Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.404-984

Fecha: Jueves 23-01-2025

 

EDITORIAL

 

Un lenguaje vacío

 

En la era de la sobreinformación, el lenguaje, ese instrumento único que nos distingue como seres humanos, parece haberse convertido en un cascarón vacío. En el ámbito político, los discursos se han transformado en un ejercicio de retórica hueca, donde las palabras suenan, pero no resuenan; se escuchan, pero no se entienden.

Los políticos, con frecuencia, manejan un léxico vasto, pero superficial. Pronuncian palabras como "paz", "progreso" y "justicia" con una familiaridad engañosa, mientras evitan profundizar en los significados reales que estas palabras implican. Este uso vacío del lenguaje no es accidental. Más bien, refleja un sistema donde la forma importa más que el contenido, y donde las palabras están diseñadas no para comunicar, sino para confundir y manipular.

 

El problema no se limita a los discursos políticos. En nuestra vida cotidiana, también nos hemos acostumbrado a una comunicación que carece de sustancia. Usamos palabras para llenar silencios, no para construir puentes de entendimiento. Hemos perdido la conexión con los significantes, esos elementos profundos que otorgan sentido a los términos que empleamos. Así, nuestro lenguaje se convierte en una suerte de ruido blanco, incapaz de generar reflexión o cambio.

 

Esta desconexión entre palabras y significados tiene consecuencias graves. Permite que el engaño se normalice, que los compromisos se diluyan y que las promesas pierdan su peso. En este escenario, el discurso político se reduce a un ejercicio performativo, donde las palabras no tienen intención de construir, sino de encubrir. Los ciudadanos, por su parte, dejamos de exigir profundidad y claridad en los mensajes, aceptando como normales la ambigüedad y la falta de coherencia.

¿Qué nos queda, entonces? Nos queda la responsabilidad de recuperar un lenguaje cargado de significado, uno que nos invite a reflexionar y a construir en conjunto. Esto no se logra simplemente escuchando, sino aprendiendo a escuchar críticamente, a cuestionar lo que se dice y lo que no se dice.

Sin un lenguaje con sentido, somos una sociedad que vaga sin rumbo, atrapada en el individualismo y la desconfianza. La tarea de devolverle órganos y alma al lenguaje no es sencilla, pero es imprescindible si queremos aspirar a un futuro donde las palabras no solo suenen, sino que transformen.

 

 

 

 

La batalla de los sordos

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

Hay sordera física y sordera psicológica, ambas impiden escuchar lo que se dice. Pero la sordera física se remedia con signos que palen la situación. Un sordo de oídos no puede escuchar ningún sonido, pero percibe las vibraciones de los sonidos y de las cosas e intuyen lo que está pasando a su alrededor, porque están alertas con su sexto sentido.

Por lo general los políticos son sordos psicológicos, porque ellos escuchan lo que quieren escuchar y lo que les conviene. La razón es muy simple, ellos siempre están rodeados de adoradores que les están hablando y señalando lo que deben hacer y cómo aprovechar cualquier terreno donde ellos se metan. Lo importante aquí es ganar seguidores y votos.

El problema nace cuando ellos se montan en la caravana del poder y ahí se vuelven sordos psicológicos porque ellos solo se escuchan a sí mismos para no perder el poder sobre los demás. Ellos son el poder que una multitud les concede o les presta mientras ella recibe buenos beneficios.

Al comienzo todo funciona de maravillas, porque quien está en el poder cree que se las sabe todas y que solo es dar órdenes y que se hagan las cosas. Pero una sociedad no funciona como una granja agrícola donde hay peones y los pueden ubicar en cualquier barricada para que duerman y convivan mientras se cosecha.

Una sociedad es un bordado en un tapete donde hay que manejar colores, espacios, figuras y balance de todo el conjunto para que tenga su hermosura, para que otros transiten sobre él sin pensar que lo van a estropear.

Históricamente los empoderados del poder que han sido sordos psicológicos han terminado mal, pero muy mal. El cuadro es deprimente cuando lo miramos. Pero sin embargo lo vemos que se repite una y otras vez como en el caso de Venezuela.

Todos estos individuos se creen que fueron elegidos por fuerzas extraterrestres para gobernar el mundo, y ese cuarto de hora se agota tarde que temprano. Aunque todo regla tiene su excepción y estos terminan sus días entronizados en el poder hasta que se mueren de vejez o enfermedades. Aquí hay que hacer un estudio más profundo para entender qué es lo que realmente hicieron para sostenerse en el poder.

Hay cosas que pasan en los países que hacen que sea muy latente lo que está pasando, y se perciba en el ambiente cuando no hay esa estabilidad que emana de quien gobierna y que no sabe cómo
manejar o se teje un tapete. Lo que pasa es

 

 

 

que todo termina mal y siempre terminan afuera y en el peor de los casos asesinados.

 

PETRO COMANDANTE EN JEFE
Crónica #1039

Por: Gustavo Alvarez Gardeazábal

 

Audio: https://youtu.be/h3NAFl_itO8

 

Hasta el lunes pasado, cuando se decretó el estado de conmoción interior, los colombianos no conocíamos la posibilidad de ver al primer mandatario como comandante en jefe de las fuerzas armadas colombianas.

 

A partir de ese día y ante la situación de conflicto interno grave que se vive, Petro tiene la opción de demostrarnos de cuanto es capaz al mando de las fuerzas constitucionales. Hasta ahora y por razones respetables aunque muy discutibles, no había asumido ese papel y la sensación que teníamos todos era que el presidente les había amarrado las manos a sus fuerzas armadas para poder llevar adelante la utopía de una paz total.

 

Pero como el hilo siempre se revienta por lo más delgadito, el antiguo grupo guerrillero del ELN, que cumplió 60 años intentando tomarse el gobierno por la vía de las armas, se la puso difícil. Y se la puede poner peor si el presidente actuando como comandante en jefe no le da un giro de 180 grados a sus tropas y los lleva al combate que el país ve inatajable.

No es solo lo del Catatumbo, que se pasó de castaño oscuro. Es lo de Arauca, donde las batallas entre las bandas de traquetos que recogieron saldos de las Farc se baten no exactamente a tortillazos con el ELN, convertido en otro grupo traqueto más, como lo dijo el mismo presidente al enfrentarlos públicamente. Y la guerra puede ser igual en cualquier otra parte del país donde haya presencia elena.

En el Chocó con la banda del Clan. En el Cauca con los grupos y subgrupos de Mordisco. Y si nos cuenta con quién, en la serranía de San Pablo en el sur de Bolívar.

Estamos en una guerra de traquetos y antes de que esas batallas se vuelvan inmanejables como en Haití, Petro al mando de sus tropas debe demostrar cuán hábil es disolviendo estos focos de conflicto.

El lío es que los grupos amparados por el diálogo de la paz total serán siempre carne de cañón de los que no conversan y negocian, revolviendo las aguas para acercarnos paradójicamente a la guerra total.

El Porce, enero 23 del 2025

 

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Gerente
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Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.


Editor

Felipe Castro

 

   

Diagramación
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Soporte Tecnológico
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Colaboradores

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Gustavo Álvarez Gardeazábal

Rubén Darío Varela Hurtado

 

 
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