Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.405-985

Fecha: Sábado 25-01-2025

 

EDITORIAL

 

Catatumbo: Una tragedia humanitaria

 

La crisis que sacude al Catatumbo no es solo una tragedia local, sino una herida abierta en el corazón de Colombia. Más de 40.000 personas desplazadas en una semana son el reflejo de un conflicto que, lejos de resolverse, se reinventa con nuevos actores y dinámicas de violencia. Esta región, históricamente marcada por el abandono estatal, vive hoy uno de los episodios más oscuros de su historia reciente, mientras el resto del país parece mirar hacia otro lado.

La magnitud de la emergencia es devastadora. Familias enteras han dejado atrás sus hogares y cultivos, huyendo del fuego cruzado entre el ELN y las disidencias de las FARC. Lo han dejado todo, incluso su sentido de pertenencia, para buscar refugio en albergues improvisados que, aunque esenciales, son insuficientes frente a la magnitud de la tragedia. El estadio General Santander en Cúcuta, convertido en centro de acopio humanitario, es un símbolo de la precariedad con la que enfrentamos esta crisis: toneladas de ayuda llegan, pero no logran reparar el dolor ni la incertidumbre de quienes lo han perdido todo.

 

El gobierno ha desplegado más de 5.500 efectivos para intentar controlar la situación, pero la respuesta militar no es suficiente. No lo ha sido nunca. El Catatumbo es una región que exige algo más que helicópteros y soldados; demanda una intervención integral que aborde las causas estructurales de su abandono. Los desplazamientos masivos, las muertes de civiles y el confinamiento de miles de personas no son eventos aislados, sino el síntoma de un sistema que ha fallado históricamente en proteger a sus ciudadanos.

 

La violación de derechos humanos en la región es alarmante. Los asesinatos de excombatientes de las FARC y el aumento de los desaparecidos son pruebas dolorosas de que el acuerdo de paz sigue siendo una deuda pendiente. A esto se suma el desafío de brindar justicia y atención a las víctimas, en medio de un contexto donde la seguridad jurídica y psicológica es más un anhelo que una realidad.

Esta crisis no puede quedar relegada a los titulares de una semana. El Catatumbo clama por atención, no solo en forma de ayudas temporales, sino como un llamado a la acción para construir un país que no deje atrás a los más vulnerables. Es hora de mirar al Catatumbo con la urgencia y humanidad que merece.

 

 

 

 

La corrupción, un virus al que hay que vacunar

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

Hay una sola clase que se mueve por el planeta y que está representada por el ser humano. La diferencia entre unos y otros es su quehacer diario y sus ambiciones futuras. Desde principio a fin todos tenemos un comienzo y un final donde los dos extremos vienen sin nada material. Solo su intelecto que los hace distintos los unos de los otros.

Si una sociedad es primitiva, ella se mueve al ritmo de sus necesidades y sobreviven según la fuerza de su naturaleza individual. Aquí no hay un dios salvador o una vida eterna después del final. Todos somos iguales al final del ciclo vital.

En la estela de la evolución unos están adelante, otros en el mismo lugar, otros en proceso de aprendizaje y acumulación de experiencias y los más avanzados viviendo de ese conocimiento y observando al resto del mundo en su lucha por alcanzar lo que creen que carecen para llenar ese vacío interior y vivir cómodamente.

La ambición de unos, estos que no tienen capacidad de entender lo que es la vida, se lanzan al encuentro con otros como ellos a fastidiar al resto de la humanidad en la adquisición de bienes que creen que los harán felices. Pero así no funciona la naturaleza humana.

Las grandes riquezas existentes en estos días en el mundo se han logrado por golpes de suerte y el manejo de la tecnología. Ahora ellos no saben qué hacer con esas fortunas y tratan de repartirlas dentro de sociedades en desigualdad de calidad de vida.

Con la corrupción no se hacen grandes fortunas, ella hace más daño a su alrededor y afecta la vida de cientos de personas. La ignorancia promueve estos actos corruptivos y por eso las cárceles están ocupadas por estos criminales sociales.

La corrupción en los Estados nace por el mal manejo de las leyes sobre la cotidianidad de la vida. La gente no quiere pagar por algo que consideran que debe estar exenta de impuestos o que el precio es elevado. Las aduanas son los mayores generadores de corrupción, Además los impuestos establecidos son otro dolor de cabeza para los usuarios y dueños de empresas. Siempre están evadiendo el pago de ellos y recibiendo en efectivo los pagos.

Otra de las modalidades es el porcentaje que cobren los políticos por sus servicios y el pago a quienes financiaron sus campañas políticas. Todo esto es un círculo vicioso que jamás va a parar.

Al final del día, todos somos corruptos sin haberlo pensado dos veces.

Hay que revisar nuestra agenda de
sobrevivencia y madurar intelectualmente para poder hacer los correctivos necesarios

 

 

 

que permitan que nuestra vida esté un poco limpia de tanta suciedad que nos rodea.

Hay sociedades que han logrado avanzar lentamente en su integración hacia una calidad de vida libre de sobresaltos, desconfianzas entre unos y otros y vivir con las puertas abiertas porque no hay temor de ser asaltados por un desubicado social.

 

EL POGROM DE TRUMP
Crónica #1041

Por: Gustavo Alvarez Gardeazábal

 

Audio: https://youtu.be/dLMePpU0TNw

 

La miserable persecución que Trump ha decretado contra los inmigrantes sin papeles en los Estados Unidos, en su gran mayoría latinoamericanos, resulta cruel y despiadada.

Una muy buena parte de los 10 millones que en su atorrancia pretende expulsar del territorio norteamericano llegaron allá uno a uno, atravesando selvas y desiertos o ingresando con visa de turistas.

El 99.9 por ciento de ellos, aunque su perseguidor diga lo contrario, fueron a hacer parte de la fuerza de trabajo que los gringos requieren para ser cada vez más ricos y no a ejercer de hampones o criminales, como lo predica a modo de disculpa el oligarca que gobierna en Washington.

Es tan específica esta persecución que nos obliga a pensar que tal vez estemos presenciando algo igual a los pogrom contra los judíos en la Europa de los zares o la Alemania de Hitler y con las mismas disculpas que aquellos usaron. Y, lo que es más peligroso, amparados en la noción de que el imperio gringo se conservará en la medida que no se mezcle con los pobretones que entraron desde América Latina.

Se les acusa a los inmigrantes de ser promotores con su sudor y su trabajo de la ruina de la enhiesta sociedad blanca anglosajona que en 200 años ha construido el imperio que hoy domina al mundo.

Por eso se los busca donde sea, se les detiene en las calles o en los parques, en los teatros o en los centros comerciales y se les expulsará como a ratas por la frontera mexicana o en aviones y buques fletados.

No se les llevará a campos de concentración. No se los matará en cámaras de gas como las de Auschwitz ni a bala como hicieron los turcos en Armenia. Y como todo el mundo calla y como todos los europeos también creen que es la inmigración la que les destruye su comodidad, no hay quien proteste ni apele a lo que llamaban derechos humanos.

Por donde se le mire es una tragedia, desde individual hasta colectiva, desde anecdótica hasta novelesca. Es el pogrom de Trump, 80 años después de Hitler.

El Porce, enero 25 del 2025

 

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Gerente
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Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.


Editor

Felipe Castro

 

   

Diagramación
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Soporte Tecnológico
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Nadeem Khan

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Colaboradores

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Gustavo Álvarez Gardeazábal

Rubén Darío Varela Hurtado

 

 
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