Fundado el 9 julio de 1948

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur K. Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

Pereira, Colombia - Edición:13.109-689

Fecha: Sábado-22-07-2023

 

EDITORIAL

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EDITORIAL

 

¡Qué Dios pague!

 

Colombia es el país de la colaboración. Es evidente que las sociedades que no poseen una colaboración entre sus ciudadanos están destinadas a fallecer, cada uno debe colaborar para hacer de su sociedad un poco mejor. Sin embargo, la colaboración ha sido malentendida desde tiempos de antaño, la idiosincrasia que rodea la colaboración es en esencia el mayor mal de la contemporaneidad.

En un primer momento, se piensa que las colaboraciones se manifiestan como sacrificios o sobre esfuerzos esenciales, es decir, la colaboración no se toma desde la condición social, sino desde una condición moral y al estar en un país sumamente cristiano, la colaboración siempre se denota desde un enfoque cristiano, en donde el agradecimiento, nunca se ve de forma clara; después de todo parece que el famoso “Dios le pague” es suficiente. Aun cuando en la fe se ha vuelto una fuerza biomolecular, que nos hace actuar de diferentes formas sin percibir que se debe a nuestra crianza cristiana, muy dentro, de cada átomo que nos componen, nace con furia el grito ¡ ¿cómo que me pague Dios? ¿Págueme usted?! sin embargo, la conciencia maldita, que nos obliga a callar y no mostrarnos como interesados, nos vuelve seres con resentimientos.

La colaboración debe verse como intercambio efectivo. Es decir, se deberá contestar la colaboración con la misma mano, sin embargo, el sujeto de la actualidad ha decidido olvidar la colaboración, aprovecharse de la misma, y utilizar esta frase como un imperativo moral para los otros, lo que provoca una constante desconfianza, que los sujetos le huyen a las colaboraciones, pues nuestra sociedad parece que ha conseguido a Dios como un fiador.

Uno de estos ejemplos se da en nuestro país con las universidades públicas, las cuales reciben un apoyo para la totalidad de las matrículas y los estudiantes sólo pagan un valor designado, por lo regular por su Sisben. Pero, en muy pocas ocasiones nos encontramos con jóvenes que se planteen retribuir el apoyo que el gobierno les dio, pues, los que no se van del país, se quedan y se enorgullecen de sus títulos, sin pensar, que esos títulos fueron apoyados en su mayoría por los subsidios del gobierno y por consecuencia de los ciudadanos de este mismo, por ende, en modo de agradecimiento ¿no deberían prestar un servicio social gratuito para la sociedad, dirigido desde lo que aprendieron?

Parece que la colaboración se ha vuelto un derecho, pero, nunca un deber, lo cual decanta en un absurdo, todo derecho debería tener un deber, no obstante, esto es sólo una reflexión, después de todo, es Diosito el fiador, dejemos que él nos pague.

 

   

 

Los líderes solo velan por sus propios intereses

 

 

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Se ha tenido un buen concepto de los líderes, ellos como una fuerza defensora de los intereses de la gran mayoría. Esto venía haciendo parte de la historia de la humanidad como los personajes bíblicos y sociales que defendían los intereses de los subyugados.

Todo esto funcionó muy bien en el pasado porque la sociedad no había alcanzado el estatus que hoy tiene en su desarrollo intelectual. El proceso ha sido lento en alcanzar el individuo su propio reconocimiento y su equidad individual. En el pasado era una masa que funcionaba bajo las necesidades de techo y comida, quien ofrecía esto tenía a su merced vasallos que estarían allí confortablemente sin importar el trato que se les diera. Eran simplemente cosas que hacían parte del líder o patrón.

Hoy vivimos una era donde los niveles intelectuales permiten ser independiente y en cierta medida autónomos y vivir bajo la regla que nos imponemos en nuestro propio entorno. El Estado es independiente conformado por otros personajes que ejercen su poder porque la sociedad se los da y ellos se exceden pensando que son los amos de la cosa pública.

Aquí es donde nace la confusión entre el Estado y el individuo. Son dos entidades que conviven en el mismo territorio como una simbiosis de partes que se necesitan para poder administrar el territorio donde se regentan. El uno sin el otro no podría existir, pero la parte que ejerce la administración se aprovecha en este caso de la ignorancia de quienes los contratan y los avasallan como mascotas de trabajo.

Un líder hoy es un elemento peligroso por el empoderamiento que él se toma y ejerce frente a quienes lo han elegido. A su alrededor crea un ejército protector que obliga a todos los estamentos civiles y estatales a que funciones según su criterio y su psicopatía.

El temor al enfrentamiento y la incapacidad de poder defenderse y a la falta de poseer herramientas que puedan combatir al agresor, en este caso el líder, prefieren huir y perderlo todo antes que la vida. Hay un doble juego en que se amparan estos personajes, la constitución. Normalmente ella está elaborada como un tratado de derecho donde no permite que el pueblo y sus legisladores puedan cambiar las leyes que van en contravía al beneficio de la sociedad. Ella se ve acorralada e indefensa frente a los criminales y la corrupción que el mismo Estado ha creado bajo leyes represivas.

El líder o cabecilla siempre vela por sus intereses personales y sus secuaces, sus negociaciones van enfocadas a sumar apoyo de donde venga, con tal de poder asumir el poder y luego repartir el botín, este es el principio de la democracia. Y como tal se ha visto porque no ha habido filósofos que esclarezcan estos puntos.

Una minoría social y que trabaja organizadamente está entendiendo que los líderes son los que se quedan con la productividad de todos o destruyen lo que ya está elaborado y que la gente viene disfrutando.

 

 

 

Crónica de Gardeazábal # 690

NOS ATROPELLA EL FUTURO


Gustavo Alvarez Gardeazábal

Audio:

https://www.spreaker.com/episode/56175875

Por estos días que está haciendo tanto calor, cuando los cielos son azules y sin nubes hasta en los valles interandinos que nos recorren de sur a norte. En un tiempo de verano como el que soportamos, en parte alguna se oye,se ve o se lee sobre el nivel de las represas que mueven las hidroeléctricas en su gran mayoría, así sea para asustarnos con el racionamiento. Probablemente porque la tónica del gobierno leninista es el de ocultarnos la dura realidad, preferimos hablar del cambio climático, de la conversión energética y hasta del deshielo de Groenlandia, antes que del caudal cada vez más mermado de nuestros rios y, mucho menos, de la cantidad de gas que tenemos para mover las termoeléctricas que alcanzaron a instalarse antes de que se prohibiera la exploración y explotación del gas.

La posibilidad de importar el gas de Venezuela a través del gasoducto de la Guajira, que poco o nada se usó para ese menester, es tan igual a la de importar energía eléctrica del Ecuador cuando ella comience a faltar, como lo acaba de advertir el regulador XM. Pero eso nos pasa porque después del chasco de Hidroituango, nadie volvió a hablar de nuevas hidroeléctricas y como abrir explotaciones de gas para montar termos en boca de pozo, se tornó en imposible por la decisión redentora de Petro de darle ejemplo al mundo de cómo vivir sin gastar combustibles fósiles ,las opciones de nuevas fuentes de energía eléctrica se desperdician en un país en donde el agua de los cielos se podría guardar para volverla fuente de energía y vida. Y ,en donde obviamente, el subsuelo podría horadarse para redimirnos.

Nadie volvió a hablar de las hidroeléctricas de Garrapatas o del Atrato.Nadie volvió a proponer que se montara la termo eléctrica en Ciénaga de Oro, para que al pie de los pozos gasíferos se volviera más rentable producir energía. Nadie quiere afrontar el futuro, ni siquiera ahora que es tan fácil con la Inteligencia Artificial.

El Porce,julio 22 del 2023

 

 

 

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