Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.436-1016

Fecha: Viernes 14-03-2025

 

EDITORIAL

 

Una razón frágil

 

En tiempos de incertidumbre, la capacidad de liderazgo se pone a prueba. La historia ha demostrado que las decisiones impulsivas, basadas en la ignorancia o en un malentendido voluntario de la realidad, tienen consecuencias devastadoras. La democracia, esa estructura que se sostiene en el debate informado y el consenso, no es inmune a los estragos de la incompetencia y la falta de previsión. Si algo ha quedado claro en el devenir de las naciones es que el desconocimiento de la historia y la soberbia de quienes ostentan el poder pueden convertirse en una amenaza para el bienestar colectivo.

El populismo, con su narrativa simplista y su desprecio por la experiencia acumulada, tiende a hacer estragos en las economías. Políticas económicas erráticas, decisiones sin sustento técnico y discursos incendiarios han conducido en múltiples ocasiones a crisis económicas que han terminado por debilitar a los propios gobiernos que las impulsaron. Los mercados, que funcionan sobre la base de la confianza y la estabilidad, reaccionan con pánico cuando perciben señales de desorden e improvisación. El resultado es una espiral de incertidumbre que no solo afecta a los inversionistas, sino también a los ciudadanos comunes, cuyas condiciones de vida dependen de la solidez de las instituciones.

La política internacional tampoco es ajena a los efectos de la arrogancia y la desinformación. El irrespeto por los acuerdos multilaterales, la toma de decisiones impulsivas y la hostilidad gratuita hacia los aliados terminan por socavar la posición de un país en el escenario global. La diplomacia, lejos de ser un lujo o una formalidad innecesaria, es el mecanismo que evita conflictos y mantiene el equilibrio entre naciones. No es casualidad que los periodos de mayor estabilidad mundial hayan estado marcados por liderazgos que comprendieron la importancia de la cooperación y el respeto mutuo.

El debilitamiento de las instituciones es otra de las consecuencias nefastas de la falta de previsión y el desprecio por el conocimiento. La creencia de que el gobierno puede manejarse como una empresa privada, con decisiones unilaterales y sin contrapesos, ignora la complejidad del aparato estatal y la importancia de la burocracia como garante del funcionamiento del país. La eficiencia mal entendida puede conducir a recortes indiscriminados, al desmantelamiento de estructuras clave y a una parálisis institucional que, lejos de generar desarrollo, provoca caos y desesperanza.

En tiempos de crisis, la sensatez es un bien escaso, pero imprescindible. La historia ha mostrado que los errores del pasado no pueden repetirse sin consecuencias. La democracia, aunque resiliente, no es indestructible. La erosión de sus principios fundamentales no ocurre de un día para otro, sino a través de pequeñas decisiones mal calculadas que, sumadas, la debilitan hasta hacerla irreconocible. En este panorama, el verdadero desafío es reconocer a tiempo los peligros que amenazan su existencia y actuar con la responsabilidad que exige el momento.

 

 

 

 

 

 

El ruido es tan tóxico como los gases de los autos

 

 

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

La gente ha optado por irse a vivir a las afueras de la ciudad como una forma de huir de todos los ruidos que en ella se escuchan. Antiguamente era el ruido de los gatos en el techo cuando el macho perseguía a la gata, sumado a la pelea final.

Las calles están llenas de todo tipo de perifoneo con los volúmenes que los decibeles hacen que las agujas se rompan igual que los tímpanos de los oídos. Lo interesante es que nadie se da cuenta lo insano que son esos ruidos. Los alcaldes, concejales y toda esa gente que se supone velan por el bienestar de los ciudadanos y de ellos mismos parecen sordos o que viven al ritmo de la fanfarria que los rodea.

Hay cantinas que con sus puertas abiertas dejan escapar sus sonidos de la buena música a un volumen que las fiestas patronales carecen de esos equipos para festejar su jolgorio. Nadie se da por enterado de lo que está pasando con la salud de la ciudad.

Los pueblos se van formando y creando un ambiente que a lo largo de la historia los identifica con lo que en ellos sucede en su vida cotidiana. Unos los identifican como dormilones, otros como rumberos, otros como Olafo el amargado.

Normalmente la gente a las ocho de la noche está ya en la cama porque a las cinco de la mañana madruga para irse al colegio o a trabajar. Esto son costumbres que normalmente se mantienen. El día comienza con el vendedor de mazamorra, plátanos, aguacates y pare de contar. Con el comprador de chatarra y las motos que hacen más volcán que el nevado del Ruiz.

Creo que ya me volví viejo al pensar que esto que está pasando, antes no me preocupaba tanto aunque siempre he vivido alejado del ruido. Pero yo recuerdo que esto no pasaba antes. La vida ha cambiado tanto que ahora uno se encuentra con cosas que parecen que salieran de la manga del mago del circo Egred Hermanos.

Creo que las alcaldía y los concejos no miran a su alrededor y viven en su propio circo sin darse cuenta que la ciudad está tan descuidada que uno se pregunta, ¿dónde están los alcalde?

 

 

 

GASTANDO PÓLVORA EN GALLINAZOS
Crónica #1075

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: https://youtu.be/N8JV0pMMYHo

 

En una pataleta más de niño consentido, o de paranoico avanzado, el presidente Petro reaccionó ante la determinación del Senado de no aprobarle su proyecto de reforma laboral con una algazara convocando, como siempre, al pueblo a las calles y anunciando la convocatoria de una consulta popular.

Lo del pueblo en las calles es un capital que malgastó y ya no puede girar sobre él. La gente no le sale. Y en cuanto a lo de la consulta, como que se les olvidó leer la Constitución y las leyes que rigen las convocatorias.

Una consulta se hace para que se responda sí o no sobre un tema determinado. Si lo que quiere es que se apruebe una reforma con fuerza de ley, existen las figuras del referéndum y del plebiscito, que ya ensayaron Uribe y Santos y fracasaron.

 

Preguntarle entonces al respetable si acepta o no la reforma laboral termina siendo una opinión que no es obligante como ley. No se entiende entonces su precipitud al anunciarla.

Pero si lo que buscan es desconocer al Congreso o aún clausurarlo por la vía indirecta, respaldado en el veto a la reforma laboral, es mejor que pregunte de frente y sin tapujos si lo que queremos es que el Congreso de la República se clausure y no ejerza más sus funciones.

Ahí entonces, con el apoyo del pueblo y dictando un simple decreto se habrá dado el golpe de estado o decretado la revolución que Petro dizque pretendía y que le dijo a un periódico español que había fracasado en liderar.

 

Sin embargo lo que verdaderamente hace aparecer como insensata la pretensión es que la ley 1751 del 2015 dice que una consulta es válida cuando haya participado no menos de la tercera parte de los electores que componen el respectivo censo electoral.

Con corte a 4 de marzo de 2025 el censo electoral de Colombia es de 40,963,370, la tercera parte sería 13,654,546. Petro lo que está es gastando pólvora en espantar los gallinazos que ya huelen la morriña de su régimen.

El Porce, marzo 14 del 2025

 

 

Director
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Editor

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Diagramación
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Colaboradores

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Gustavo Álvarez Gardeazábal

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