CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica
El Fino Arte de Ignorar: Una Perspectiva Budhista
La frase "Cuando la
conducta de los demás te afecta, estás perdiendo poder sobre ti. Aprende el fino
arte de ignorar"" es una profunda verdad que resuena en las enseñanzas budhistas.
Nuestras reacciones a las acciones de los demás son un reflejo de nuestro estado
mental interno. Al permitir que las acciones de otros nos perturben, estamos
cediendo nuestro poder personal y entregando las riendas de nuestra felicidad a
factores externos.
La Importancia de la Indiferencia
El budhismo no promueve la indiferencia como una forma de apatía, sino como una
herramienta para cultivar la paz interior. Al practicar la indiferencia, no
estamos negando la realidad de las acciones de los demás, sino que estamos
eligiendo no permitir que esas acciones nos definan o nos controlen.
La Mente como un Espejo
Imagina tu mente como un espejo. Cuando algo se refleja en un espejo, el espejo
no se altera. De manera similar, nuestra mente debería permanecer imperturbable
ante las acciones de los demás. Al permitir que las acciones negativas de otros
nos afecten, estamos ensuciando nuestro espejo mental y nublando nuestra
claridad.
Los Beneficios de Ignorar
Al practicar el arte de ignorar, podemos experimentar numerosos beneficios:
* Paz interior: Al no permitir que las acciones de los demás nos
perturben, experimentamos una mayor sensación de calma y tranquilidad.
* Libertad: Nos liberamos de la esclavitud de las opiniones y juicios de
los demás.
* Empoderamiento: Reconocemos que somos los únicos responsables de
nuestra felicidad y bienestar.
* Claridad mental: Nuestra mente se vuelve más clara y enfocada,
permitiéndonos tomar decisiones más sabias.
Cómo Practicar el Arte de Ignorar
* Mindfulness: La práctica de la atención plena nos ayuda a observar
nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos. |
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* Compasión:
Cultivar la compasión hacia nosotros mismos y hacia los demás nos permite
responder a las situaciones de manera más amable y compasiva.
* Aceptar la
Impermanencia: Reconocer que todo es temporal nos ayuda a desapegarnos de
los resultados.
* Practicar la Tolerancia: Aprender a aceptar las diferencias y las
imperfecciones de los demás.
En Conclusión, el arte de ignorar no es fácil de dominar, pero es una habilidad
valiosa que podemos cultivar a través de la práctica constante. Al elegir no
permitir que las acciones de los demás nos controlen, estamos tomando el control
de nuestra propia vida y experimentando una mayor sensación de libertad y paz
interior.
DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Por: Otoniel
Parra Arias
LA TRAGICOMEDIA NACIONAL TELEVISADA EN LA SEGUNDA
CASA DE LOS FAMOSOS NIVEL PRESIDENCIAL
Creo que muy pocos de los
interesados en las tragedias, los trucos y risueñas situaciones del país muy “chibchombiano”,
se perdieron la puesta en escena del primer consejo de ministros escenificado
para la televisión nacional con todos los condimentos necesarios para un buen
asado en plan de “digámonos la verdad y trapitos al aire”. Más o menos.
Ese consejo de gobierno presidencial con el máximo director de escena a la
cabeza, Gustavo Petro y la dirección técnica impecable de otro astuto maestro
del disfraz y la concatenación de escenas atrevidas al estilo del famoso y
malogrado director de cine italiano del siglo pasado Pier Paolo Pasolini, contó
con el factor sorpresa por todos los lados. Los primeros o últimos en enterarse
de que no estaban en una sesión normal de ministros en discreta confraternidad
fueron los mismos actores protagónicos, los ministros que reaccionaron de
diversas maneras al descubrir luego de iniciar sus discursos que como en los
programas de “cámara escondida” al estilo gringo estaban quedando ante el país
de frente, en sus trapitos sucios más íntimos y sin derecho a repetir alguna
escena, tal como era la TV, nacional en los inicios de los años 50s, con doña
Gloria Valencia y el genial Pacheco.
En mi opinión y la de otros autorizados comentaristas de radio, tv e internet,
los ministros cayeron en una deliciosa trampa ideada por una mente privilegiada
para sacarlos desnudos a la calle y sin derecho a cubrirse, para que cada quien
manifestara quienes eran los que les molestaban como compañeros en esa armónica
familia. |
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Al parece el autor que no dijo ni mú en esos tensos momentos fue
Benedetti, nuestro Federico Fellini autóctono, quien al parecer ya había abierto
su paraguas de cemento con el fin de recibir sin lesiones graves la sarta de
insultos y quejas de quienes de frente -eso fue lo bueno del show- lo atacaron
por sus antecedentes muy conocidos.
Pero a la final
parece que fue el ganador de ese rifi rafe dramatúrgico en el que algunos
cayeron en la trampa y en medio casi de sollozos patrióticos refrendaron su amor
al líder y sus quejas por las fallas del mismo al sacar del bombín de mago
pueblerino a las figuras contradictorias de Laura Sarabia, encumbrada a los
díscolos destinos de las relaciones internacionales con poca experiencia y poco
inglés y Armando Benedetti, esa especie de Fantomas, de entradas y salidas
funambulescas dentro de los más adustos ambientes de Colombia ante propios y
extraños.
Dicen que fue el ganador sin hablar y lo mejor, quedó con las cartas en la mano
para disponer la nueva partida burocrática aprovechándose de las indiscreciones
de algunos y algunas, calificado además por su amigo Petro como “el loquito
genial”.
Respecto al presidente, parece que no le salió bien la jugada si buscaba una
salida limpia respecto a sus altos funcionarios cuando desde el principio se
detectaron las enconadas pullas y críticas entre compañeros. O será que es un
nuevo estilo de gobierno para este tramo casi agonizante del poder en el que
recordando viejas enseñanzas de sus andanzas con el M19 se crearon propuestas
que inquietaron a muchos como el anuncio publicitario de ese movimiento
clandestino en los años 70s, del siglo XX, para lanzar al movimiento rebelde con
slogans como “gusanos? Muy pronto sabremos como combatirlos”, etc, y que muchos
interpretaron como el lanzamiento de un nuevo vermífugo, cuando lo que le venía
a Colombia era una nueva zaga de muerte y destrucción (palacio de justicia por
ejemplo), que hoy el mismo presidente cita con nostalgia tratando de volver a
grabar en la conciencia nacional a tal movimiento como impulsor de nuevos
parámetros decentes y limpios.

Ahora con el infierno del Catatumbo
en llamas consumiendo niños, mujeres y mayores o los pobres consulados en el
extranjero, “tomados” por burócratas de escaso nivel, respaldados por los padres
de la patria, este tema ciertamente no tenía cabida en ese singular consejo de
ministros que se bamboleó peligrosamente entre la tragedia y la comedia.
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