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COLUMNISTAS

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.423-1003

Fecha: Martes 25-02-2025

 

DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Por: Otoniel Parra Arias

 

“POR LA RAZÓN O LA FUERZA”, GUSTAVO PETRO ANUNCIA SU INTENCIÓN DE PROLONGAR SU MANDATO MÁS ALLÁ DEL 2026

 

Febrero 24 de 2025.- Ya casi está armado el tablero de ajedrez que servirá de base al actual presidente Gustavo Petro para hablar con propiedad sobre un nuevo gobierno que a la vez y “desde ya” sea la prolongación de su controvertido mandato, según los datos filtrados entre palabras de evocación poética sobre la tierra del olvido y un nuevo amanecer ese sí, fulgurante y promisorio según sus expresiones en Chicoral hace unos días, convertidas en alocución presidencial en todas las cadenas como corresponde a todo un jefe de estado.

Por lo regular en este tipo de alocuciones el presidente Petro utiliza elementos de dramaturgia que al parecer alguien muy relacionado con el teatro popular le sopla al oído y que en determinados momentos logra exitosos resultados.

Son diálogos con auditorios relativamente pequeños pero con todos los oídos electrónicos al máximo para garantizar que el mensaje llegue en directo a todo el país.

Para ello enfoca el mensaje como en esta ocasión dirigido a un grupo campesino supuestamente martirizado por una clase dirigente, -la actual clase dirigente del país- a la que luego trata en forma más amable cuando se trata de lograr convenios comerciales e industriales intergubernamentales.

Alocuciones dirigidas en ocasiones anteriores a los indígenas por las injusticias del pasado señalados como las víctimas de una clase blanca que los sigue apabullando desde poder industrial y comercial del estado.

En el discurso de Chicoral el presidente se mostró más claro que nunca y casi no tuvo necesidad de trastrocar pullas y pullitas mimetizadas en Aureliano Buendía y los esclavistas blancos del siglo antepasado para irse de frente y sin reversa como dicen por ahí: “a lo que vinimos”. Es decir a motivaciones claras para darle peso a una candidatura presidencial que si bien no se posible actualmente si empieza a mostrar quienes serán los caballos y alfiles de este ajedrez novedoso en el que los reglamentos y normas parecen no importar mucho.

Por eso como primer paso en este match, ajedrecístico sin protocolos anunciativos se escenificó el consejo de ministros “fuera de serie” con transmisión a todo el país que los mismos protagonistas desconocían y en el cual una ficha del tablero de forma increíble, la de Armandito Benedetti hizo de caballo rebelde para moverse sin importar el reglamento internacional por todo el tablero dándole pataditas a unos y a otros, demostrando quien era el nuevo rey de la manada.

Como resultado unas cuantas salidas de fichas molestas y la valiente oposición de unos ministros que le dijeron “no” al atrevido retador, como Susana Muhamad, pero quien siguiendo la biblia de Petro a la vez basada en el chavo del ocho, optó por el “como digo una cosa hoy, digo la otra”, arrepentida de su emocional retiro de gafas empañadas por las lágrimas, para aceptar continuar con su jefe al parecer hasta el final del mandato y más allá si es necesario.

 

 

Lo cierto es que Petro permitió la pancarta que anuncia su candidatura de reelección bajo la sigla del M19 y destapó casi todas las cartas montando el primer caballito de batalla de lo que será una dura campaña como es buscar el primer culpable, entre muchos creemos nosotros, de los desastres del pasado según su opinión.

 

Se trata del expresidente Misael Pastrana Borrero a quien acusó de creador y artífice

 

 

 

del narcotráfico junto a su hijo Andrés con idénticos señalamientos muy graves sobre los orígenes del desbarajuste gubernativo actual de Colombia.

 

Así Petro ha enterrado definitivamente el lema de la paz total y los proyectos de principios de su gobierno sobre un bienestar global para desenterrar hachas de guerra que aunque mohosas sirven para volver a poner a unos contra otros como en tiempos del dictador Rojas Pinilla.

 

Nacionalismo y fatalidad

Por: Guillermo Navarrete Hernandez

 

Desde 1776, los Estados Unidos de América se convirtieron en un referente en términos de su sistema democrático y económico, factores que contribuyeron a su ascenso como potencia mundial. Entre los elementos que influyeron en dicho crecimiento se destaca el papel de la religión, promotora de valores como la ética del trabajo, la honestidad, el ahorro y la caridad. Estos principios, junto con el activismo de denominaciones religiosas como la Iglesia congregacional, los presbiterianos y las reformadas holandesa y alemana, sentaron las bases para un desarrollo económico sostenido.

Este fenómeno no solo transformó la vida espiritual de las colonias, sino que también fomentó una cultura de responsabilidad individual y esfuerzo colectivo. Ideas que se alinearon con otros factores clave, como la existencia de un mercado unificado, un sistema político-legal favorable, abundantes recursos naturales y los avances de la Segunda Revolución Industrial, sumados al espíritu emprendedor y la inversión en capital.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la producción industrial y la exportación de bienes a Europa, en contraste con la devastación que sufrían las naciones de dicho continente, consolidaron el protagonismo de Estados Unidos en la política y la economía global.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) afianzó la hegemonía estadounidense, gracias a su contribución decisiva en la derrota de la Alemania nazi, la posterior reconstrucción de Europa mediante el Plan Marshall, la producción industrial masiva y desarrollo tecnológico.

La Guerra Fría, un conflicto ideológico desatado entre países de corte comunista y capitalista, lo erigió como líder del bloque occidental. Promovió la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. A través de estas dos instituciones financieras impulsó el neoliberalismo, modelo económico conveniente para sus intereses, especialmente en los países del sur global, que se vieron obligados a recurrir a créditos externos condicionados para financiar sus déficits fiscales.

Paralelo a lo descrito el apoyo a dictaduras en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional, pese a la demostrada y documentada violación sistemática de los Derechos Humanos. provocó una estela de inestabilidad política, desplazamientos masivos, cinturones de miseria en las goteras de las grandes ciudades y desigualdad social. Además, su invasión a Irak en 2003, justificada con la falsa excusa de la producción de armas químicas y respaldada por medios de comunicación afines, evidenció su intervencionismo.

En el caso de Colombia, está documentado que fueron norteamericanos los que introdujeron el narcotráfico al descubrir marihuana de alta calidad en la costa norte, de superior calidad a la que consumían sus tropas en Vietnam. Promovieron su cultivo en la Sierra Nevada de Santa Marta y La Guajira, para luego enviar cargamentos de la yerba en avionetas a su propio país. Paradójicamente, años más tarde, impusieron la llamada "guerra contra las drogas", con profundas secuelas económicas, sociales y de violencia para nuestra patria.

Con el ascenso al poder de Donald Trump, un mentiroso consagrado caracterizado por su retórica nacionalista, su desprecio por las

 

 

 

normas diplomáticas y su disposición a establecer alianzas cuestionables, la política hipócrita ya pasó de moda, es la desfachatez, la codicia, la chabacanería, el fanático nacionalismo y la fatalidad, las que se imponen y generan preocupación a nivel global.

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

El Alquimista Interior: Una Transformación Budhista

 

"El alquimista es aquel que deja de sentirse victima, para convertirse en el dueño de su propia existencia".

La alquimia, ancestralmente asociada a la transformación de metales básicos en oro, ha trascendido su significado literal para convertirse en un símbolo de la transformación personal. En el budhismo, esta metáfora cobra una profundidad especial, pues la práctica espiritual se entiende como un proceso continuo de refinamiento y transformación de la mente.

 

Según la filosofía budhista, cada individuo es el alquimista de su propia existencia. El sufrimiento, lejos de ser una fatalidad, se presenta como el crisol en el cual se forja la liberación. Al igual que el alquimista somete a los metales a intensas pruebas de fuego, el budhista enfrenta los desafíos de la vida como oportunidades para purificar su mente y cultivar cualidades como la paciencia, la compasión y la sabiduría.

De Sentirse Víctima al Creador

La visión budhista desafía la tendencia humana a sentirse víctima de las circunstancias. Al atribuir nuestro sufrimiento a factores externos, nos eximimos de la responsabilidad de cambiar nuestra situación. Sin embargo, el budhismo enseña que la mente es la fuente de todo sufrimiento.

 

Al igual que un alquimista puede transformar un metal base en oro, nosotros podemos transformar nuestra mente, llena de apegos, aversiones e ignorancia, en una mente clara y pacífica.

Los Ingredientes de la Transformación

Para emprender este viaje alquímico interior, el budhismo ofrece una serie de herramientas y prácticas:

* La atención plena (mindfulness): Al cultivar la atención plena, observamos nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos, lo que nos permite reconocer los patrones que generan sufrimiento.

* La meditación: A través de la meditación, desarrollamos la concentración y la introspección, lo que nos permite acceder a niveles más profundos de la mente.

* La compasión: Cultivar la compasión hacia nosotros mismos y hacia los demás nos ayuda a romper los ciclos de odio y rencor que alimentan el sufrimiento.

* La sabiduría: La sabiduría budhista nos enseña a ver las cosas como realmente son, sin ilusiones ni apegos.

El Oro Interior

El objetivo final de la alquimia budhista no es la acumulación de riquezas materiales, sino la realización de la naturaleza búdhica, la cual es intrínseca a todos los seres. Al igual que el oro se encuentra oculto dentro de la materia prima, la iluminación se encuentra oculta dentro de cada uno de nosotros. A través de la práctica espiritual, podemos desvelar este tesoro interior y vivir una vida plena y significativa.

En conclusión, la metáfora del alquimista nos invita a asumir la responsabilidad de nuestra propia transformación. Al igual que un alquimista paciente y perseverante, podemos convertir el plomo de nuestro sufrimiento en el oro de la liberación. El viaje puede ser largo y desafiante, pero la recompensa es incalculable: la paz interior y la libertad de ser quienes realmente somos.

 

 

 

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