Fundado el 18 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.763-1343

Fecha: Lunes 09-03-2026

 

Los pueblos no son los que deciden su destino

 

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

Históricamente el pueblo ha sido la herramienta que usan los gobernantes para ejecutar sus ideales. El pueblo nunca ha tenido la libertad de decidir por si el destino de su nación. Porque el pueblo es una masa amorfa que es solo volumen y no tiene conciencia ni dirección para ejecutar acciones propias.

Pero ciertos individuos de esa masa sí tienen luz propia y pueden encender focos de luz para iluminar en medio de esa oscuridad.

Después de miles de años navegando en esta nebulosa como parte de masas que giran alrededor de un individuo que presume ser algo especial, comenzamos a darnos cuenta que ese individuo que lo gobierna todo es simplemente otro mortal como todo el mundo, con la diferencia del resto de tener ciertas habilidades para actuar y manipular a la comunidad.

 

Hoy en día nos acercamos más a nuestro propio encuentro y podemos ver con mayor claridad que la de un niño ve los peligros que el mundo acecha. Y esto nos hace estar alerta a cuanta cosa sucede en nuestro entorno.

 

 

La vida cotidiana ya no es la misma que la de ayer, cada día avanzamos con mayor claridad y podemos entender lo que antes era casi imposible comprender. Porque nuestro intelecto está usando con más habilidad el raciocinio sobre las cosas cotidianas y para dónde nos conducen quienes asumen los roles de gobernantes.

Ya no es fácil engañarnos como en el pasado engañaban a quienes no entendían el valor de lo que poseían. Hoy hemos equilibrado los valores del entendimiento y podemos manejar nuestra vida, dando el valor real a cada cosa y esperando que esos valores sean equitativos a la hora de usarlos.

 

Ayer éramos esclavos de quienes nos veían como inferiores por no tener la evolución intelectual que ellos tenían. A pesar que se continúa con ese trato y maltrato hoy se lucha por liberarnos de ese flagelo.

Hay países dominados por criminales que comandan ejércitos asalariados para que los protejan y velen por los intereses de ellos y de toda su camarilla. Y la misma gente amorfa que no tiene la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo, son los hacen parte de esa corrupción que devora la economía del país en el que viven.

Mientras la sociedad no asuma su responsabilidad sobre su propio destino, ella siempre vivirá sometida a personajes de baja calidad humana que si saben brutalizar al pueblo y todo lo que esté frente a ellos.

 

 

 

EL ATAUD DE GUILLERMINO

 


Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: https://youtu.be/t2NRUJymI-Y

 

Hay muertes que sirven como enseñanza. Hay otras que acrecientan el odio. El gobernador de Antioquia, fiel exponente del trumpismo en Colombia, ha usado un funeral de gentes campesinas del nordeste para burlarse y ofender no solo a los dolientes sino a muchos de los habitantes de Anorí, Campamento y en especial de la vereda Chaquiral, ahondando la brecha del odio y alejando la orilla del perdón.

El video y las fotografías exhibidas por el gobernador para arremeter contra quienes marcharon tras el féretro de Guillermino, trepado en la parte superior de una chiva y no en un carro mortuorio, muestra la realidad de esa Colombia que no han querido entender ni en las alturas bogotanas ni en los lujos del palacete de la Alpujarra.

 

Ese ataúd en la chiva llevaba al jefe del escuadrón 36 de los Ejércitos de los Traquetos que reemplazaron a las antiguas guerrillas de las Farc, quien junto con Cabuyo y Primo Gay, han dominado desde hace no menos de 25 años las montañas aledañas a la vega del río Porce, en las comprensiones municipales de Anorí, Campamento, Amalfi y Guadalupe.

Ellos, con su manera de entender la guerra, han sido el poder administrativo real, político y militar de esa zona antioqueña y en esa dura y triste realidad no pensó el gobernador Rendón. Y como a los muertos se les perdona todo cuando se marcha detrás del cadáver o, al menos, se les tolera lo bueno y lo malo que hicieron en su rededor, los vecinos de Anorí, desde El Limón, hasta los de Chaquiral en Campamento, estaban en el legítimo derecho humano de sepultar con honores a sus muertos.

Es probable que al hacerlo, como dice el gobernante de los paisas, estaban demostrando que algo grave pasa en la sociedad antioqueña cuando marchan detrás del féretro de quien tumbó hace apenas 15 días un helicóptero con 13 policías.

Pero, acéptelo o no el gobernador, a los dolientes de los muertos se les respeta así el muerto haya sido un criminal.

 

 

 

EDITORIAL

 

 

Peajes en el Eje: El Freno al Desarrollo Regional

 

En el corazón de Colombia, donde las montañas se entrelazan con la pujanza de su gente, transitar por las carreteras del Eje Cafetero se ha convertido en una carrera de obstáculos financieros. No se trata de baches en el asfalto, sino de las casetas de cobro que, con una voracidad insaciable, fragmentan nuestra geografía. Es inaceptable que en trayectos que apenas superan los 40 kilómetros, el ciudadano común y el pequeño empresario deban enfrentarse a peajes que funcionan como aduanas internas, estrangulando la economía popular bajo la premisa de una supuesta competitividad que solo se ve reflejada en los balances de las concesionarias.

 

Para un pequeño productor en Risaralda o un comerciante en el Quindío, llevar sus productos al mercado vecino no es una cuestión de logística simple, es un ejercicio de supervivencia. Cuando el costo de movilización se dispara debido a peajes ubicados a distancias tan mínimas, el margen de ganancia desaparece. Esto no es solo un costo operativo; es un "atraco" a la eficiencia. Un furgón cargado de cítricos o café procesado ve cómo su valor se diluye en cada parada obligatoria, encareciendo el producto final para el consumidor y sacando de competencia a quienes no tienen el músculo financiero de las grandes corporaciones. Es una barrera invisible que castiga la proximidad y desincentiva el comercio intermunicipal, el cual debería ser el motor de nuestra región.

 

Pero el impacto no se limita a la carga. El ciudadano que debe desplazarse diariamente entre Pereira, Armenia o Manizales por razones laborales, médicas o familiares, ve cómo su presupuesto mensual es devorado por estas tarifas. La movilidad es un derecho vinculado al desarrollo y a la calidad de vida, no un lujo que deba tributarse cada media hora de camino. Mantener peajes a distancias tan cortas rompe el tejido social y económico del Eje Cafetero, obligando a muchos a buscar rutas alternativas peligrosas o, simplemente, a desistir de sus proyectos. Es hora de que el Gobierno Nacional y las autoridades regionales dejen de ver nuestras carreteras como simples fuentes de recaudo para grandes concesiones y empiecen a verlas como las venas por donde corre la sangre de nuestra economía local. Necesitamos una infraestructura que conecte, no que excluya. 

 

 

 

 

Tolls in the Coffee Axis: The Brake on Regional Development

 

In the heart of Colombia, where mountains intertwine with the strength of its people, traveling through the roads of the Coffee Axis has turned into a financial obstacle course. We are not talking about potholes in the asphalt, but about toll booths that, with insatiable greed, fragment our geography. It is unacceptable that on journeys barely exceeding 40 kilometers, the average citizen and the small entrepreneur must face tolls that function as internal customs, strangling the popular economy under the premise of a supposed competitiveness that is only reflected in the balance sheets of the concessionaires.

For a small producer in Risaralda or a merchant in Quindío, taking their products to a neighboring market is not a matter of simple logistics; it is an exercise in survival. When the cost of mobilization skyrockets due to tolls located at such minimal distances, the profit margin disappears. This is not just an operating cost; it is a "heist" against efficiency. A van loaded with citrus fruits or processed coffee sees its value diluted at every mandatory stop, making the final product more expensive for the consumer and pushing out of competition those who lack the financial muscle of large corporations. It is an invisible barrier that punishes proximity and discourages inter-municipal trade, which should be the engine of our region.

However, the impact is not limited to cargo. The citizen who must travel daily between Pereira, Armenia, or Manizales for work, medical, or family reasons sees their monthly budget devoured by these rates. Mobility is a right linked to development and quality of life, not a luxury that should be taxed every half hour of the way. Maintaining tolls at such short distances tears the social and economic fabric of the Coffee Axis, forcing many to seek dangerous alternative routes or simply give up on their projects. It is time for the National Government and regional authorities to stop seeing our roads as simple sources of revenue for large concessions and start seeing them as the veins through which the blood of our local economy flows. We need an infrastructure that connects, not one that excludes. At El Imparcial, we stand with the driver, the farmer, and the family man who asks for fairness. Fairness in a region that produces wealth but is being suffocated by the very roads meant to transport it. The debate over the Coffee Highways concession is not just about ownership; it is about the right to move freely and fairly within our own territory. True progress cannot be measured by the number of tolls collected, but by the ease with which a small entrepreneur can grow without being robbed of their future on every highway. It is imperative to rethink the distance between these collection points to ensure that the Eje Cafetero remains a unified and prosperous region, rather than a collection of isolated pockets separated by expensive barriers. The time for change is now, before the weight of these costs permanently stalls the engine of our regional progress.

  

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Subdirector

Gongpa Rabsel Rinpoché
Gerente
Laurie Agront
Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.

Editor

Janier Ándres Aristizábal

Jefe de Redacción

Brahian Stiven Castaño Navales

 

   

Diagramación
Rhonal Torres

Consejero

Luis Enrique Arango Jiménez

Cecilia Caicedo Jurado

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Edgar Cabezas

 

 

 

Gustavo Pérez González

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Teresa Pardo

Agustin Perozo

Otoniel Parra Arias
CONTACTO
Tel. (57) 606-347 7079
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