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Fundado el 18 julio de 1948 - Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981 Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –
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Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial |
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EDITORIAL |
Pereira, Colombia - Edición: 13.762-1342 Fecha: Domingo 08-03-2026 |
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SOBRE AUTONOMÍA SOCIAL
Por: Zahur Klemath Zapata
No nos podemos quejar de la
democracia; la democracia es: Cuando se eligen a individuos para que gobiernen a
los electores a su saber y antojo sin que los electores puedan reclamar por los
actos de los elegidos.
¿Entonces por qué apoyar el concepto de democracia?
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considere adecuado en una sociedad que
entre todos han construido. Todo esto basado en la autonomía de los
individuos que son los que representan la nación, el Estado y las
instituciones. Cuando se pueda entender este concepto, podemos
considerarnos seres libres y autónomos. De lo contrario seremos
esclavos de quienes representan la democracia.
La sociedad ha logrado evolucionar paulatinamente a través de experiencias obtenidas en el manejo del Estado donde el individuo es conducido como borrego por los políticos de turno. Este manejo lo ha llevado a los más horribles holocaustos donde no ha habido escapatoria parac ninguna persona que viva en ese dominio.
Ya hemos llegado al primer eslabón del comienzo de una nueva era donde el ser humano reconoce su individualidad social y como parte de esa unidad que es la sociedad. Por eso este reconocimiento de sí lo hace apartarse del político y de aquellos que pretenden gobernar a una sociedad que está alerta de los movimientos de quienes se lucran del esfuerzo social y que al final son los políticos y los banqueros.
La democracia es la mayor generadora de crimen y corrupción, es solo mirar las estadísticas desde que se conoce como tal. Y allí encontrará la respuesta a todas las desgracias que la humanidad vive.
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Justo y Votar
La convulsión propia de la incertidumbre natural y de la complejidad humana en lo disruptivo, de que el Pacto Histórico haya ganado las elecciones presidenciales 2022-2026 aún causa escozor y resentimiento a quienes estaban acostumbrados a ganar en franca ley, o por las malas, sea mediante la intimidación de las armas o a través del escrutinio a cargo del software concesionado a la familia Bautista.
Y les arde, porque a la ideología neoliberal del capitalismo violento que argumenta que el Estado debe de ser reducido al mínimo para que la naturaleza y el trabajo humano pueda tener un alto plusvalor en el sector privado y hacer tanto con la naturaleza y el trabajo humano como si fuese un coto de caza para divertimento y entrenamiento en la escuela de sicarios que han extendido por todo el territorio nacional. Así, con la propaganda de la seguridad, impulsar el asesinato contra el robo y el hurto, cuando los representantes, políticos y empresarios neoliberales en la acumulación del capital, se han convertido en los mayores ladrones.
Y entonces, quienes ahora se han visto privados de
usufructuar la empresa social del Estado, devaluando el activo patrimonial de la
naturaleza y acumulando el plustrabajo, con lo cual venían degradando a las
ciudadanías libres de las multitudes humanas campesinas y obreras desde hace
quinientos años tanto como sus descendientes criollos republicanos desde hace
más de doscientos años mediante la instrumentalización de las fuerzas militares
y de policía, para con el miedo y la intimidación imponer en todos los sectores
la política pública hematófaga, la de los vampiros que se alimentan de sangre.
Así los denomina el presidente Gustavo Petro, a esos que tienen apropiado el
erario y ahora son oposición.
El Pacto Histórico constituido por los movimientos y partidos
políticos progresistas representa la humanización de la política, porque, ante
todo, las personas. Es aquí donde su propuesta de política pública es fuerte, y
es ahí cuando se alza la voz para anunciar que el cambio continúa con la
revolución ética que consiste en el arte de administrar la cosa pública
orientando las acciones individuales y colectivas para lograr una vida justa,
libre y responsable, buscando el bien común y la buena vida en paz.
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Más Allá del Grano: El Salto Industrial que el Eje Cafetero no Puede Postergar
Durante décadas, el Eje Cafetero ha sido el corazón palpitante de la identidad colombiana, pero hoy se encuentra en una encrucijada que define su supervivencia económica. No basta con ser los mejores cultivadores del mundo si seguimos entregando la riqueza procesada a naciones que no tienen ni un solo árbol de café en su suelo. La nota editorial de hoy en El Imparcial se centra en una verdad incómoda: nuestra dependencia de la exportación de materia prima es una trampa de pobreza disfrazada de tradición. Mientras el precio internacional del café fluctúa al vaivén de la bolsa de Nueva York, las familias campesinas en Risaralda, Quindío y Caldas sufren las consecuencias de una rentabilidad mínima. La solución no es producir más sacos, sino producir mejores soluciones industriales.
La industrialización local no es un capricho técnico, es una urgencia social. Al transformar el grano en origen —mediante procesos de liofilización, extracción de aceites, elaboración de productos cosméticos o simplemente el tostado de alta precisión— estamos reteniendo el valor que hoy se queda en los puertos de Europa o Estados Unidos. Es doloroso ver cómo el café que sale de nuestras montañas regresa meses después en cápsulas de plástico, vendido a diez veces su precio original. Para romper este ciclo, Colombia necesita una política clara que fomente la creación de plantas de procesamiento regionales y centros de innovación tecnológica. El Eje Cafetero debe dejar de ser solo un paisaje hermoso para convertirse en un clúster de biotecnología aplicada al café.
Humanizar la economía significa entender que detrás de cada cifra hay un recolector que no quiere que sus hijos pasen las mismas penurias. La tecnología debe ser la herramienta para que el joven caficultor vea en su finca una empresa tecnológica y no solo una carga física extenuante. Si logramos integrar la inteligencia de datos para optimizar cultivos y, simultáneamente, instalamos capacidad industrial en nuestros municipios, estaremos blindando a la región contra las crisis globales. El momento de dar el salto es ahora; el mundo pide calidad y trazabilidad, y nadie conoce el producto mejor que nosotros. Es hora de que el Eje Cafetero deje de exportar sus sueños en bultos de fique para empezar a vender el futuro en paquetes terminados con sello de origen.
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Beyond the Bean: The Industrial Leap the Coffee Axis Cannot Postpone
For decades, the Coffee Axis has been the beating heart of Colombian identity, but today it stands at a crossroads that defines its economic survival. It is not enough to be the best growers in the world if we continue to hand over processed wealth to nations that do not have a single coffee tree on their soil. Today’s editorial in El Imparcial focuses on an uncomfortable truth: our dependence on raw material exports is a poverty trap disguised as tradition. While the international price of coffee fluctuates at the whim of the New York Stock Exchange, peasant families in Risaralda, Quindío, and Caldas suffer the consequences of minimal profitability. The solution is not to produce more sacks, but to produce better industrial solutions.
Local industrialization is not a technical whim; it is a social urgency. By transforming the bean at its source—through freeze-drying processes, oil extraction, the creation of cosmetic products, or simply high-precision roasting—we are retaining the value that currently stays in the ports of Europe or the United States. It is painful to see how the coffee that leaves our mountains returns months later in plastic capsules, sold at ten times its original price. To break this cycle, Colombia needs a clear policy that encourages the creation of regional processing plants and technological innovation centers. The Coffee Axis must stop being just a beautiful landscape and become a biotechnology cluster applied to coffee.
Humanizing the economy means understanding that behind every figure there is a picker who does not want their children to go through the same hardships. Technology must be the tool so that the young coffee farmer sees their farm as a tech company and not just an exhausting physical burden. If we manage to integrate data intelligence to optimize crops and, simultaneously, install industrial capacity in our municipalities, we will be shielding the region against global crises. The time to make the leap is now; the world demands quality and traceability, and no one knows the product better than we do. It is time for the Coffee Axis to stop exporting its dreams in jute bags to start selling the future in finished packages with a seal of origin. This industrial transition is the only way to ensure that the wealth generated by our land actually stays in the hands of those who work it. We must move from being simple observers of the global market to becoming the owners of our own industrial destiny, ensuring that the aroma of our progress is felt as strongly as the aroma of our morning cup.
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