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Pereira, Colombia - Edición: 13.762-1342 Fecha: Domingo 08-03-2026 |
CUENTO |
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QUÉ LEE GARDEAZÁBAL
El Cincel y la Pluma
Oscar López Pulecio
Editó Univalle
Audio: https://youtu.be/zHD6_pNaItQ
El oficio de columnista da el tránsito a ser considerado parte de la literatura, sin que la Academia o los defensores del purismo peguen el grito en el cielo, cuando sus producidos se reúnen en un solo tomo y le dan categoría de género a las columnas escogidas.
De igual manera, la posibilidad de leer las opiniones contenidas en la estrechez de una columna se amplían cuando hay una colección de ellas. Pero, más aún, se potencian así mismas y permiten valorar en positivo la capacidad literaria de quien las escribe aunque, curiosamente bañan de perdón y olvido el que fueron textos casi siempre escritos en la premura del cierre de edición del diario donde se publicaron y que casi nunca alcanzan a ser madurados para corregirles o al menos reformarles.
Contra ese paredón de verdades hay entonces que poner el libro de Oscar López Pulecio, secretario casi perpetuo de la rectoría de la Universidad del Valle y columnista por muchos años del semi-
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desaparecido diario impreso de El País de Cali y de las páginas digitales de Las 2 orillas.
Y puestas entonces
frente al pelotón de fusilamiento del lector suficiente, lo que se resalta es
mucho mayor y beneficioso que la hojarasca multicultural en el que López Pulecio
ha querido envolver siempre su prosa.
Quienes fuimos
contemporáneos universitarios de López Pulecio, y desde entonces apreciamos su
valía como escritor y su indefectible respeto a las normas y apreciaciones que
rigen las sanas costumbres de la gente de bien, entendemos mejor su pensamiento
leyendo esta maravillosa colección de artículos breves y, para abrirle un nicho
en la historia literaria nacional, nos despojamos del fastidio que genera
humillar con la sapiencia porque son columnas periodísticas tan bien pensadas,
tan bien redactadas, tan hábilmente montadas, que bien merecen ese espacio de
reconocimiento en esta tierra colombiana que construyó su pasado midiendo la
calidad de los versos de sus presidentes y pretendió cuidar más la forma que el
contenido.
Agrimensor Bene Nio
Por: Juan Rodolfo Wilcock
"Agrimensor Bene Nio", por el autor argentino Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978). 10 Nov 2010
Es notable la cantidad de partes y de órganos que puede perder una persona y
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aun así seguir incólume, o casi. Como una estatua antigua, con apenas cincuenta y cinco años de edad el agrimensor Bene Nio ya ha perdido las piernas y los brazos, buena parte de la pelvis, el hombro derecho, además le falta casi toda la mitad izquierda de la cabeza y también el ojo y la oreja derechos, y por eso ya no ve ni oye; le ha desaparecido la nariz, y la lengua -o lo que queda de ella- está parcialmente al descubierto y se le ha endurecido de modo tal que no se entiende bien lo que dice. Vive sentado, si puede decirse así, en una especie de silla de ruedas que parece más bien un carrito para hacer las compras, y dentro de este carrito, embutido y atado para evitar que se caiga, está el agrimensor Nio.
Manos solícitas lo llevan de un lado al otro, oídos todavía sanos escuchan sus órdenes y las interpretan; porque el agrimensor, afecto desde siempre a las tareas del campo y a los nuevos métodos de avanzada, es hombre de una actividad envidiable. Es dueño de una serie de cañadas, montes y barrancos en el Alto Lazio, terreno arcilloso y friable que el agrimensor Nio se ha propuesto sanear con numerosos proyectos que le ocupan todo su tiempo. Antes que nada, el proyecto de irrigación, que se nutre de dos grandes manantiales permanentes existentes en la propiedad y que en pocos años promete transformar esos desiertos en una tierra prometida.
Luego, el proyecto
de forestación que, con la ayuda de la Dirección Forestal, transformará en pocos
decenios esa tierra prometida en un jardín colgante. Mientras tanto el
agrimensor Nio está haciendo cercar todo con sólidos postes de cemento y con una
red de dos metros de alto, para después meter dentro toda clase de animales y de
aves exóticas, y transformar ese jardín colgante en un Edén. El proyecto de
riego prevé una hermosa piscina olímpica para uso particular del agrimensor (o
de lo que queda de él), ya que el agua de los manantiales es más que abundante.
Después construirá, en los puntos más panorámicos, media docena de pabellones de
caza o de descanso, comunicados entre sí por cómodos senderos asfaltados; todos
contarán con luz, teléfono y demás servicios indispensables para la vida
moderna. El agrimensor Nio piensa terminar este paraíso en apenas veinte o
treinta años, luego de lo cual espera vivir allí: después de todo aún es joven.
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