Pereira, Colombia - Edición: 13.404-984

Fecha: Jueves 23-01-2025

 

 COLUMNISTA

 

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Contratiempo

Por: Jotamario Arbeláez

 

No morirán
para siempre

 

En 1963 el profeta del novísimo testamento Gonzalo Arango dio a la luz terrestre el libro 13 poetas nadaístas, que incluía a los primeros militantes del movimiento que aspiraba a cambiar este mundo y el otro mundo. Hoy, 12 de ellos están en ese otro mundo y tengo noticias a través del espiritismo de que lo tienen absolutamente cambiado, tanto que se permiten enviarme mensajes a través de sutiles emisarios. El profeta fundaba el movimiento para que los que nos cobijábamos bajo su tolda rota no muriéramos, o si moríamos no fuéramos olvidados, porque el olvido es la verdadera muerte. Nuestro precursor el dadaísta Tristan Tzara había dicho: “Es inconcebible que un ser humano deje huella de su paso por el mundo”. Y por eso se le recuerda.

Soy el superviviente de ese grupo iniciático. Más que ello, el resucitado, dado que se dio la noticia de mi defunción o cese de mis funciones, y volví a continuar con ellas. Al salir de la clínica ileso abrí al azar el Nuevo

 

Testamento que siempre llevó en la mochila deshilachada y me sentí el personaje que se le aparece a Juan en Patmos insinuándole que redacte el Apocalipsis. Y le dice: “Yo soy el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo en mi poder las llaves

 

 

 

de la muerte” (1:18-20). Recordé un dicho que oyera en mi niñez y que me provocaba sonrisas: “Muerto es el que no resuella, vivo es el que patalea”. Mis piruetas con la pelona, a la que le he venido arrastrando el ala por años a través de mis poemas y columna de prensa, fueron publicadas por Planeta bajo el título Y vivo todavía, que se ha convertido en la biblia de muchos de mis tradicionales y nuevos lectores.

Fueron nuestros 12 primeros inmortales antologados y enterrados en las prados de la gloria, empezando por Gonzalo y siguiendo por Amílkar U, Alberto Escobar, Eduardo Escobar, X-504, Elmo Valencia, Mario Rivero, Darío Lemos, Guillermo Trujillo, Humberto Navarro, Diego León Giraldo, Jaime Espinal. Con ellos fueron cayendo al hoyo Augusto Hoyos, el nadaísta de Cartago Alberto Rodríguez, Raquel Jodorowsky, Norman Mejía, Dina Merlini, Rosa Girasol, Mauro Castro, Elkin Gómez, Luis Darío González, José Rafael Arango, Enrique Calle “Kat”, Rubiela Cadavid, Blanca Sanclemente, Guillermo Bustamante, Rocío Neuto, Verano Brisas, Eduardito Zalamea, y los niños Luis Ernesto Valencia y María de las Estrellas. Y hace pocos días partió en su silla de ruedas, con su eterna sonrisa y unos poemas nuevos en el bolsillo, nuestro amado poeta David Bonells Rovira, en su Cúcuta natal.
 

Retomo el epígrafe de un beatnik europeo en su libro de memorias: “Las muchachas están en los archivos de la policía, / la tripulación en la cárcel, / yo soy el único hijuetantas que queda / para referir la historia”. Como me comienza a fallar la memoria me están ayudando Armando Romero y todos los propulsores de La Internacional Nadaísta, entre ellos Andrés

 

 

 

 

Uribe Botero, Wahider Cardona, Manuel Moreno, Fabian Paz, Tatiana Arango, y desde luego Norman Smith, heredero de los Sagrados Archivos del profeta, y Gustavo Restrepo, el director de Otraparte, donde reposan su cédula y su máquina de escribir.

 

Algunos de mis persistentes lectores me inquieren que por qué me he pasado la vida relatando lo que me ha pasado en la vida. Pues porque es lo que le ha pasado a toda una generación, que quiso arreglar cuentas con el pasado. Y lo peor es que si me pasé la vida narrando mi vida, de entonces en adelante lo que estoy narrando es la historia de mi muerte que no fue tal, por lo que no me ha obligado a retirarme de la máquina de moler las palabras.

 

 

No nos hemos ido todos los militantes de entonces. En los Estados Unidos están Armando Romero en Cincinnati, Rafael Vega Jácome en Miami, Dukardo Hinestrosa en Los Ángeles, Malmgren Restrepo y Leandro Velasco en Nueva York, Patricia Ariza y Álvaro Medina en Bogotá, Pedro Alcántara y Jan Arb en Cali, Pablo Gallinazo en Bucaramanga, Álvaro Barrios en Barranquilla, Pedro Blas en Cartagena. Y cada vez habrá nuevos integrantes automatriculados para que el nadaísmo, como el circo, nunca muera.

 

 

 

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