Pereira, Colombia - Edición: 13.443-1023 Fecha: Sábado 22-03-2025 |
COLUMNISTA |
|
-11 |
||||
Los viejóvenes
Por: Jotamario Arbeláez
Niños que éramos en el barrio San Nicolás, sin dinero aún para comprar un balón, un vecino del pasaje nos regaló el primero, al que un policía que nos tenía bronca le pegó un tiro. Levemente traumatizados, después de que jugábamos en el parque a las canicas, a la Lleva, Rayuela o La libertad, que era la de policías y bandidos en la que la mayoría pedíamos ser de los últimos para liberar a los otros, nos sentábamos en el pasto a comer las pepitas rojas de las matas de coca sembradas por la Alcaldía, y a especular acerca de lo que nos gustaría ser cuando grandes. Víctor Mario se pedía ser aviador, como llegó a serlo, el “negro” Mañosca quería ser timbalero y lo sigue siendo, Luis Alfonso Ramírez caballero de la alegre figura en camino hacia la cima de la montaña, Ramiro Montoya viajero impenitente en todos los trenes a estaciones desconocidas, mi primo Fabio Ramos sastre y a la vez picaflor y aún sigue pica que pica, Humberto Pérsico decidió ejercer como fetichista, Julio Jaramillo ayudante de ginecólogo, pero pronto se aburrió de ver entrepiernas, Julio Portocarrero norteamericanizarse y lo consiguió y Dimitri boxeador hasta que le hicieron tirar la toalla a coñazos.
Yo quería ser presidente de la república, pero de una manera empírica porque en casa no había dinero para ponerme a estudiar derecho. Me tocaría coger fama de atarbán y de puñetero, de irreverente, de procaz y de mientamadres a ver sí así alguna vez –como vimos que sucediera– esos fueran valores que me valdrían para proponerme como candidato en este país del desangrado corazón de Jesús. Mi tío padrino Picuenigua, que además de liberal quiebra “pájaros” era pertinaz tumbalocas, me sopló que me iría bien si me resolvía a ser poeta como Amado Nervo, Porfirio Barba-Jacob o Manuel Acuña, y a la vez amante latino o macho alfa como Rodolfo Valentino, Porfirio Rubirosa, Anthony Quinn y Carlos Gardel. Y para empezar me regaló El arte de amar de Ovidio y el de Erich Fromm, El tapiz del amor celeste de Li-yun y El yate del amor perverso de Nathan Ashburton. Con eso tuve. Para que no me olvidara de la política, La técnica del golpe de estado, La Violencia en Colombia y El Cristo de espaldas me los regaló el tío Emilio, Mi mamá una edición preciosa de la Biblia de Cipriano de Valera revisada por Casiodoro de Reina que es mi tesoro, Y para completar la carrera pícara Pérsico me inició con Cáncer de Miller y en la Plaza de Santa Rosa encontré un ejemplar subrayado de La filosofía del tocador del Marqués de
|
Sade, El coño de Irene de Louis Aragón y Las once mil vergas de Apollinaire.
Pero a decir verdad solo vine a graduarme con Mi vida y mis amores de Frank
Harris y con La novela de la lujuria de Anónimo. De esa manera comenzó a armarse
mi biblioteca, y de paso yo. |
|
Guinnes. Cuando a lo que debí apuntarme en consciencia desde el principio sería a merecer el Nobel, el Cervantes o el Reina Sofía. Casi todos los otros me los gané en franca lid, como el Cid. Los libros, los licores y las mujeres, todo se agota. Recuerdo cuando pasaba por la ventana de la casa de las agujas con una carretilla de mano un comprador callejero gritando: “¡Compro frascos y botellas vacíos!”. Y más adelante: “¡Libros viejos y ya leídos!”. Pienso ahora que le quedó faltando: “¡Y mujeres usadas!”. Así como detrás de él venía un vendedor con una inmensa bandeja a voz en cuello ofreciendo: “Las panooochas calientes”, que son una especie de arepas, en el buen sentido de la palabra.
Para evitar a mi madre el espectáculo de mis maculados pantaloncillos a expensas de la tomadera y el toma y daca tomé las de Villadiego, es decir hace 50 años las de Bogotá y ahora las de Villa de Leyva. No tenía un peso en el bolsillo y podía exclamar como Philip Roth en El lamento de Pornoy que “el pene era lo único que podía considerar realmente mío”. Otros compañeros llegaron igualmente mozuelos a la capital con una mano adelante y otra atrás. Yo me quité la delantera mientras otros lo hacían con la trasera, y todos sobrevivimos porque la poesía abarca todos los géneros.
Una de las mujeres de cuando decidí
emparejarme –a la que le daba sopa y seco desde la hora del desayuno- consultó
con un médico, un psiquiatra y hasta con un sacerdote, cómo hacer para conjurar
mi ya insoportable satiriasis, y los tres le dijeron que querían tener una cita
privada conmigo para que les contara lo que comía o consumía. La causa de mi
priapismo equívoco, porque a mí si se me paraba para lo propio, debió haber sido
la lectura de los libros prohibidos, sobre todo de la colección La sonrisa
vertical que dirigía el cineísta Berlanga. Teniendo en cuenta que desde muy
joven lo único exótico que me comía eran las uñas, de las que no he oído que
tuvieran propiedades afrodisíacas. |
|
|
|||||||
© El Imparcial Editores S.A.S
| Contacto
57 606 347
7079
© 1948-2009 - 2025 - El
Imparcial - La idea y concepto de este periódico
fue hecho en Online Periodical Format (OPF) que es un
Copyright de ZahurK.
Queda prohibido el uso de este formato e idea (OPF) sin previa autorización
escrita de ZahurK |