El Espermatozoide
Coronado

Por: Jotamario Arbeláez
(Pacho Santos, quien
acababa de convertirse en padre de Minín y lo proclamaba emocionado
a los cuatro vientos, acogió mi escrito bastardo y lo publicó, pero
sopló en una coda que yo respiraba por la herida porque me
encontraba ad portus de ser papá.)
La verdad es que en mi medio siglo de buenavida me cuidé
religiosamente de ser una reproductor o repoblador del planeta, ni
siquiera por perpetuar el apellido con el que solo hasta hoy firmo,
hasta que de tanto voleo cedió mi afán preservativo.
De despilfarrador de genes pasé a ser responsable del espermatozoide
coronado. Y el 5 de diciembre, día de Santa Cristina y para
completar de San Sabas, la mano poderosa extrajo del vientre
impoluto de mi enésima Claudia mi molecular primogénita, a quien
tatuamos inmediatamente en el antebrazo su nombre, María Salomé,
para
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evitar el riesgo de que nos la
cambiaran en el jaccuzi.
Asistí al parto debidamente
esterilizado con mi traje de médico y guantes de goma, pujé alalimón con mi
esposa y mi emoción fue incontenible ante el tren de la vida pidiendo pista.
Confieso que por andar preñado de preconceptos, parí borujos. Esos informes
paramédicos de revistas de variedades que concluyen en que la ingestión de algún
postre lisérgico predispone a malformaciones genéticas, ¡pura paja de
folletines!
La niña me miraba como proveniente del éter. Di un beso en la boca de la madre y
un gracias al cielo por el don que, feliz descuido, venía a llenar mi única
concavidad en la vida, salvo una muela.
Al día siguiente salimos con el lío del amor en los brazos mientras entraban a
la clínica enloquecidas camillas con agonizantes por la explosión de dinamita en
Paloquemao.
Bastante atroz bienvenida daba mi patria a la precoz ciudadana. Cocinado en
placeres desde la tierna adolescencia, sobre todo esos que tienen que ver con el
amor a la carne cruda, me había perdido el goce descendente de mirarse en unos
ojos que son el calco de los propios, dar la mano a una muestra gratis de la
existencia por entregas, contemplar el desarrollo del
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capullo y verlo echar a correr pateándonos la pelota.
Tengo que manifestar que en la cafetería de mi alma no cabe un tinto. Todo lo
tengo y si algo me faltara ya no lo necesité. Soy poeta premiado, prensado y
antologado, los expresidentes me brindan té, tengo puesto en la carroza de los
zares de la publicidad, mi madre vive en Cali leyendo a Proust, poseo luna
propia en el jardín de atrás, soy columnista de El Tiempo y con mis amigos
poetas vamos a tener noticiero de televisión.
La vida da más vueltas que un mapamundi. El último misófilo ha aprendido sin
pena a cambiar pañales, cantar nanas, buscar el chupo, despertarse a deshoras y
empujar el coche. Palabra de suegra es peor que sentencia de garitero; como
quien dice, apelación a los infiernos.
No es la primera vez en la vida que me retracto, pero si es la única en que lo
hago sinceramente. Rechazo todos mis anteriores pensamientos estériles, producto
de una mente condenada al sofá.
Doy la bienvenida amorosa a mi hija, ahora que los anónimos han cesado, y solo
espero la liberación de Pacho, para que sea el padrino de bautizo de María
Salomé. Te estamos esperando, Pacho, no tardes tanto.
Mayo 19 de 1991.
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