Fundado el 18 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.859-1439

Fecha: Sábado 13-06-2026

 

Si la gente no se empodera vivirán sometidos

 

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

A raíz de las notas que he escrito sobre viajar en avión hacia Colombia es una experiencia que cada vez es inesperada. Cuando es una persona que le cuenta su experiencia uno siente simpatía por ella, pero si no es una sola persona sino que ya pasa los límites, es casi el principio de una pandemia que se vuelve preocupante.

De Cartagena me llaman y me cuentan lo que está pasando en el aeropuerto. Aviones que no llegan a tiempo y pasajeros que no pueden viajar y tienen que pagar su hotel porque la aerolínea se niega a cumplir con esa obligación.

La nueva modalidad es que venden tiquetes a precios de promoción y no le garantizan que usted va a salir a la hora que ellos dicen. Siempre hay problemas y nadie responde del gobierno o revisa que a los pasajeros les den el tratamiento por el cual están pagando. El dinero no llega a los bolsillos de los viajeros como caen las hojas en otoño. Cuanto sacrificio se ha puesto para alcanzar ese viaje que se han propuesto realizar.

Llevo casi dos meces en Colombia, muy rara vez vengo por estos lados. Este es un país hermoso con todo lo que otros desearían tener. A sus gentes la ve uno

 

 

 

como si algo les faltara, están luchando y construyendo su futuro como mejor lo pueden hacer. Pero el establecimiento posee unas tijeras y con habilidad de sastre van cortando pieza por pieza hasta ir moldeando al ciudadano como ellos quieren que actúen. El ciudadano no tiene ningún poder sobre el establecimiento, no puede reclamar sus derechos en nada porque no hay quien los escuche.

 

En época electoral todos ellos están tras los votos para que los elijan porque de esta forma pueden manipular con mayor certeza al rebaño que va en dirección hacia donde los perros de brega los lleva. El ciudadano no ve que él es el dueño del poder y no lo quiere ejercer, su ignorancia lo hace seguir al líder porque le ofrece todo tipo de dádivas para ganar su simpatía y crean que él es la salvación. Cosa que nunca será así.

¿Qué líder moderno ha salvado al mundo?

Todos ellos ahora son los dueños de los estados o naciones.

El ejemplo de las aerolínea es patético, ahora son empresas que solo ven en el pasajero dólares que pueden obtener sin que ellos puedan reclamar sus derechos porque no tienen el amparo del establecimiento. Las cosas se van a poner peores a medida que la gasolina suba sus precios y ellos se ven obligados a presionar al pasajero a que cumplan las reglas que ellos impongan y el pasajero no tendrá como defenderse de esas reglamentaciones impuestas.

Volamos o nos quedamos porque no tenemos el poder de elegir lo que realmente nos conviene.

 

 

 

 

MANATÍ

 

Crónica #1372

 

 


Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: https://youtu.be/QzEaKrP02mk.

 

Colombia parece haber despertado de un sueño y como tal ha adquirido por estos días la conciencia de que los manatíes hacen parte del patrimonio nacional. En Barranquilla y en Barrancabermeja se han estado gestando últimamente sendas entidades de defensa y protección de este mamífero de aguas de rio que poblara antaño las corrientes del Magdalena y se regara por caños, ciénagas y afluentes.

Yo oí hablar del manatí cuando la olvidada escritora vallecaucana Nelly Domínguez Vásquez publicara en Madrid en 1961 su novela sobre el capitán de uno de los buques que subían y bajaban por el rio de Barranca a Barranquilla, quien se enamora de una manatí hembra y pretende hacer el amor con ella, repitiendo con un sabor más femenino lo que desde antaño los costeños adolescentes hacían con las burras para entrenarse a domicilio en las experiencias sexuales.

La novela, titulada MANATÍ, escrita y publicada seis años antes de la novela cumbre de García Márquez, no recibió toda la crítica favorable que merecía pese a ser un anticipo castizo del tsunami del realismo mágico que se impondría desde Macondo.

La tradición del rio con esta ballena de agua dulce, la misma que ha dado para cumbias y poemas, inquietó a la adinerada sobrina del general Vasquez Cobo mientras enloquecía de amor en las calles parisinas con uno de los Támara latifundista de la sabanas costeñas.

Su lectura me llevó a buscar en las ya olvidadas bibliotecas donde se guardaba el saber para encontrar fotografías o dibujos de un manatí hembra, patas arriba con sus tetas y su chocha semejando una mujer gorda.

Entendí entonces el amor del capitán del buque de rio por esta gigantesca y atrayente mole y la trascendencia de la novela de Nelly. Nadie volvió a publicarla aunque ella dejó por testamento constituida una fundación, que aún existe, para ayudar a los escritores sin medios a publicar sus obras o sobrevivir en la vejez.

El Porce, junio 12 del 2026.

 

 

 

EDITORIAL

 

 

El triunfo silencioso del capital humano

 

Colombia ha alcanzado un hito histórico que exige una reflexión profunda y estructural sobre la naturaleza del progreso. Según cifras institucionales recientes publicadas este mes, la tasa de pobreza monetaria nacional se ha desplomado al veintiocho por ciento. En un país históricamente definido por profundas fracturas sociales, esta estadística no es solo un indicador alentador; representa un triunfo profundo para decenas de miles de familias que finalmente han cruzado una línea invisible pero devastadora. Sin embargo, a medida que la transformación digital se acelera en cada rincón de nuestra sociedad, este logro nos obliga a plantearnos una pregunta crítica: ¿cómo aseguramos que esta estabilidad recién ganada no quede obsoleta ante la rápida evolución del panorama digital global?


La reducción de la pobreza está directamente ligada a la expansión de oportunidades y, hoy en día, esas oportunidades son indiscutiblemente digitales. Durante muchos años consecutivos, la visión tradicional del desarrollo se centró por completo en la infraestructura física básica: carreteras, acueductos y electricidad. Si bien estos elementos siguen siendo esenciales, el campo de batalla moderno contra la desigualdad se libra en el ámbito de la conectividad, la potencia informática y la alfabetización tecnológica. Las familias que hoy salen de la pobreza no pueden depender únicamente del mercado laboral informal o de los ciclos agrícolas del pasado. Su supervivencia económica a largo plazo depende de su capacidad para integrarse en una economía cada vez más automatizada e impulsada por la tecnología.

El verdadero progreso radica en convertir este éxito estadístico en una realidad sostenible. Colombia no puede permitirse ver esta reducción como un destino final. En la era moderna actual, un hogar que carece de acceso a internet de alta velocidad o de alfabetización digital es inherentemente vulnerable a caer de nuevo en las dificultades económicas. Si un joven estudiante en un municipio rural no puede acceder a plataformas educativas en línea, o si un pequeño emprendedor en un barrio emergente no puede utilizar sistemas de pago digital, su movilidad ascendente permanece estrictamente limitada. La tecnología debe entenderse no como un lujo para los adinerados, sino como el catalizador principal para una movilidad social permanente.

Para asegurar este hito, las políticas públicas y la iniciativa privada deben converger en una misión única: cerrar la brecha digital. Esta urgente tarea requiere un cambio definitivo desde la conectividad pasiva hacia el empoderamiento digital activo. Significa garantizar que las escuelas en áreas marginadas no solo reciban computadoras, sino también una capacitación integral en programación, análisis de datos y comercio digital. Implica diseñar ecosistemas financieros que permitan a las microempresas escalar a través del comercio electrónico. Esta impresionante cifra del veintiocho por ciento es una base magnífica, pero la durabilidad de este éxito depende enteramente de nuestra capacidad colectiva para equipar a nuestros ciudadanos con las herramientas dinámicas del futuro digital.

En última instancia, este editorial sirve tanto de celebración como de un llamado urgente a la acción. Debemos honrar la inmensa resiliencia y el arduo trabajo diario del pueblo colombiano y los programas sociales que hicieron posible esta reducción. Sin embargo, debemos mantenernos vigilantes. El verdadero desarrollo no se trata simplemente de cruzar un umbral financiero hoy; se trata de construir la capacidad para prosperar en el mundo altamente competitivo del mañana. Al colocar la tecnología en el centro absoluto de nuestra estrategia nacional contra la pobreza, Colombia puede garantizar que este hito histórico no sea una fluctuación temporal, sino el amanecer de una transformación social inclusiva, resiliente y completamente irreversible.

 

   

The Silent Triumph of Human Capital

 

Colombia has reached a historical milestone that demands a deep, structural reflection on the nature of progress. According to recent institutional figures published this month, the national monetary poverty rate has plummeted to twenty-eight percent. In a country historically defined by deep-seated social fractures, this statistic is not just an encouraging indicator; it represents a profound triumph for tens of thousands of families who have finally crossed an invisible but devastating line. However, as digital transformation accelerates across every corner of our society, this achievement forces us to ask a critical question: how do we ensure this newly gained stability is not rendered obsolete by the rapid evolution of the global digital landscape?

 

The reduction of poverty is directly tied to the expansion of opportunities, and today, those opportunities are indisputably digital. For many consecutive years, the traditional view of development focused entirely on basic physical infrastructure—roads, aqueducts, and electricity. While these elements remain essential, the modern battlefield against inequality is fought in the realm of connectivity, computing power, and technological literacy. The families leaving poverty today cannot rely solely on the informal labor market or agricultural cycles of the past. Their long-term economic survival depends on their ability to integrate into an increasingly automated and tech-driven economy.

 

True progress lies in turning this statistical success into a sustainable reality. Colombia cannot afford to view this reduction as a final destination. In the current modern era, a household that lacks high-speed internet access or digital literacy is inherently vulnerable to slipping back into economic hardship. If a young student in a rural municipality cannot access online educational platforms, or if a small entrepreneur in an emerging neighborhood cannot utilize digital payment systems, their upward mobility remains strictly capped. Technology must be understood not as a luxury for the affluent, but as the primary catalyst for permanent social mobility.

 

To secure this milestone, public policy and private initiative must converge on a singular mission: closing the digital divide. This urgent task requires a definitive shift from passive connectivity to active digital empowerment. It means ensuring that schools in marginalized areas do not just receive computers, but also comprehensive training in coding, data analysis, and digital commerce. It means designing financial ecosystems that allow micro-businesses to scale through e-commerce. This impressive twenty-eight percent figure is a magnificent foundation, but the durability of this success depends entirely on our collective capacity to equip our citizens with the dynamic tools of the digital future.

 

Ultimately, this editorial serves as both a celebration and an urgent call to action. We must honor the immense resilience and daily hard work of the Colombian people and the social programs that made this reduction possible. Yet, we must remain vigilant. True development is not merely about crossing a financial threshold today; it is about building the capacity to thrive in the highly competitive world of tomorrow. By placing technology at the absolute center of our national anti-poverty strategy, Colombia can ensure that this historic milestone is not a temporary fluctuation, but the dawn of an inclusive, resilient, and completely irreversible social transformation.

 

 

Publisher
Zahur Klemath Zapata

Director

Gongpa Rabsel Rinpoché
Gerente
Laurie Agront
Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.

Editor

Janier Ándres Aristizábal Calle

Jefe de Redacción

Brahian Stiven Castaño Navales

 

 

 

Diagramación

Rhonal Torres

Consejeros

Luis Enrique Arango Jiménez

Cecilia Caicedo Jurado

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Edgar Cabezas

 

 

 

Gustavo Pérez González

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Cesar Augusto Valencia

Agustin Perozo
CONTACTO
Tel. (57) 606-347 7079
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