CHARLAS
CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel
Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica
La
Vacuidad
La vacuidad es un
concepto fundamental en el Budismo, y particularmente en la rama del
Budismo Sammasati. La vacuidad es un concepto difícil de entender,
pero es esencial para la práctica del Budismo. En su
nivel más básico,
la vacuidad se refiere a la ausencia de un "yo" permanente e
independiente. Según el Budismo, todo lo que percibimos es
impermanente y en constante cambio, por lo que no hay una entidad
permanente o un "yo" separado que exista en realidad. En su lugar,
somos una colección de procesos y fenómenos interdependientes que se
relacionan entre sí.
La vacuidad es
importante porque nos ayuda a liberarnos de las emociones negativas,
como el apego y el egoísmo, que son la causa del sufrimiento humano.
Al comprender que no hay un "yo" separado, podemos dejar de
identificarnos con nuestros pensamientos, emociones y deseos. Esto
nos permite ver el mundo con más claridad y vivir nuestras vidas con
una mente más abierta y libre de prejuicios.
La práctica de la atención plena es un medio para comprender la
vacuidad. Al prestar atención plena a nuestros pensamientos,
emociones y sensaciones físicas, podemos ver cómo todo está en
constante cambio y cómo no hay nada permanente. Al hacerlo, podemos
dejar de identificarnos con estas experiencias y liberarnos del
sufrimiento que se deriva de aferrarnos a ellas.
Pero la vacuidad no significa que no exista nada en absoluto. En
cambio, se refiere a la idea de que todo es interdependiente y
condicionado. Todo lo que percibimos es el resultado de una serie de
causas y condiciones. Por lo tanto, cualquier cosa que percibimos no
tiene una existencia inherente e independiente en sí misma.
En el Budismo, la
vacuidad se enseña en relación con la ley de causa y efecto, o
karma. Según esta ley, todas nuestras acciones tienen consecuencias.
Al comprender que todo es interdependiente y condicionado, podemos
ver cómo nuestras acciones influyen en el mundo que nos rodea y cómo
nuestras acciones también están influenciadas por el mundo que nos
rodea. Al tomar conciencia de esto, podemos tomar decisiones más
informadas y vivir nuestras vidas de una manera más consciente y
compasiva.
En resumen, la
vacuidad es un concepto central en el Budismo Sammasati, que se
refiere a la ausencia de un "yo" permanente e independiente. Al
comprender que todo es interdependiente y condicionado, podemos
liberarnos del sufrimiento y tomar decisiones más informadas en
nuestras vidas. La práctica de la atención plena es un medio para
comprender la vacuidad y vivir nuestras vidas con una mente más
abierta y libre de prejuicios.
Espero que este artículo haya sido de utilidad para ti. Si tienes
alguna duda o comentario, no dudes en ponerte en contacto conmigo al
correo electrónico gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp 314 623 83
08.
Que otros
nos enseñen

Por: Agustín
Perozo Barinas
«El mismo que
sonríe en la foto no busca tu opinión, solo tu voto». Lírico
Iniciemos con dos frases conocidas:
1- La política es el arte de lo posible
2- En política se hace lo que conviene
Los que desconocemos a fondo la tarea de los estrategas políticos
podríamos escandalizarnos con ambos enunciados.
En la República Dominicana se establece que un 40% del electorado no
es partidario ('partidario' es el que sigue a un partido, también a
una idea, persona o movimiento) y que el voto duro (o sea,
'partidista': aquel que antepone los intereses de su partido a los
generales), de un partido puntero, no excede un 15% del electorado.
Nada nuevo.
En los escenarios
políticos, que pueden modificarse, estos estrategas construyen
figuras políticas en respuesta a los perfiles que la gente demanda
en un ciclo dado. Incluso, con metodologías y técnicas del oficio,
pueden revertir la tasa de rechazo de un candidato la cual no debe
superar un 26%.
Impresiona el número de ciudadanos
aptos para votar que aborrecen la política, por decirlo suave. Sin
embargo, en picos inflacionarios que disparan los precios de casi
todo, lo primero que viene a la mente para señalar y culpar es, ¡oh,
sorpresa!: a los políticos.
Y surge entonces la pregunta, ¿por qué votamos por políticos
cuestionados, algunos reciclados? Decidimos consultar a varios
autores quienes han versado sobre el tema:
Iniciamos con Martin Krause, quien nos ilustrará desde La Escuela de
la Elección Pública, en un análisis económico de la política:
"Ningún votante define el resultado de una elección; el incentivo es
entonces muy débil como para estar informado.
Es decir, mi voto es uno entre
millones. Vote
|
|
o no vote el resultado será el mismo.
Se le llama a esto «apatía racional».
Señalando que por
esa misma razón, los votantes tampoco gastan mucho de su tiempo en
conocer y comprender las principales teorías de las ciencias
sociales y terminan adoptando todo tipo de juicios irracionales para
explicar la realidad social. El votante disfruta del procedimiento,
pero no necesariamente presta atención del contenido, es decir que
toma una decisión en base a un proceso que le hace sentir bien, pero
no porque ha hecho un esfuerzo racional para elegir las políticas
correctas".
Para Bryan Caplan, en «El mito del votante racional», este fenómeno
explica también porqué la discusión política no apela a la razón
sino a los sentimientos, con eslóganes simples que conmuevan pero no
necesariamente que hagan pensar.
Y continúa Krausse:
"Si es cierto que mi voto no decide una elección, que es uno entre
millones y por lo tanto habrá un resultado al margen de mi propio
voto, ¿porqué la gente se molesta en ir a votar? Académicos de esta
Escuela han tratado de resolver la paradoja introduciendo otros
factores en las "funciones de utilidad" de la gente. Es decir, han
modificado la parte del “beneficio” en el supuesto cálculo de
beneficios y costos que realiza todo individuo cuando actúa". Quien
ha sido beneficiado por un partido que ha gobernado, o el que espera
beneficiarse si tal o cual partido llega al poder, tiene razones
crematísticas para votar a su favor.
Por su parte, Anthony Downs, en «Una teoría económica de la
democracia», sugería la existencia de un “sentido de responsabilidad
individual” respecto al funcionamiento del sistema político. La
gente votaría porque han sido educados en que su participación como
votante es una condición necesaria para el buen funcionamiento de la
democracia; que una alta participación es un fin en sí mismo. Al
hacerlo, participan voluntariamente en la provisión de un “bien
público” del cual no participarían si fueran estrictamente ‘homo
economicus’".
Geoffrey Brennan & Loren Lomasky, en «Democracia y decisión: La
teoría pura de la preferencia electoral», plantearon que esa
conducta era, en verdad, racional. Participar en una elección como
votante es una forma “barata” de mostrar compromiso social. Es más,
esto explicaría porqué ciertos votantes hasta votan contra lo que
parecerían ser sus propios intereses.
Concluyendo con el economista James Buchanan, en «Elección
individual al votar y el mercado», planteaba la posibilidad de que
la elección de votar diera a las personas un mayor sentido de
participación en la toma de decisiones sociales. La moderna economía
de la conducta confirma esto, como una demanda por un sentimiento de
participación y ser respetado.
Estos son algunos de los razonamientos, entre otros más. Los
políticos avezados que ya han ejercido posiciones de poder público
conocen estos estudios y en su lógica aplican la máxima de que: "El
poder no se cede", o sea, el espacio político conquistado. De ahí,
en parte, el bloqueo impuesto por los líderes al ascenso de
competidores dentro de los partidos y en consecuencia, el reciclaje
resultante de políticos que ya alcanzaron altas posiciones en el
Estado.
La República Dominicana es una gran recicladora de políticos donde,
incluso, se traspasa esta dinámica de generación en generación. Hay
familias políticas cuyo afán no es necesariamente servir al país
sino servirse de este, aunque se argumente lo contrario. Y el mejor
ejercicio para aclarar la disputa es simple: ¿con qué patrimonio se
llegó a la posición y con cuál se salió de la misma? También, tiempo
servido y monto de la pensión. Y, como corolario, cantidad de viajes
realizados al exterior con fondos públicos durante el ejercicio en
funciones. Un buen auditor tendría aun más inquietudes...
Como vemos, mientras prevalezca el 'síndrome del votante borrego' el
circo continuará. Pero quizá haya esperanza con el acceso a más
información entre la gente, como nos sugiere Ani Petrosyan en
Statista: "La población digital mundial en enero de 2023 era de
5,160 millones de usuarios de la Internet, lo que representa el
64.4% de la población mundial. De este total, 4,760 millones, o el
59.4% de la población mundial, eran usuarios de las redes sociales".
De acuerdo con el alto funcionario del Pentágono, Craig Martell,
director de Inteligencia Digital y Artificial del Departamento de
Defensa de EE. UU., los
Octave Mirbeau sabía de borregos, aunque usó un término más sutil:
cordero. En la República Dominicana estos sostienen su realidad
social sin rebeldía entre sus mayorías. Y de ahí concluimos con el
mismo Mirbeau: «Los corderos van al matadero. No se dicen nada ni
esperan nada. Pero al menos no votan por el matarife que los
sacrificará ni por el burgués que se los comerá. Más bestia que las
bestias, más cordero que los corderos, el elector designa a su
matarife y elige a su burgués. Ha hecho revoluciones para conquistar
ese derecho».
Autor del libro socioeconómico La Tríada II en Librería Cuesta.
modelos de lenguaje de IA generativa, como ChatGPT,
plantean un "problema fascinante", ya que no entienden el contexto,
pero hablan con autoridad, por lo que las personas toman sus
palabras como un hecho. "Aquí está mi mayor temor sobre ChatGPT: ha
sido entrenado para expresarse con fluidez. Habla con fluidez y
autoridad. Así que te lo crees incluso cuando está mal", explicó
Martell. "Y eso significa que es una herramienta perfecta para la
desinformación", ha resumido, advirtiendo que actualmente el
Pentágono carece de herramientas para poder detectar cuando "eso
está sucediendo".
Con el auge de la inteligencia artificial la gente podría tener una
herramienta adicional a los buscadores digitales para ampliar sus
conocimientos e independencia de criterio, desarrollar el
pensamiento crítico, luchar contra el autoengaño y dejar de ser
tontos útiles. Recordemos que la prensa no siempre es independiente.
Esto no perturba a la vieja.
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escuela política dominante y el
enlace siguiente del venezolano Rafael Gallegos Castro explica las
razones:
http://petroleumag.com/blog-581-brutalidad-artificial/ Su
coterráno Roberto Hernández Montoya lo simplifica: "Hay una ecología
de la imbecilidad. Solemos identificar inteligencia con
racionalidad, lo que no siempre conviene. La brutalidad se
construye. Con método, como el fracaso. Se ha descubierto por otro
lado que la inteligencia artificial es más artificial que
inteligente. Peor: es desarrollada por grandes corporaciones. Pero
es una antinomia porque la inteligencia artificial es generada por
la natural". Un anciano agricultor, letrado, sabio y afable, nos
comentó: "Cuando la inteligencia natural o artificial me produzcan
una uva sin la vid, solo entonces quedaré en extremo impresionado".
Como espectadores, cuya capacidad de asombro sigue a prueba,
exponemos con el soporte de los citados. ¿Qué relación guarda la
inteligencia artificial con un votante? Algo similar al surgimiento
de la Internet, sus buscadores y las redes sociales: son
herramientas con potencial para educar o para desinformar, según su
uso. El predominio de una sobre la otra definirá el progreso
integral hacia mejores o peores sociedades.
No discriminemos por raza, sexo, religión o situación social, sino
por el nivel de estupidez. Y a pesar de sus limitaciones
intelectuales y vacíos formativos no subestimemos la determinación
de la gente llana en ciertos episodios en la historia de los pueblos
impulsada por la intuición y el sentido común. Ese vulgo al que
Juvenal dedicó su frase: «Dales pan y circo y nunca se rebelerán».
Las artes de la vida

Por: Edgar Cabezas
El arte de vivir radica en la
oralidad, en lo sorprendente, lo maravilloso y ese milagro de la realidad de la
existencia humana es la oralidad. La oralidad crea la pertenencia al mundo de
seres hablantes y de culturas dialogando con la creación material de la vida
para recreo y comodidad humana. El diálogo cotidiano marca la pauta de la
vigilia y el sueño. La reproducción de la energía que mantiene la vida mediante
materia de uso y desuso ocupa parte del tiempo del hacer hablante.
Con el patrón de la vida establecido por la rotación y translación de la tierra
y las revoluciones de la luna, se trabaja en el día y se duerme en la noche. La
estandarización de la rutina del tiempo de la vida y las reglas que la rigen. La
rigidez del molde, del patrón cultural de lo correcto que es disfrutar el
trabajar despierto con la luz solar del día, y dormir las noches de los cambios
de luna. Pero: ¿qué hacer con los divergentes? Con quienes prefieren dormir
ocultos de la radiación solar y trabajar en la noche iluminada por la luz
artificial. ¿Se les debe pagar horas nocturnas?
El dialogo de lo pertinente para el entendimiento entre las mentes convergentes
en concordia o discordia, el dualismo mata. Podemos ser convergentes en aceptar
que para llegar a la paz hay que ir a la guerra y sin tapujos aceptar el
homicidio o ser convergentes y aceptar que el camino de la paz es pacífico y que
por lo tanto debemos moderar la oralidad que cause la convergencia en la
realización divergente de continuar en el fracaso de la guerra para hacer la
paz.
Las enseñanzas de los maestros de la auto ayuda, las escuelas religiosas,
espirituales y filosóficas ya han divulgado y existe suficiente información para
que la mente perturbadora controle la intensidad del disturbio emocional que
causa el pensamiento, y, bajo cualquier circunstancia, el yo mantenga la calma
aún en la más violenta tempestad. Pero hay una cuestión, un asunto colectivo no
resuelto que es mundano y que hasta el presente la humanidad no sabe resolver.
Los Estados-naciones y la global libertad del mercado, causantes de los
discursos de odio y de la mayoría de guerras.
La oralidad de la sociedad colombiana está plagada de corrupción en la
verbalización de los mandatarios porque entre ellos se acusan de haber cometido
cualquier tipo de delito civil, penal, administrativo, económico, social,
ambiental o de género. Todas las autoridades en Colombia y todas las ciudadanías
en Colombia son corruptas hasta que se diga lo contrario en las voces del
pueblo. Y en eso estamos, depurando la base de datos conceptuales de la
discordia.
Hay que hacer una depuración del énfasis que incita a la oralidad, a estar
parloteando sobre la vida pública corrupta y sus actores de izquierda a derecha,
centro y tibio. Es intrascendente gastar saliva y gaznate en oralidad que clama
proceso de justicia penal, sin las pruebas testimoniales que ameriten cabeza de
proceso judicial penal, sentencia de culpabilidad proferida por juez y
consiguiente pérdida de la investidura de alguna autoridad elegida, designada
por concurso o de libre nombramiento y remoción.
El chisme calumnioso alimentado por la lengua venenosa de la industria
informática de la fabricación de noticias falsas que siembran cizaña para poner
en contra a las personas cercanas al cotidiano, por causa de amor y odio
respecto de la intachable honra o la reprobable deshonra de los políticos,
personajes públicos, a quienes se profesa simpatía o antipatía. Hay que dejarlo
en manos de un juez, para poder decir en caso de inocencia o de culpabilidad:
“yo sabía”. De no ser así ponga la respectiva denuncia y aporte pruebas. Ya
saben, controlen la lengua porque ella es el azote de la nalga.
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