, el transporte regresará a los comunicadores sociales hacia Pereira.

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