EDITORIAL
¡Qué Dios pague!
Colombia es el país de la
colaboración. Es evidente que las sociedades que no poseen una
colaboración entre sus ciudadanos están destinadas a fallecer, cada
uno debe colaborar para hacer de su sociedad un poco mejor. Sin
embargo, la colaboración ha sido malentendida desde tiempos de
antaño, la idiosincrasia que rodea la colaboración es en esencia el
mayor mal de la contemporaneidad.
En un primer momento, se piensa que las colaboraciones se
manifiestan como sacrificios o sobre esfuerzos esenciales, es decir,
la colaboración no se toma desde la condición social, sino desde una
condición moral y al estar en un país sumamente cristiano, la
colaboración siempre se denota desde un enfoque cristiano, en donde
el agradecimiento, nunca se ve de forma clara; después de todo
parece que el famoso “Dios le pague” es suficiente. Aun cuando en la
fe se ha vuelto una fuerza biomolecular, que nos hace actuar de
diferentes formas sin percibir que se debe a nuestra crianza
cristiana, muy dentro, de cada átomo que nos componen, nace con
furia el grito ¡ ¿cómo que me pague Dios? ¿Págueme usted?! sin
embargo, la conciencia maldita, que nos obliga a callar y no
mostrarnos como interesados, nos vuelve seres con resentimientos.
La colaboración debe verse como intercambio efectivo. Es decir, se
deberá contestar la colaboración con la misma mano, sin embargo, el
sujeto de la actualidad ha decidido olvidar la colaboración,
aprovecharse de la misma, y utilizar esta frase como un imperativo
moral para los otros, lo que provoca una constante desconfianza, que
los sujetos le huyen a las colaboraciones, pues nuestra sociedad
parece que ha conseguido a Dios como un fiador.
Uno de estos ejemplos se da en nuestro país con las universidades
públicas, las cuales reciben un apoyo para la totalidad de las
matrículas y los estudiantes sólo pagan un valor designado, por lo
regular por su Sisben. Pero, en muy pocas ocasiones nos encontramos
con jóvenes que se planteen retribuir el apoyo que el gobierno les
dio, pues, los que no se van del país, se quedan y se enorgullecen
de sus títulos, sin pensar, que esos títulos fueron apoyados en su
mayoría por los subsidios del gobierno y por consecuencia de los
ciudadanos de este mismo, por ende, en modo de agradecimiento ¿no
deberían prestar un servicio social gratuito para la sociedad,
dirigido desde lo que aprendieron?
Parece que la colaboración se ha vuelto un derecho, pero, nunca un
deber, lo cual decanta en un absurdo, todo derecho debería tener un
deber, no obstante, esto es sólo una reflexión, después de todo, es
Diosito el fiador, dejemos que él nos pague.
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Los
líderes solo velan por sus propios intereses

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Se ha tenido un
buen concepto de los líderes, ellos como una fuerza defensora de los
intereses de la gran mayoría. Esto venía haciendo parte de la
historia de la humanidad como los personajes bíblicos y sociales que
defendían los intereses de los subyugados.
Todo esto funcionó muy bien en el pasado porque la sociedad no había
alcanzado el estatus que hoy tiene en su desarrollo intelectual. El
proceso ha sido lento en alcanzar el individuo su propio
reconocimiento y su equidad individual. En el pasado era una masa
que funcionaba bajo las necesidades de techo y comida, quien ofrecía
esto tenía a su merced vasallos que estarían allí confortablemente
sin importar el trato que se les diera. Eran simplemente cosas que
hacían parte del líder o patrón.
Hoy vivimos una era donde los niveles intelectuales permiten ser
independiente y en cierta medida autónomos y vivir bajo la regla que
nos imponemos en nuestro propio entorno. El Estado es independiente
conformado por otros personajes que ejercen su poder porque la
sociedad se los da y ellos se exceden pensando que son los amos de
la cosa pública.
Aquí es donde nace la confusión entre el Estado y el individuo. Son
dos entidades que conviven en el mismo territorio como una simbiosis
de partes que se necesitan para poder administrar el territorio
donde se regentan. El uno sin el otro no podría existir, pero la
parte que ejerce la administración se aprovecha en este caso de la
ignorancia de quienes los contratan y los avasallan como mascotas de
trabajo.
Un líder hoy es un elemento peligroso por el empoderamiento que él
se toma y ejerce frente a quienes lo han elegido. A su alrededor
crea un ejército protector que obliga a todos los estamentos civiles
y estatales a que funciones según su criterio y su psicopatía.
El temor al enfrentamiento y la incapacidad de poder defenderse y a
la falta de poseer herramientas que puedan combatir al agresor, en
este caso el líder, prefieren huir y perderlo todo antes que la
vida. Hay un doble juego en que se amparan estos personajes, la
constitución. Normalmente ella está elaborada como un tratado de
derecho donde no permite que el pueblo y sus legisladores puedan
cambiar las leyes que van en contravía al beneficio de la sociedad.
Ella se ve acorralada e indefensa frente a los criminales y la
corrupción que el mismo Estado ha creado bajo leyes represivas.
El líder o cabecilla siempre vela por sus intereses personales y sus
secuaces, sus negociaciones van enfocadas a sumar apoyo de donde
venga, con tal de poder asumir el poder y luego repartir el botín,
este es el principio de la democracia. Y como tal se ha visto porque
no ha habido filósofos que esclarezcan estos puntos.
Una minoría social y que trabaja organizadamente está entendiendo
que los líderes son los que se quedan con la productividad de todos
o destruyen lo que ya está elaborado y que la gente viene
disfrutando.
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Crónica de Gardeazábal # 690
NOS ATROPELLA EL FUTURO

Gustavo Alvarez Gardeazábal
Audio:https://www.spreaker.com/episode/56175875
Por estos días que está haciendo tanto calor, cuando los cielos son azules y sin
nubes hasta en los valles interandinos que nos recorren de sur a norte. En un
tiempo de verano como el que soportamos, en parte alguna se oye,se ve o se lee
sobre el nivel de las represas que mueven las hidroeléctricas en su gran
mayoría, así sea para asustarnos con el racionamiento. Probablemente porque la
tónica del gobierno leninista es el de ocultarnos la dura realidad, preferimos
hablar del cambio climático, de la conversión energética y hasta del deshielo de
Groenlandia, antes que del caudal cada vez más mermado de nuestros rios y, mucho
menos, de la cantidad de gas que tenemos para mover las termoeléctricas que
alcanzaron a instalarse antes de que se prohibiera la exploración y explotación
del gas.
La posibilidad de importar el gas de Venezuela a través del gasoducto de la
Guajira, que poco o nada se usó para ese menester, es tan igual a la de importar
energía eléctrica del Ecuador cuando ella comience a faltar, como lo acaba de
advertir el regulador XM. Pero eso nos pasa porque después del chasco de
Hidroituango, nadie volvió a hablar de nuevas hidroeléctricas y como abrir
explotaciones de gas para montar termos en boca de pozo, se tornó en imposible
por la decisión redentora de Petro de darle ejemplo al mundo de cómo vivir sin
gastar combustibles fósiles ,las opciones de nuevas fuentes de energía eléctrica
se desperdician en un país en donde el agua de los cielos se podría guardar para
volverla fuente de energía y vida. Y ,en donde obviamente, el subsuelo podría
horadarse para redimirnos.
Nadie volvió a hablar de las hidroeléctricas de Garrapatas o del Atrato.Nadie
volvió a proponer que se montara la termo eléctrica en Ciénaga de Oro, para que
al pie de los pozos gasíferos se volviera más rentable producir energía. Nadie
quiere afrontar el futuro, ni siquiera ahora que es tan fácil con la
Inteligencia Artificial.
El Porce,julio 22 del 2023

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