Pereira, Colombia - Edición: 13.400-980

Fecha: Jueves 16-01-2025

 

 CRÓNICA

 

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Su amor innato por el béisbol lo llevará a jugar en los Estados Unidos

 

según él, logró tener una excelente y calurosa bienvenida por parte de la liga risaraldense de béisbol.

 

Y es justamente allí, en el Diamante de béisbol contiguo al estadio Hernán Ramírez Villegas de Pereira en donde Héctor Daniel tiene sus últimas prácticas deportivas antes de partir a territorio estadounidense en donde en los próximos días tendrá la gran oportunidad de evidenciar su talento en el béisbol universitario, un sueño que se hará realidad y que le hacen brillar los ojos cada vez que se refiere a este tema.


Héctor Daniel con los ojos brillantes en el campo de juego, vestido con su traje deportivo para la foto, su casco, sus rodilleras, su bate intacto narra entre sonrisas la algarabía de su familia y la expectativa de montar en avión y dejarse deslumbrar por la estatua de la Libertad y los enormes edificios que solía observar en las películas y que ahora conocerá en vivo y en directo gracias a que desde los 3 años de edad empezó a soñar en grande con el béisbol.

 

 
En la memoria de Héctor Daniel Pedroza todavía sobreviven los recuerdos de aquel momento que nunca olvidará, la vez aquella en la que sacó fuerzas de donde no tenía y logró conectar el jonrón más grande de su existencia, aquel que ni siquiera supera uno de las grandes ligas porque sencillamente este jonrón nunca olvidará, ya que aquella imagen de globos, bullicio, bombos, platillos y algarabía de su familia por este logro, jamás se borrarán de su mente.


Dice Héctor Daniel que el hecho de haber conectado el primer jonrón justo el día del cumpleaños de su abuela, significó para él, el regalo más grande que le pudo hacer a través del béisbol, un deporte que ama desde los 3 años de edad, época en la que solía jugar sin cesar en la sala de su casa en su natal Venezuela, lanzando una pelota a diestra y siniestra contra una pared hasta sacarle el quicio a su vecina, anécdota que recuerda entre sonrisas y malicia.


Y es que incomodar a los vecinos y a su padre de oficio camionero y a su madre
enfermera, realmente valió la pena porque desde los seis años de edad, Héctor Daniel Pedroza, ya empezó a destacarse en la disciplina deportiva del béisbol, tanto así que no había cumplido ni los ocho años de edad y era merecedor de diversos premios por su rendimiento deportivo a nivel nacional y que valieron para que este

venezolano de pura cepa llegara hasta la mismísima selección de Venezuela de béisbol.


No obstante, la discriminación económica no permitió que Víctor Daniel viajara a Puerto
 

 

 

 

Rico para competir con su país  como era su sueño, sino que por el contrario debido a la situación del hermano país, se vio en la necesidad de salir de territorio venezolano hasta llegar a la ciudad de Pereira en donde

 

 

 

 

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