CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por:
Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica
El
Poder Liberador del Mantra
"Yo Soy Libre de Toda Culpa"
El mantra
"Yo soy libre de toda culpa" es una poderosa afirmación que invita a una
profunda reflexión sobre nuestra relación con el error, el arrepentimiento y la
culpa. Si bien es cierto que somos responsables de nuestras acciones, la culpa
es una emoción que a menudo nos paraliza y nos impide avanzar. Este mantra nos
invita a liberarnos de esta carga emocional y a adoptar una perspectiva más
compasiva hacia nosotros mismos.
La Culpa: Un Obstáculo para el Crecimiento
La culpa es una emoción compleja que surge cuando creemos que hemos hecho algo
malo o que hemos fallado de alguna manera. Si bien la culpa puede servir como
un
mecanismo de aprendizaje, un exceso de culpa puede convertirse en una carga
emocional que nos impide avanzar y disfrutar de la vida.
La Responsabilidad sin Culpa
Ser responsable de nuestras acciones implica reconocer las consecuencias de
nuestros actos y tomar medidas para reparar cualquier daño causado. Sin embargo,
la responsabilidad no implica necesariamente sentir culpa. La culpa es una
emoción subjetiva que se basa en juicios morales y en la comparación con un
ideal de perfección que a menudo es inalcanzable.
El Mantra como Herramienta de Liberación
El mantra "Yo soy libre de toda culpa" nos invita a:
• Aceptar la imperfección: Todos cometemos errores. Aceptar nuestra humanidad y
nuestra imperfección es el primer paso hacia la liberación de la culpa.
•
Practicar la autocompasión: Trátate a ti mismo con la misma compasión y
comprensión que le ofrecerías a un amigo.
• Centrarse en el presente: En lugar de quedarte atrapado en el pasado,
concéntrate en el presente y en lo que puedes hacer ahora para mejorar tu vida.
• Cultivar la responsabilidad: La responsabilidad implica tomar decisiones
conscientes y asumir las consecuencias de nuestras acciones, sin dejarse
paralizar por la culpa.
Cómo Incorporar el Mantra en tu Vida
• Repetición consciente: Repite el mantra a diario, varias veces al día,
prestando atención a las sensaciones físicas
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y emocionales que surgen.
• Visualización: Visualízate libre de la carga de la culpa, flotando en un
espacio de paz y tranquilidad.
• Escritura: Escribe sobre tus experiencias con la culpa y cómo este mantra te
ayuda a transformarlas.
• Meditación: Utiliza el mantra como ancla durante la meditación para
profundizar en tu conexión contigo mismo.
Beneficios de Liberarse de la Culpa
• Mayor autoestima: Al liberarte de la culpa, te sentirás más seguro y confiado
en ti mismo.
• Mejores relaciones: La culpa puede dañar nuestras relaciones con los demás. Al
liberarte de ella, podrás establecer conexiones más auténticas y profundas.
• Mayor bienestar emocional: La culpa puede contribuir a la depresión, la
ansiedad y otros problemas de salud mental. Al liberarte de ella, experimentarás
una mayor sensación de bienestar.
• Mayor creatividad: La culpa puede inhibir nuestra creatividad. Al liberarte de
ella, podrás explorar nuevas ideas y posibilidades.
Conclusión
El mantra "Yo soy libre de toda culpa" es una
invitación a vivir una vida más plena y auténtica. Al liberarnos de la carga de
la culpa, podemos cultivar la autocompasión, fortalecer nuestras relaciones y
alcanzar nuestro máximo potencial. Recuerda que eres humano y que cometer
errores es parte de la vida. Lo importante es aprender de ellos y seguir
adelante.
Si tienes alguna inquietud o comentario, no dudes en ponerte en contacto conmigo
al correo gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp +57 314 623 83 08.
Aquellos extraños diálogos

Por: Guillermo Navarrete Hernandez
Hace unos días, al escuchar uno de
tantos podcasts que coloco en mi móvil para enterarme de los acontecimientos
diarios o para adquirir nuevos conocimientos sobre alguna materia, una
especialista en neurociencia
manifestaba que, gracias
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al dolor, el desamor y la soledad, se
han creado grandes obras literarias y conmovedoras poesías, muchas de las cuales
se convierten en canciones. Sin ellas, la vida no tendría sentido, señalaba.
En efecto, las dificultades, parte del quehacer humano, permiten, conforme a las
circunstancias, explorar alternativas y establecer mecanismos de solución,
aunque en ocasiones los desenlaces no sean los más satisfactorios. Sin embargo,
es necesario advertir que los desafíos siempre están en el horizonte y que
enfrentarlos es la mejor manera de labrar un destino acorde con el propósito de
vida forjado. Amar y desamar, odiar y perdonar, aprender y desaprender, recordar
y tratar de olvidar, son oxímoros que reflejan la complejidad y dualidad de
nuestras emociones y experiencias, derivados de las relaciones que necesitamos e
intensamente buscamos, para precisamente encontrar la felicidad, o tal vez, la
infelicidad.
En la soledad, los recuerdos y
aquellos extraños diálogos internos se convierten en una forma de interactuar
con quien no se tiene contacto pero que siempre está presente. Llegar del
trabajo, saludar y hablar con ese ser invisible al que de costumbre todo se le
contaba, ofrecer un apetitoso tinto y compartir la cotidianeidad.
Lamentablemente, al instante, todo es una fantasía, al fondo se observa un
recinto oscuro, las sillas vacías y la mente se nubla de congoja. O el tomar el
móvil para contarle el nuevo éxito o el estrepitoso fracaso.
Cada rincón de la casa, cada objeto cotidiano, cada detalle se convierte en un
eco de aquellas conversaciones, risas, silencios, elucubraciones y hasta
discusiones. Las paredes susurran sus palabras y el silencio se vuelve
ensordecedor. Mis cuitas se sienten como un río sin cauce que se desbordan sin
dirección. La ausencia es como un crudo invierno, donde el frío cala hasta los
huesos. Cada día es una lucha por encontrar sentido en la rutina, por llenar ese
vacío. La soledad es esa sombra que constantemente persigue, pero que también
enseña a valorar lo que se tuvo y a apreciar cada momento vivido.
Los días se suceden uno tras otro, y aunque el dolor de la ausencia nunca
desaparece, aprendo a vivir con él. Encuentro consuelo en las pequeñas cosas, en
el estudio, en mi trabajo, en los gestos de los demás, en el atardecer o en la
melodía de una canción. La esperanza de un reencuentro me da fuerza y, a su vez,
tristeza.
Muchas son las veces que le hablo e imagino sus respuestas y sus gestos, los que
por costumbre ya conozco.
Sí, sostengo con ella extraños diálogos, aunque lo que me acompañe sea su
ausencia. Ausencia que enseña que indefectiblemente el amor y el dolor son dos
caras de la misma moneda.
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