Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.390-970

Fecha: Sábado 28-12-2024

 

EDITORIAL

 

La narrativa del enemigo interno

 

La polarización política en Colombia no es un fenómeno reciente, sino una constante histórica que ha fragmentado a la sociedad. La construcción del Estado, que debería ser un ejercicio de cohesión y representación colectiva, se ha visto empañada por conflictos internos, odios y venganzas. En lugar de consolidar un proyecto común, el país ha oscilado entre acuerdos de paz incumplidos y luchas de poder que perpetúan el resentimiento entre diversos sectores.

La dinámica de conflicto entre las instituciones estatales, las insurgencias y otros actores armados ha generado acuerdos de paz que, lejos de cerrar ciclos de violencia, a menudo dejan a grupos descontentos. Los gobiernos, históricamente, han sido incapaces de honrar plenamente los pactos alcanzados, perpetuando la desconfianza en las instituciones. Este incumplimiento no solo socava la legitimidad del Estado, sino que también alimenta narrativas que refuerzan la polarización, debilitando cualquier intento de reconciliación nacional.

En el panorama actual, el gobierno del presidente Gustavo Petro enfrenta una oposición que parece más motivada por resentimientos personales y luchas de poder que por un interés genuino en debatir políticas públicas. Los ataques hacia Petro no siempre giran en torno a sus decisiones como gobernante, sino que se centran en su pasado como insurgente y en su discurso contra la corrupción. En este contexto, los llamados a la unidad nacional se enfrentan a una muralla de odio y desinformación que imposibilita el diálogo constructivo.

 

Sin embargo, el verdadero desafío no radica únicamente en superar esta oposición visceral, sino en construir consensos sólidos en torno a lo fundamental: el aseguramiento de derechos fundamentales, la protección ambiental, la soberanía alimentaria y la búsqueda de soluciones integrales para problemas como el narcotráfico y el conflicto armado. Estos pilares no solo fortalecerían el tejido social, sino que también establecerían las bases para una paz duradera y una gobernabilidad más inclusiva.

 

Colombia necesita abandonar la narrativa del enemigo interno y enfocarse en un proyecto de nación donde las diferencias sean canalizadas hacia la construcción conjunta, no hacia la confrontación. Dependerá de la voluntad política y ciudadana desarticular la polarización que tanto daño ha causado y encaminar al país hacia un futuro más justo y cohesionado. Solo así podrá la nación emerger de su largo ciclo de conflictos y cumplir su verdadero potencial como sociedad democrática.

 

 

 

En la búsqueda de un futuro presente

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

La falta de conciencia y sentimientos de autonomía nos lleva a vivir dependiendo de otros que se aprovechan de nuestras inseguridades. Y esto ha sido una constante en la evolución humana que la gente acepta como algo normal.

En verdad es normal para los seres que su capacidad de raciocinio no ha evolucionado lo suficiente como para dilucidar la realidad de las cosas que el hombre pretende establecer.

La vida social en la actualidad es muy compleja y ha entrado en una maraña de sentimientos que existen en diferentes estados y esto hace que cada uno responda a impulsos emocionales. Pero quienes están al mando del establecimiento usa esas condiciones para manipular a una mayoría que le son fieles sin importarles el sufrimiento que los seguidores puedan sentir.

 

Por esos los Estados se vuelven poderosos al mando de un hombre o un líder quien es el que rige el destino de todos. Al final todos sufren y pierden. Pero cuando la sociedad aprende de esas experiencias se organiza y establece una ruta a seguir todo cambia.

Los congresistas no piensan más allá de la realidad que ellos están viviendo porque es su forma natural de manejar su entorno. Pero el pueblo al final es el que determina para dónde va la nación y quien será el que llegue al congreso.

El tiempo hace que las sociedades maduren o se estanquen y otras aprenden del pasado como si fuera una lección de conocimiento. Esto nos diferencia en muchas formas los unos a los otros aunque vivamos en una misma civilización.

La Nueva Granada fue grande porque era un territorio colonizado por barbaros oportunistas que todo les llego por azar de las circunstancias y al final lo perdieron todo. Esa sociedad que quedo nacida de la colonización apenas está aprendiendo de la miseria, el maltrato y la vergüenza de ser mestizo, criollo o mulato y que hoy es una amalgama de todo un poco y quienes presumen de blancos son simplemente los presuntuosos de algo que no son. El poema de Luis Carlos Gonzáles “Raza” describe muy bien lo que son.

Hay una nueva generación que se está enfrentado no al pasado sino al futuro y están reclamando los derechos que le son propios porque ya no pertenecen a los ancestrales criollos que no supieron gobernar cuando el florero de Llorente. Ya no hay ese temor y esa inseguridad que tuvieron los antepasados, a pesar que hoy no están lo bien preparados para administrar un país, pero si saben cuando una nación está mal administrada y parasitada por el congreso que continúan actuando como si nada pasara en el país. Y hoy pretenden ser los nuevos gobernantes y continuar viviendo del erario.

 

 

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Alvarez Gardeazábal

 

LA REGENERACIÓN
De Daniel Gutiérrez Ardila
Editado por Taurus

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=aY3A46T3YlU

 

Este es un libro catastrófico que pretende solidificar un mito, la Constitución de 1886, pero como quiere al mismo tiempo subvalorar a su gestor, Rafael Núñez, despojándolo de la aureola que la historia le ha creado y que lo protege, tiene un sabor agridulce.

Es valioso de todas maneras porque al hacerlo consigue erradicar los dos elementos equivocados en que se ha caído siempre al hablar del monstruo político que fue Núñez: su cacareado matrimonio con Soledad Román y su traición a los ideales dañinos del Olimpo Radical que se entronizó en Colombia con la Constitución de Rionegro en 1863.

Pero en su afán de maximizar el producto hace un tan exhaustivo y plausible trabajo investigativo para narrarnos las dificultades por las que pasó Núñez hasta sacar adelante su idea de derrocar la maligna república creada por los idiotas liberales de Rionegro, que en vez de convertir al cartagenero en un manojo de defectos humanos y de equivocaciones, como pretende una y otra vez, termina haciendo un pedestal para reconocer la magnitud de la Carta del 86 pero pegando más ladrillos a la estatua de Núñez.

Y lo hace porque ese frágil y feo ser humano fue quien consigue entender lo que todos sentían en la Colombia de 1880 y, con más verraquera que buen tino se encontró las fórmulas legalistas para matar al engendro perverso de la Constitución Liberal de Rionegro y borrar la huella oligarca del Olimpo Radical que mal gobernó a Colombia por casi 25 años.

Lo de Nuñez para derrocar la Carta del 63 fue un trabajo de filigrana. Hubo anteproyecto de reforma, plebiscitos municipales, nombramiento de delegatarios y redacción compensada.

El libro de Gutierrez Ardila es enjundioso y su lectura amena. La narrativa no es pareja porque se excede en algunos momentos en transcripciones de periódicos y revistas de la época, pero como el autor tiene sentido histórico en su capacidad de detectar hasta las hendijas de un período tumultuoso y taponar los baches de la tradición, Núñez resalta a dolor del mismo Gutiérrez Ardila.

Este libro nos demuestra que la Constitución que Núñez empujó y que Caro y Campo Serrano construyeron a pedido del cartagenero, logra, como los dioses mitológicos de los griegos, quedarse por encima de todo como el esqueleto del verdadero poder constituyente.

Pero en especial porque estableció el orden intocable que hoy todavía nos permite conservarnos como república, aún por encima del otro engendro dañino de la Constitución de Gaviria en el 91 y que pretendió destripar la de Núñez del 86.

 

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Gerente
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Gerente Operativo
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Editor

Felipe Castro

 

   

Diagramación
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Soporte Tecnológico
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Nadeem Khan

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Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 
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Gongpa Rabsel Rinpoché

Guillermo Navarrete Hernández
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