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Pereira, Colombia - Edición: 13.762-1342 Fecha: Domingo 08-03-2026 |
COLUMNISTA |
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Carne de diablo para la familia
Por: Jotamario Arbeláez
Me cuidé en mi primera juventud de contraer matrimonio, como hizo la
mayoría de mis amigos anarquistas, agnósticos y misógamos, por la
sola razón de que las relaciones por ese tiempo eran más que
efímeras, y la revancha de las mujeres con los maridos abiertos era
no dejarles volver a ver a sus hijos, y menos si no sufragaban sus
manutenciones. |
indeseable separación. No me sentí capaz de sugerir el aborto de semejante
culicagada cuya matriz inauguraba, y en vez de pedir su mano di el brazo a
torcer, pero sólo el brazo. Ha toda una vida, ya pagamos la casa, nació el
varón, y aquí seguimos en idénticos arrumacos. |
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carnita cocida, que sabía a marrano. Un día uno de los jóvenes sacerdotisos de La Misión —que así se llama la secta— les preguntó que cómo sentían el condumio y ellos le contestaron, ingenuamente, que bueno. Pues ahora viene lo mejor, les dijo les condujo a la olla, alzó la tapa, y vieron horrorizados cómo extraía de ella por los pelos una cabeza humeante. Ese día iban a culminar con el “plato fuerte”. De alguna forma la señora logró llamar a su hermana, ésta avisó a la policía y aquesta —siguiendo rastros telefónicos— rescató a la familia, capturó a los sectarios, mas no al misterioso padrastro. La pregunta es, ¿es verdad? ¿O será que la empuercada señora quiere ahora enlodar al postrer amante con un cuento chino de espantos para lograr el perdón del heroico titular? En caso tal que no alegue que, como éste no le pasaba billuyo para el bitute, eso la condujo, así fuera a la fuerza, a deglutir con sus polluelos carne de ser humano muerto con los adobos del infierno.
Que además de que se le engullan a la mujer, ésta conduzca a la familia del pobre diablo a papear carne humana en la caldera del colega, no tiene perdón de Dios, con perdón de las feministas. Esto lo leí el día de la madre, y la madre que casi me vomito sobre el periódico y sobre la epístola de San Pablo.
A partir de la fecha, mi mujer, mis hijos y yo, nos hemos convertido en vegetarianos. Botamos toda la carne de diablo que teníamos en la despensa, igual que las de res y marrano. Nos están llegando prospectos. Y mañana tenemos cita con algunos discípulos de Samael Aun Weor. ¿O será peor?
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