CHARLAS CON UN MAESTRO
SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica
El Budhismo y la Psicología
Moderna: Una Confluencia de Sabiduría
La psicología moderna, con sus raíces
en la ciencia empírica, y el Budhismo, una antigua filosofía y práctica
espiritual, pueden parecer a primera vista dos mundos separados. Sin embargo, al
explorar sus respectivos enfoques en la mente humana, descubrimos sorprendentes
puntos en común y una rica historia de influencia mutua.
Las raíces de la influencia
La influencia del Budhismo en la psicología moderna se remonta a principios del
siglo XX, cuando pensadores occidentales como Carl Jung y Alan Watts comenzaron
a explorar las conexiones entre las prácticas meditativas Budhistas y los
procesos psicológicos. Estos pioneros reconocieron la profundidad y
sofisticación de las enseñanzas de Budha sobre la mente, y vieron en ellas un
potencial para complementar y enriquecer la psicología occidental.
Conceptos clave y su impacto
* La mente como objeto de
estudio: Tanto el Budhismo como la psicología moderna comparten un interés
fundamental en la naturaleza de la mente. El Budhismo ofrece un modelo detallado
de los procesos mentales, incluyendo la atención, la percepción, las emociones y
los pensamientos. Este modelo ha influido en el desarrollo de terapias
cognitivo-conductuales, que se centran en modificar los patrones de pensamiento
y comportamiento.
* La meditación como
herramienta terapéutica: La meditación, una práctica central en el Budhismo,
ha sido adoptada por la psicología moderna como una herramienta eficaz para
reducir el estrés, mejorar la atención y fomentar el bienestar emocional.
Estudios científicos han demostrado que la meditación puede producir cambios
neuroplásticos en el cerebro, lo que sugiere que puede tener beneficios a largo
plazo para la salud mental.
* La importancia de la
consciencia: Tanto el Budhismo como la psicología moderna enfatizan la
importancia de cultivar la consciencia plena. La atención plena, una práctica
derivada del Budhismo, ha sido incorporada en diversas terapias
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psicológicas para tratar una amplia
gama de trastornos mentales.
* El sufrimiento y el camino
hacia la liberación: El Budhismo ofrece una profunda comprensión del
sufrimiento humano y un camino para liberarse de él. Esta perspectiva ha
influido en el desarrollo de terapias centradas en la aceptación y la compasión,
que ayudan a las personas a lidiar con el dolor emocional.
Áreas de convergencia
La influencia del Budhismo en la psicología moderna se manifiesta en diversas
áreas, incluyendo:
* Psicología positiva: El
enfoque del Budhismo en el cultivo de las cualidades positivas de la mente, como
la compasión y la sabiduría, ha influido en el desarrollo de la psicología
positiva.
* Neurociencia: Los
estudios de neurociencia han comenzado a explorar los mecanismos cerebrales
subyacentes a las prácticas meditativas, lo que ha generado un mayor interés en
el potencial terapéutico de estas prácticas.
* Psicología transpersonal: Esta
rama de la psicología se interesa en las experiencias espirituales y
trascendentales, y ha sido profundamente influenciada por las enseñanzas
Budhistas.
El futuro de la conexión
La relación entre el Budhismo y la psicología moderna continúa evolucionando. A
medida que la ciencia avanza y nuestra comprensión de la mente se profundiza, es
probable que veamos una mayor integración de las perspectivas Budhistas en la
psicología. Esta confluencia de sabiduría antigua y conocimiento científico
tiene el potencial de transformar la forma en que entendemos y tratamos la salud
mental.
En conclusión, el Budhismo ha tenido una influencia significativa en la
psicología moderna, enriqueciendo nuestro entendimiento de la mente y
proporcionando herramientas valiosas para promover el bienestar emocional. A
medida que ambas disciplinas continúan evolucionando, es probable que esta
conexión se fortalezca aún más.
Aquellos extraños diálogos

Por: Guillermo Navarrete Hernandez
Hace unos días, al escuchar uno de
tantos podcasts que coloco en mi móvil para enterarme de los acontecimientos
diarios o para adquirir nuevos conocimientos sobre alguna materia, una
especialista en
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neurociencia manifestaba que, gracias
al dolor, el desamor y la soledad, se han creado grandes obras literarias y
conmovedoras poesías, muchas de las cuales se convierten en canciones. Sin
ellas, la vida no tendría sentido, señalaba.
En efecto, las dificultades, parte del quehacer humano, permiten, conforme a las
circunstancias, explorar alternativas y establecer mecanismos de solución,
aunque en ocasiones los desenlaces no sean los más satisfactorios. Sin embargo,
es necesario advertir que los desafíos siempre están en el horizonte y que
enfrentarlos es la mejor manera de labrar un destino acorde con el propósito de
vida forjado. Amar y desamar, odiar y perdonar, aprender y desaprender, recordar
y tratar de olvidar, son oxímoros que reflejan la complejidad y dualidad de
nuestras emociones y experiencias, derivados de las relaciones que necesitamos e
intensamente buscamos, para precisamente encontrar la felicidad, o tal vez, la
infelicidad.
En la soledad, los recuerdos y
aquellos extraños diálogos internos se convierten en una forma de interactuar
con quien no se tiene contacto pero que siempre está presente. Llegar del
trabajo, saludar y hablar con ese ser invisible al que de costumbre todo se le
contaba, ofrecer un apetitoso tinto y compartir la cotidianeidad.
Lamentablemente, al instante, todo es una fantasía, al fondo se observa un
recinto oscuro, las sillas vacías y la mente se nubla de congoja. O el tomar el
móvil para contarle el nuevo éxito o el estrepitoso fracaso.
Cada rincón de la casa, cada objeto cotidiano, cada detalle se convierte en un
eco de aquellas conversaciones, risas, silencios, elucubraciones y hasta
discusiones. Las paredes susurran sus palabras y el silencio se vuelve
ensordecedor. Mis cuitas se sienten como un río sin cauce que se desbordan sin
dirección. La ausencia es como un crudo invierno, donde el frío cala hasta los
huesos. Cada día es una lucha por encontrar sentido en la rutina, por llenar ese
vacío. La soledad es esa sombra que constantemente persigue, pero que también
enseña a valorar lo que se tuvo y a apreciar cada momento vivido.
Los días se suceden uno tras otro, y aunque el dolor de la ausencia nunca
desaparece, aprendo a vivir con él. Encuentro consuelo en las pequeñas cosas, en
el estudio, en mi trabajo, en los gestos de los demás, en el atardecer o en la
melodía de una canción. La esperanza de un reencuentro me da fuerza y, a su vez,
tristeza.
Muchas son las veces que le hablo e imagino sus respuestas y sus gestos, los que
por costumbre ya conozco.
Sí, sostengo con ella extraños diálogos, aunque lo que me acompañe sea su
ausencia. Ausencia que enseña que indefectiblemente el amor y el dolor son dos
caras de la misma moneda.
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