Con la escombrera NO basta

Por:
Guillermo Navarrete Hernandez
En noviembre de 2024 se cumplieron
ocho años de la firma del acuerdo final entre las extintas Farc-Ep y el Estado
colombiano, representado por Juan Manuel Santos Calderón, Presidente de la
República para la época, después de una extensa negociación y un plebiscito
lleno de paradojas -a mi juicio equivocado-, el cual acabo de dividir a los
habitantes de esta sufrida patria.
En dicho acuerdo se estableció la
creación del Sistema de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, conformado
por dos instancias extrajudiciales y una judicial. Las primeras, representadas
por la Comisión de la Verdad y Reconciliación y la Unidad de Búsqueda de
Personas Dadas por Desaparecidas en el marco del conflicto armado antes del 1°
de diciembre de 2016; la segunda, la Jurisdicción Especial para la Paz, entidad
encargada de investigar y juzgar los crímenes cometidos durante el conflicto
armado, especialmente aquellos que constituyeron en graves violaciones de los
Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Uno de los
componentes de la JEP es el esclarecimiento de la verdad para que quienes se
acogieran (integrantes de la fuerza pública, exintegrantes de las Farc y
terceros civiles voluntarios) tuvieran los beneficios contemplados en el mismo,
con penas de hasta ocho años, con restricción a la libertad y acciones
restaurativas.
Reconocido internacionalmente como uno de los mejores acuerdos de paz alcanzados
en el planeta tierra, ya que se alimentó, entre otras, de las experiencias de
Irlanda, Sudáfrica y España con la ETA, lamentablemente su camino de
implementación ha estado lleno de espinas y abrojos. Los esfuerzos del gobierno
Duque por desconocer los acuerdos y quien, es necesario admitirlo, ganó gracias
a su oposición a estos; su desfinanciación, como casi todo lo que pasa en este
país, la enemistad de otros actores armados que, según las estadísticas de El
Espectador (2023), arrojan un saldo de 401 firmantes de paz asesinados, la
corrupción y el desdén de funcionarios del orden nacional y territorial, son
factores que le imprimen un importante grado de dificultad.
La Comisión de la Verdad culminó su labor el 28 de junio de 2022, fecha en la
cual presentó su informe final, en el que se expusieron los hallazgos realizados
durante su mandato y recomendaciones para alcanzar una paz estable y duradera.
La JEP, por su parte, aperturó 11 macro casos que tienen el propósito de
investigar, esclarecer y sancionar a los máximos responsables de los hechos más
graves suscitados durante el conflicto armado. Instancia a la que se sometieron
9.902 integrantes de las Farc, 4.260 miembros de la fuerza pública y 657
civiles.
En dicho marco y en coordinación con Comisión de Búsqueda de Personas
Desaparecidas, se emitieron medidas cautelares y se ordenó la intervención de la
Escombrera, sitio en el que se empezaron a remover montañas de escombros para
hallar cadáveres allí enterrados con motivo de la operación Orión, promovida en
la Comuna 13 de Medellín, durante el Gobierno del expresidente Uribe y el
exgobernador Luis Pérez en el año 2002, y en el que se demostró la connivencia
entre grupos paramilitares y la fuerza pública. Estos hechos fueron denunciados
por madres de personas desaparecidas, a quienes varios actores institucionales
tacharon de “locas”. La aparición de restos humanos evidencia todo lo contrario.
Según estimaciones de
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varias fuentes, podrían superar las 500 víctimas.
La labor llevada a cabo da cuenta de la rigurosidad técnica con la que se
desarrolla. Antropólogos forenses, arqueólogos, topógrafos, psicólogos y
personas de la Unidad de Búsqueda son algunos de los profesionales que hacen
parte de esta histórica intervención. Sin embargo, no es el único sitio en el
que la JEP determinó medidas cautelares: los cementerios de Dabeiba, de La
Dolorosa en Puerto Berrío (Antioquia) y El Copey en el Cesar –podrían hacerlo en
el cementerio del municipio de Cabrera (Cundinamarca)–, lo que significa que con
La Escombrera no basta y, en dicho sentido, lo que falta por encontrar.
Claro que también es necesario advertir acerca del anacronismo del ELN y de su
propia operación Orión desatada por estos días en El Catatumbo, una región
históricamente afectada por la violencia de diversos grupos armados. Dios
permita que este tipo barbaries cesen en Colombia.
CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica
Corrige tu mente, transforma tu vida
¿Alguna vez has sentido que tu vida no sigue el rumbo que deseas?
Lao Tse, el filósofo chino fundador del taoísmo, tenía una solución sencilla
pero profunda: "Si corriges tu mente, el resto de tu vida encajará en su lugar".
¿Qué significa esto?
Esta frase nos invita a reflexionar sobre el poder de nuestros pensamientos.
Según Lao Tse, nuestra mente es como un jardín: si lo cultivamos con semillas
positivas, cosecharemos una vida plena y feliz. Pero si dejamos que crezcan
malas hierbas, nuestra realidad se verá afectada.
¿Cómo aplicar esta filosofía en tu vida?
* Observa tus pensamientos: Identifica aquellos pensamientos negativos
que te limitan y te generan estrés.
* Practica la gratitud: Concéntrate en lo bueno que tienes en tu vida.
* Medita: La meditación te ayuda a calmar la mente y a conectar contigo
mismo.
* Rodėate de personas positivas: La energía de las personas que te rodean
influye en tu estado de ánimo.
Los beneficios de corregir tu mente
Al cambiar tu forma de pensar, podrás:
* Reducir el estrés: Los pensamientos negativos son una fuente importante
de estrés.
* Mejorar tus relaciones: Una mente positiva te permitirá relacionarte
con los demás de manera más saludable.
* Aumentar tu creatividad: Cuando tu mente está tranquila, fluyen ideas
nuevas y originales.
* Alcanzar tus metas: Una mente enfocada en el éxito te permitirá
alcanzar tus objetivos.
En conclusión, la frase de Lao Tse nos recuerda que somos los arquitectos de
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nuestra propia
realidad. Al corregir nuestra mente, podemos transformar nuestra vida y alcanzar
la felicidad que buscamos.
¿Estás listo para cultivar un jardín mental próspero?
Mi País del Tinto #6

Por: Rubén Darío Varela Hurtado
Los chamos en mi país del tinto
Desde hace algunos
años en mi País del Tinto cundo empezó el éxodo masivo de todos los venezolanos,
las calles se empezaron a llenar de venezolanos, incluso ya es común ir a la
tienda a la panadería o el supermercado y ser atendido por un venezolano, nos
acostumbramos a vivir en sociedad con los denominados “chamos”.
Cada día en mi País
del Tinto escuchamos comentarios en las estaciones de transporte, las cafeterías
o cualquier lugar muchos comentarios acerca de los migrantes venezolanos,
algunos de estos son malos, otros buenos, otros discriminatorios y otros con
algo de tinte de solidaridad.
Lo único cierto es que, en Venezuela, así como en Colombia, China, México,
España o Panamá existen personas buenas y otras no tanto, somos ciudadanos del
mundo en donde encontramos gente de todo tipo, estilo y cultura y por tal motivo
no se debe discriminar a un determinado territorio por su nacionalidad.
En mi País del Tinto, Margot, Gladis, Martha, Pablo o Pepe, o como se llame
acostumbra a realizar este tipo de comentarios basados en una experiencia
personal, es decir doña Martha podría decir que los venezolanos son mal
intencionados porque su inquilino, proveniente de esta nacionalidad, nunca le
pagó el arriendo, entonces seguramente sus comentarios harán referencia a que
los ‘chamos’ son mala paga y malas personas.
Si por ejemplo Gladis tiene un restaurante y contrata a un venezolano, honesto,
trabajador incansable y que ha logrado incrementar el nivel de las ventas,
entonces Gladis tendrá la impresión que los venezolanos son buenos, honestos y
trabajadores y así mismo serán sus comentarios positivos con sus amigos.
En mi País del Tinto solemos catalogar y clasificar a todo un grupo poblacional
dependiendo de cómo sea la interacción con los venezolanos, siendo esta una
manía colombiana que se debe corregir porque dicho criterio de experiencia que
hayamos vivido en esa interacción con los extranjeros debería ser NETAMENTE
INDIVIDUAL, MÁS NO COLECTIVA.
Es decir, los comentarios de doña Martha sobre el inquilino mala paga deberían
de ser que Josefa, Juliana, Marcos, Pedro o como se llame seria que fulano de
tal es mala paga porque no paga el arriendo, y no que los venezolanos no pagan
porque perfectamente un colombiano podría haber hecho lo mismo de no pagarle la
renta.
La misma situación también se puede vivir a la inversa, por ejemplo, doña Gladis
en su charla con sus amigos no debería elogiar a los venezolanos en general
porque su trabajador venezolano es muy buen empleado, porque está generalizando
y existen venezolanos delincuentes y tramposos.
En síntesis, en mi País del Tinto, todos estos criterios de experiencias
personales con venezolanos o chilenos, panameños o lo que sea deberíamos de
comentarla con nombre propio sin entrar en ningún tipo de generalización
poblacional.
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