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La democracia
actual es el concepto que desarrolla corrupción

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Los griegos establecen la
democracia como una herramienta útil para manipular los conceptos de libertad e
igualdad. Ellos como sociedad en evolución intelectual necesitaban en su pequeño
mundo social poder sentirse que tenían el suficiente juicio de igualdad con sus
congéneres a pesar que con relación a la evolución en la que estamos, ellos eran
primitivos, pero muy avanzados para esos tiempos.
Han transcurrido más de dos mil quinientos años desde que los atenienses
establecieron el sistema de democracia en su territorio. Una sociedad que con
relación a las del presente eran muy ingenuas comparadas con los avances del
intelecto que hoy el ser humano tiene y su astucia para comportarse hoy en
sociedad.
La democracia para ellos era algo natural que se podía manejar desde cualquier
escenario donde la única forma de corrupción era intercambiar valores y favores
que hoy cualquier ciudadano los hace en el transcurso de su vida.
Al analizar una palabra bien trajinada en el mundo político, en la actualidad
encontramos su mal uso cuando ella no representa el verdadero significado que se
le quería dar, ya que los griegos la usaron con el sentido que ellos le
delimitaron dentro de la función de ella en una sociedad elitista.
Hoy, democracia representa la negociación entre
dos partes para obtener beneficios mutuos económico-lucrativos entre
las partes asociadas en menoscabo de terceros. Que es el pueblo,
quien es al final el que paga por los acuerdos democráticos.
La democracia es caldo de cultivo en el mundo político para
que se de las transacciones que se acuerdan previa las elecciones entre
inversionistas y el candidato para ser pagadas después por el
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candidato cuando este sea elegido y posesionado
del cargo en el establecimiento. De esta forma surge la corrupción y
el saqueo del erario el cual el ciudadano paga con su plusvalía los
impuestos y obligaciones que los elegidos imponen para poder
permanecer en la administración pública.
Hacer desaparecer esta simbiosis es imposible mientras exista el
concepto de democracia y elecciones porque son dos energías que se
atraen y generan una dinámica económica que alimenta una minoría
mientras la gran mayoría sostiene la cosa pública.
Pero existe una forma de hacer que esta simbiosis
deje de funcionar, eliminando la democracia bajo un nuevo parámetro
que no es de elección popular de representantes del establecimiento
sino estableciendo el Estado Polimano que es el que ya no elige
representantes sino que se nombran los representantes de las
diferentes entidades administrativas de la nación para que el país
sea productivo y se manejen los bienes del pueblo como una sociedad
anónima y cada ciudadano posea realmente una parte de la nación que
ella tenga.
Para poder iniciar el proceso se necesita
establecer una autonomía territorial permitiendo así que cada región
convoque a sus ciudadanos y nombren sus representantes en la
delineación administrativa sin gobernantes y líderes que interfieran
en el desarrollo del manejo de la cosa pública.
El pueblo debe desmontar el sistema democrático a través del voto en
blanco ya que este le permite vetar a los políticos que aspiran a
cuerpos colegiados y demás ramas de elección democrática e ir
introduciendo la autonomía, equidad y libertad entre pueblo.
Este no es un proceso revolucionario, dictatorial o de imposición
por un partido político, es la acción directa de la sociedad que
busca alcanzar a través de la autonomía, equidad y libertad un
estándar de vida que le permita vivir con todas las garantías de un
bienestar social a través del pago de regalías al erario para que de
allí regrese a los ciudadanos en su edad adulta para su
sostenimiento final.
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LA MANO HEDIONDA DE MILEI
Crónica #1402

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=Ioou149OVlY
Hediondo precedente el que ha sentado el presidente argentino
Milei al participar activamente en el lanzamiento de la candidatura presidencial
del hijo de Bolsonaro.
Si algo ha salvado a las naciones latinoamericanas de no haber sido desde
su independencia un remedo de la fragmentada Europa napoleónica que se vivía
entonces, es el respeto de un país por el otro.
Los Estados Unidos han hecho toda clase de esfuerzos, la mayoría de ellos
camufladamente, para meter baza en los gobiernos latinoamericanos pero nadie ha
visto a los Roosvelt , ni al bueno ni al malo, acudiendo a Panamá o a México
para participar en unas elecciones presidenciales. Apenas si mandaron sus
tropas.
Por eso horroriza el bochornoso espectáculo del peludo Milei saltando
enchalecado en la pasarela donde Bolsonaro Jr estaba lanzando su candidatura y
de repeso agrediendo en su discurso al presidente Lula, que se presenta como su
rival a la reelección.
Que tal que durante nuestra pasada contienda electoral se hubiesen
presentado Lula o la presidente de México a hacer campaña por Cepeda o que
Noboa, el ecuatoriano hubiere llegado a apoyar a Abelardo.
Por supuesto, las normas brasileras lo prohiben y castigan, pero como
detenían a ese orate peludo? O cómo podrían juzgar a Bolsonaro por permitirlo
sin causar una guerra civil carioca?
Al presidente electo colombiano, genuflexo ante Washington en su calidad
de ciudadano norteamericano que sigue tercamente siendo, pudiendo renunciar, le
va tocar demostrar que la República que él concibe como abogado penalista puede
ser amiga de Usa y Argentina, pero no puede terminar haciendo parte de las
hordas trumpistas.
O es quizás ese partido de los Patriotas que van lentamente conformando
la astucia de Carlos Suárez y Abelardo el primer ladrillo colombiano de la
ideología musoliniana que se tomará a América?
El Porce, julio 29 del 2026.


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El pulso del
crédito: un dilema de tasas y realidad
Las decisiones
del Banco de la República han convertido el costo del dinero en el centro de un
debate nacional que trasciende los despachos económicos. Mantener una postura
monetaria restrictiva busca enfriar presiones inflacionarias que amenazan el
bolsillo de los ciudadanos, pero esta medicina financiera genera efectos
secundarios complejos sobre el tejido productivo del país. En el centro de esta
discusión se encuentra la tasa de interés de intervención, un instrumento que
actúa como freno y acelerador de la economía colombiana.
Para nadie es un secreto que la inflación ha golpeado con fuerza el poder
adquisitivo de los hogares. Frente a este panorama, la junta directiva del
Emisor ha actuado con la cautela que exige su mandato constitucional de
preservar la estabilidad de precios. Sin embargo, prolongar tasas elevadas
encarece de manera drástica el crédito para la adquisición de vivienda, la
compra de vehículos y la financiación de capital de trabajo para las empresas.
El resultado es una desaceleración evidente en sectores clave que dinamizan el
empleo formal y la inversión privada en las regiones.
El dilema actual radica en calibrar el momento exacto para relajar la política
monetaria sin perder el terreno ganado en la lucha contra el encarecimiento del
costo de vida. Una reducción prematura podría desatar nuevamente expectativas
inflacionarias y debilitar la moneda local frente al dólar. Por el contrario,
mantener el freno de mano accionado por demasiado tiempo corre el riesgo de
ahogar la recuperación económica y profundizar la caída de la demanda interna.
Las industrias locales y los pequeños negocios sienten el ahogo de un sistema
financiero donde acceder a liquidez se ha vuelto un lujo costoso.
En este escenario, la independencia del banco central se consolidad como un
pilar fundamental para garantizar la credibilidad macroeconómica de Colombia
ante los mercados internacionales. No obstante, las cifras macroeconómicas deben
traducirse en un alivio real para la ciudadanía. Las familias colombianas
necesitan ver que el sacrificio de pagar créditos más caros se traduzca en una
estabilidad duradera que les permita planificar su futuro financiero con
tranquilidad.
El equilibrio que busca la junta directiva no es sencillo. Se requiere una
lectura fina de los indicadores de empleo, consumo y comportamiento externo para
evitar que la cura monetaria termine resultando más gravosa que la propia
enfermedad inflacionaria. El reto no es menor: transitar hacia un ciclo de
relajación de tasas que reactive el crédito nacional sin encender de nuevo las
alarmas de la inflación. El futuro inmediato de la competitividad y el bienestar
social de los colombianos depende en gran medida de este delicado compás de
espera.
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The Credit
Pulse: A Dilemma of Rates and Reality
The decisions
made by the central bank have turned the cost of money into the center of a
national debate that goes far beyond economic offices. Maintaining a restrictive
monetary stance aims to cool inflationary pressures that threaten citizens'
pockets, but this financial medicine generates complex side effects on the
country's productive fabric. At the core of this discussion is the benchmark
interest rate, an instrument that acts as both a brake and an accelerator for
the Colombian economy.
It is no secret
to anyone that inflation has severely hit households' purchasing power. Faced
with this scenario, the board of directors has acted with the caution required
by its constitutional mandate to preserve price stability. However, prolonging
high rates drastically makes credit more expensive for housing acquisition,
vehicle purchases, and the financing of working capital for companies. The
result is an evident slowdown in key sectors that drive formal employment and
private investment across the regions.
The current
dilemma lies in calibrating the exact moment to ease monetary policy without
losing the ground gained in the fight against the rising cost of living. A
premature reduction could once again unleash inflationary expectations and
weaken the local currency against the dollar. Conversely, keeping the handbrake
engaged for too long risks suffocating the economic recovery and deepening the
drop in domestic demand. Local industries and small businesses feel the squeeze
of a financial system where accessing liquidity has become an expensive luxury.
In this scenario, the independence of the central bank consolidates itself as a
fundamental pillar to guarantee Colombia's macroeconomic credibility before
international markets. Nevertheless, macroeconomic figures must translate into
real relief for citizens. Colombian families need to see that the sacrifice of
paying more expensive loans translates into lasting stability that allows them
to plan their financial future with peace of mind.
The balance sought by the board is not simple. A fine reading of employment,
consumption, and external indicators is required to prevent the monetary cure
from ending up more burdensome than the inflationary disease itself. The
challenge is significant: transitioning toward a rate-easing cycle that
reactivates national credit without turning on inflation alarms again. The
immediate future of Colombia's competitiveness and social well-being largely
depends on this delicate waiting game.
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Publisher
Zahur Klemath Zapata
Director
Gongpa Rabsel Rinpoché
Gerente
Laurie Agront
Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.
Editor
Janier Ándres Aristizábal Calle
Jefe de Redacción
Brahian Stiven Castaño Navales
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Diagramación
Rhonal Torres
Consejeros
Luis Enrique Arango Jiménez
Cecilia Caicedo Jurado
Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan
Jawaad Malik
Colaboradores
Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal
Edgar Cabezas
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Gustavo Pérez González
Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido
Agustin Perozo
Cesar Augusto Valencia
CONTACTO
Tel. (57) 606-347 7079
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