EDITORIAL
Una deuda
pendiente
La seguridad alimentaria es un
derecho fundamental, pero para muchos niños sigue siendo un
privilegio inalcanzable. La desnutrición infantil no es solo un
problema de salud, sino un reflejo de desigualdades estructurales
que perpetúan la pobreza y limitan el desarrollo de generaciones
enteras.
El impacto de la desnutrición crónica en la infancia es devastador.
No solo afecta el crecimiento físico, sino que también limita el
desarrollo cognitivo, comprometiendo las oportunidades futuras de
quienes la padecen. Los niños con deficiencias nutricionales
enfrentan dificultades de aprendizaje, menor rendimiento escolar y,
en el largo plazo, menos posibilidades de acceder a empleos dignos.
En otras palabras, la pobreza alimenta más pobreza.
Las cifras sobre la inseguridad alimentaria en la niñez son
alarmantes. En muchos hogares, garantizar tres comidas al día es un
desafío que parece insalvable, especialmente en zonas rurales y en
aquellos hogares encabezados por mujeres. Las condiciones económicas
de estas familias dificultan el acceso a una alimentación adecuada,
generando un círculo vicioso que solo puede romperse con políticas
públicas efectivas y sostenibles.
Combatir la desnutrición infantil no solo es un imperativo moral,
sino una inversión en el futuro. Se requieren estrategias integrales
que vayan más allá de la asistencia temporal y aborden las causas
estructurales del problema. Promover la lactancia materna, facilitar
el acceso a alimentos nutritivos y garantizar educación para las
madres son medidas fundamentales. Asimismo, el fortalecimiento de
programas de producción alimentaria en comunidades vulnerables ha
demostrado ser una alternativa viable para mejorar la seguridad
alimentaria en el hogar.
No se puede seguir normalizando que miles de niños crezcan con
hambre en un país con los recursos suficientes para evitarlo. La
desnutrición infantil es una deuda pendiente que exige voluntad
política, inversión y compromiso social. Es hora de garantizar que
todos los niños tengan acceso a una alimentación adecuada y a un
futuro con mejores oportunidades.
.jpg) |
|
Hay tantos
enemigos del bienestar de la nación, que nos quieren confundir

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Las experiencias que han vivido los colombianos por
más de un siglo sobre el mal trato que se le ha dado al país es una
larga historia. Hablar sobre ese maltrato es escribir un tratado
sobre vejaciones, atropellos y crímenes.
Hoy en día han salido a la luz las verdades de muchos hechos atroces
que no pasaron como se pensó, sino que fueron orquestados por esos
enemigos del país y que manejaban medios de comunicación. La
ignorancia del pueblo ha sido la perfecta aliada de esas personas. Y
aún siguen jugando en primera división como si nada pasara.
La labor de los filósofos es abrir puertas y mostrar la realidad.
Trazar caminos y dejar que los buenos oficios de las personas sanas,
con la capacidad de la razonabilidad y visión del futuro asuman la
responsabilidad de guiar a quienes necesita esa orientación. Porque
hay mucho que con pocas palabras saben cuál es el camino correcto.
La maldad en Colombia es grande, pero es mucho más fuerte la
sociedad que rechaza esos malévolos y se defiende para no terminar
absorbidos por esa aspiradora infernal. Eso es lo que se ha logrado
hacer durante décadas para salir adelante mientras las corrientes
adversas tocan a la puerta.
La historia real del asesinato de Gaitán no es como la presentaron
originalmente. Lo que sí es real es que este hecho lo usaron para
destruir la nación.
De tanto en tanto aparecen hechos que los presentan de una forma y
terminan al final tal como se maquinaron hacerlo ver. Falsos
positivos. Así podemos seguir y seguir hablando de hechos que no
fueron como la gente se imagina que pasó o se maquinó.
La historia de Colombia está plagada de mentiras y por eso es que el
país está como está. Los políticos han sido los verdaderos maestros
haciendo escuela y educando al pueblo para que acepten sus
enseñanzas.
Hoy por lo menos hay una sociedad medio educada, que lee y se
comunica por las redes y trasmite mensajes que recogen de gente que
dice cosas sin ningún respaldo verídico. Pero les creen y se afilian
a esas tendencias.
Ahora tu defines si eres un ser que sabe racionalizar
independientemente, o acepta lo que dice el predicador porque está
escrito y esa es la verdad infalible.
|
|
WASAP NOS DEJARÁ MUDOS
Crónica #1081

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=a62MzXzfMeA
Se nos está olvidando hablar por el celular que reemplazó al teléfono, el
contagio de comunicarnos por medio de mensajes escritos a través del wasap está
matando el intercambio verbal, salvo, cuando queremos hacer videollamadas,
preferimos la palabra escrita que la pronunciada.
El mundo ha cambiado vertiginosamente, hace 36 años, cuando fui alcalde
primigenio en Tuluá, tuve la inmensa satisfacción de hacer la llamada telefónica
inicial por la planta digital japonesa de diez mil líneas que acabábamos de
inaugurar. Hoy en día TELETULUÁ ya no existe y las líneas telefónicas de ETB en
Bogotá o de EMCALI en la capital del valle son apenas reliquias vivientes que se
sostienen absurdamente, dejando perdidas económicas. Se las comió la modernidad
y no se montaron en la carrosa veloz de los algoritmos y las redes.
Hoy todo colombiano tiene su celular y en la medida en que aumenten el
cubrimiento de la señal, lo usaran hasta en las perdidas selvas de la Amazonia.
No conozco estadísticas, pero seguramente los acuciosos de Raddar, con doble d,
deben estar haciendo encuestas para saber cuantos compatriotas de cada diez
todavía usamos la comunicación verbal por encima de la escrita.
Con el paso de los días, es decir, pasado mañana, la falta de
intercomunicación por voz nos puede llevar a un grado de mudez peligroso,
aunque, hay que decirlo, el que ya casi no hablemos nos aleja de la violencia,
que casi siempre comienza por un alegato y termina siendo un acto de venganza.
Repetir entonces la vanida disculpa "es que me insultó", ya no podrá ser
valida. Escribir un insulto no sabe a lo mismo que gritarlo, contestar con ira
por mensaje escrito de wasap no provoca tanta furia como vociferarlo.
Miren otra vez el discurso de Petro el día que llenó la plaza y ausente de toda
magnanimidad, despilfarro el momento cumbre, por vengarse verbalmente de quienes
le atajan sus reformas. Prefirió palabrear agresivamente que ordenar el cierre
del Congreso.
El Porce, marzo 22 del 2025
|