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                                                                                                                             Pereira - Colombia. Año 62 - Segunda época - Nº 12.435-15- Fecha: 09-6-2010

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ARTE & CINE

La ciudad de las tormentas, de Paul Greengrass

Una guerra se hace con mentiras

 

Por Oswaldo Osorio

 

Los fanáticos del cine de acción tal vez salgan decepcionados de esta película. Y es que está siendo anunciada como una cinta de acción y, para ajustar, es protagonizada y dirigida por los mismos que hicieron la exitosa saga de Jason Bourne. Sin embargo, de acción tiene muy poco, prácticamente solo la secuencia del clímax. En lugar de eso, el espectador se encontrará con un intenso y contundente thriller de espionaje ambientado en la guerra de invasión a Irak y con un marcado tono de denuncia política.

El director inglés Paul Greengrass ya tenía un reconocimiento en el cine político con filmes de gran fuerza como Domingo sangriento (2002), Omagh (2004) y Vuelo 93 (2006). Las dos últimas entregas de la saga de Jason Bourne fueron una sorpresa para quienes lo conocían, porque no se le veía como un director de cine de acción, y aún así, supo hacer la diferencia y crear dos películas que tomaron distancia de las convenciones del género, sobre todo por la estética realista con la que fueron concebidas.

Esta nueva película, que es una adaptación del libro de un analista político y corresponsal del Washington Post en Bagdad, es la perfecta combinación de esas dos facetas del cine de Greengrass: la envolvente acción realista que se le vio con Jason Bourne combinada con la solidez y complejidad de su contenido político. Pero sobre todo, el tono de denuncia es el que se impone en la propuesta de esta cinta.

Porque tal vez sea la primera producción comercial que habla claro y en voz alta sobre la gran mentira de las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía Irak, que fue con lo que Estados Unidos justificó la invasión en 2004. La administración Bush, junto con la vergonzosa complicidad de la prensa, son aquí puestos en evidencia, así como las contradicciones que se dieron al interior de las agencias del gobierno y del mismo ejército.

Lo significativo aquí es que estos cuestionamientos políticos son hechos por una película de consumo masivo, que además llega luego de que el gran público y la Academia de Hollywood le dieran su bendición a una película como Zona de miedo (Katherin Bigelow), con su discurso patriotero y la idealización del héroe descerebrado que valientemente lucha en Irak por la democracia. La cinta de Greengrass, en cambio, propone un héroe pensante y cuestionador, cuyo patriotismo está más cerca de la búsqueda de la verdad que de seguir ciegamente las inconsistentes órdenes.

La dupla Matt Damon y Paul Greengrass, entonces, sorprenden de nuevo con una película que no es lo que parece, que si bien está cimentada en el cine de género y construida a partir de elementos muy atractivos para el gran público (incluyendo algunas dudosas concesiones), también es un filme que trasciende el mero entretenimiento y que, justo cuando acaban de salir las tropas gringas dando fin –al menos oficialmente– a la invasión, presenta sus argumentos y plantea un alegato sobre las dudosas razones que originaron esta abusiva guerra.

Publicado el 5 de septiembre de 2010 en el periódico El Colombiano de Medellín.

 

FICHA TÉCNICA


Título original: Green Zone
Dirección: Paul Greengrass
Guión: Brian Helgeland; inspirado en el libro “Imperial life in the Emeral City: Inside Iraq’s Green Zone” de Rajiv Chandrasekaran.
Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Lloyd Levin y Paul Greengrass.
Música: John Powell.
Fotografía:
Barry Ackroyd.
Reparto: Matt Damon, Greg Kinnear, Amy Ryan, Brendan Gleeson, Jason Isaacs, Khalid Abdalla.
USA, Reino Unido, Francia – 2010 - 118 min.

 

 

EL CABALLERO GAUCHO

 

 

Semana de teatro en Medellín

 

 

Gracias a la asociación de Salas de Artes Escénicas, se llevó a cabo, en la semana del 28 de agosto al 4 de septiembre, la  Sexta Fiesta de las Artes Escénicas, un certamen calificado como novedoso en su formato, con participantes nacionales, regionales e internacionales, la Asociación en su continuo trabajo de mejoramiento para el sector teatral, ha abierto un nuevo espacio de formación y proyección  para sus asociados y demás interesados que han denominado: Eventos Especiales y su primer invitado será el maestro  argentino Jorge Eines, Jorge Eines es, catedrático en Interpretación, director de Teatro y Teórico de la Técnica Interpretativa, además de fundador y director de su propia Escuela de Interpretación, nació en Buenos Aires en 1949. Debido a la situación política Argentina emigró a España en 1976, instalándose en Madrid, donde obtuvo la Cátedra de Interpretación de la Real Escuela Superior de Arte Dramático y Danza (RESAD) hasta que en el 2001, fundó su Escuela de Actuación (ESCUELA DE INTERPETACIÓN JORGE EINES). Sus viajes a Latinoamérica lo han llevado repetidas veces a Colombia, Chile y Argentina donde ha dictado el Seminario Los Tres Binomios (Conocimiento – Expresión, Memoria - Imaginación, Cuerpo – Palabra),  en diversas Universidades, ahora con el apoyo del Depto  de Teatro de la Universidad de Antioquia, el maestro lo dictará desde el 19 al 29 de septiembre. Como sabemos que hay un público pereirano interesado en el teatro, los invitamos a participar, se dictará 40 horas por una inversión de $150.000 por participante y $75.000 observadores. Informes (4)2151010 Teatro Matacandela.

 

Extractos de la entrevista hecha por El Clarin y que accedimos a ella gracias al portal www.jorge-eines.com

- ¿Cómo han sido, en lo personal, esos treinta años sin trabajar en el país?

Es una mezcla extraña de pertenencia... Siempre me sentí muy argentino. En España les llama la atención que luego de treinta y dos años yo siga hablando como si ayer hubiera bajado del avión. En una primera etapa traté de españolizar un poco el lenguaje hasta que empecé a experimentar algo que dice Theodor Adorno, que el lenguaje asimilativo tiene que ver con una identidad fracasada. El único lugar del que no me van a poder echar es el lenguaje: te pueden robar la casa, te pueden exiliar, pero al lenguaje no van a poder quitártelo.


- En sus clases, pero también en sus libros, concreta una fuerte toma de partido contra el método Strasberg...

- Sí, sí. Es que yo entiendo que de una vez por todas debemos quitarnos la losa del Actor's Studio y entrar en una proyección diferente: en un actor preocupado por la imaginación, antes que por la memoria. Salirnos de esa mirada retrospectiva que tiene que ver con la memoria y preocuparnos por una memoria prospectiva, que es la de la construcción. Y yo creo que eso habita en el cuerpo.


- Según su punto de vista, ¿desde qué lugar comienza a construir el actor?

- Creo que el actor debe hacerse cargo de usar su cuerpo para construir lo que no estaba antes de que él llegara: eso que empieza cuando uno llega a la 

 

fiesta. Es decir, dejar de claudicar a favor de una técnica interpretativa que refleja la necesidad de una sociedad como la yanqui, que estimula claramente el individualismo. Actores que están muy preocupados por aislarse para construir...

- Que se relacionan con el compañero lo menos posible...

- ...o sólo porque es inevitable. Y si puedo trabajar con el recuerdo del perrito muerto a mis cinco años para lograr la emoción, mejor, así no tengo que usarte a vos, que podés quitarme el trabajo... Esa cosa competitiva devastadora de la sociedad americana y, al mismo tiempo, el paradigma que conduce a una estética de la naturalidad.


- ¿Y eso cómo se contrarresta?

- Bueno, yo creo que esta es una herencia que hemos recibido, que han hecho falta varias generaciones para superar una marca de tal magnitud. Eleonora Dusse decía que había que cerrar los teatros cincuenta años para quitar del medio las tradiciones que no permitían a los actores generar algo nuevo. Lo que yo quiero es trabajar con un actor de nuestro tiempo, en nuestro tiempo, en un marco en el que podamos investigar sobre la base de la construcción de una obra... Pero no tengo ganas de terminar como Grotowski, encerrado y chamanizado, convertido en una voz encerrada en el misterio de los dioses y no en la realidad del encuentro con los humanos. Que en definitiva para eso estoy: para encontrarme.

- Algo así como una técnica fundada en la ética...

- Sí, sí. Una técnica sólo es factible cuando es capaz de asumir una moral. 

- ¿Por ejemplo? 

- Yo creo que esto se enseña desde un maestro, desde alguien que es capaz de encontrarse con otro alguien desde una situación de búsqueda personal para poder entre ambos fundar un vínculo que haga posible la aparición de una técnica. Creo que si en el medio hay una cantidad excesiva de dinero que yo cobro a una persona para poder trabajar, estoy aplicando la plusvalía. No lo estoy haciendo para encontrarme con otra persona, sino para engrandecer la empresa, que es lo que terminan siendo las grandes escuelas de actuación, al servicio de los productores y el capital. Yo peleé mucho para salirme de esa rueda. Trato de tener la escuela más barata que puedo: tengo una subvención que aplico para que los alumnos paguen menos... Si no, me sentiría muy incómodo.



- ¿Por qué tantos directores se equivocan a la hora de trabajar un texto con los actores?

- Porque quieren entender todo prematuramente: toman decisiones en la casa en lugar de hacerlo en el ensayo. Yo insisto mucho con un concepto: cuando uno dirige debe tener un horizonte de puesta en escena, pero en el marco de los ensayos hay que moverse con la mayor humildad y discreción que se pueda. Cuando un director no entiende es porque ha ensayado mal y no ha sido capaz de tener una mirada nueva sobre problemas viejos.

 

Por Alejandra Valencia

 

En las vacaciones del 2009, disfruté de un concierto de música popular que cantaba el Caballero Gaucho en el parque principal de La Virginia. Él era la estrella central y  mucha gente se había dado cita aquel día para escuchar a uno de los mejores exponentes de esta música. Ese día vinieron personas desde Manizales, Pereira, Armenia y de todos los pueblos circunvecinos a escuchar su cantante favorito. La gran mayoría eran jóvenes que querían estar allí y escuchar a su ídolo. Esta fue una oportunidad  para cantar las canciones más reconocidas, y aprovechar hacerle también un homenaje a este virginiano de corazón con motivo de su cumpleaños número 91.

 

El Caballero Gaucho

 

Un año después el escritor Fernell Ocampo Múnera lanzó su libro “La Vida Oculta de El Caballero Gaucho”, donde se cuenta la vida de Luis Ángel Ramírez Saldarriaga. El autor va escribiendo lo que éste le contara entre café y café en su casa y acompañado de su esposa en la calurosa La Virginia. Es por ello y con motivo de su biografía, que tomamos unos apartes de una entrevista que algunos años atrás, otro escritor de Medellín Alberto Burgos Herrera, interesado en la música popular le hiciera, quedando plasmado en su libro “Música del Pueblo Pueblo”

Luis Ángel Ramírez Saldarriaga es conocido en el ámbito nacional, internacional y musical como El Caballero Gaucho, quien nació en la ciudad de Pereira el 10 de junio de 1917, pero sus años juveniles los vivió en Ansermanuevo.

Cuando por primera vez se presentó a un programa de aficionados en la emisora de Armenia Pregones del Quindío, lo botaron a la calle y le recomendaron que cogiera café. En ese tiempo Luis Ángel había conseguido un destartalado tiple y con un método práctico de enseñanza se fue guiando y aprendió sin que nadie le enseñara; fue tan persistente este hombre que volvió a esa emisora, pero esta vez sí ganó el primer puesto y como premio recibió dos camisas, jabones y un pantalón.
Su padre le enseñó la ebanistería; así que cuando su familia se trasladó a Pereira éste fue el oficio que desempeñó. Con su hermano José Ramírez y su primo Luis Bernardo Saldarriaga conformó el trío Los Trovadores Andinos, que actuaron en La Voz de Pereira durante varios meses. Cuando Luis Ángel cantó allí un tango como solista, inmediatamente le firmaron un contrato por cuatro años; el día del debut el dueño de la emisora le dijo:
-Hoy canta usted a las nueve de la noche.
-Pero señor, yo he visto que en los carteles dice que a esa hora canta alguien a quien llaman El Caballero Gaucho,
-Es que desde ahora hemos decidido, que usted se llamará El Caballero Gaucho.
Posteriormente fue llamado por Codiscos donde grabó el tango Cuando te conocí; luego pasó a Discos Fuentes en 1958 y allí impuso éxitos nacionales como Al final del camino, Siempre solo, Para ti madre, Regalo divino, Te llegó la mala, Goteras, Del mismo lodo, Perdón por tu amor, Dolor gaucho, Misiva amarga, Pasión sin nombre, Veneno mortal, Cuando todo te falte, El vals de la ilusión, Viejo farol, Amores de arrabal, Alma de mujer, Viejo juguete, Lejos del tambo, Cuando llora un hombre, Gotas amargas, Cobarde corazón, Junto a tí, Flor de boulevard y muchos, pero muchos otros.
Luis Ángel le comentó al antropólogo

 

y escritor Carlos Humberto Hiera que ha sido exclusivo de Discos Fuentes durante treinta y dos años y que a lo largo de sus más de cincuenta años de vida artística ha grabado unas ochocientas canciones, siendo ciento ochenta de su propia inspiración. Es considerado uno de los máximos intérpretes de la música pampera con estilo guasca.
El Caballero Gaucho le comentó al investigador Juan David Arias lo siguiente: "El tango Viejo juguete” lo compuse en Medellín en la avenida Abejorral con San Marcos; eso fue en el año 1956, me subí a la terraza del hotel donde me hospedaba para despejarme un poquito y vi ahí al frente, en la terraza del otro lado de la calle, a dos niñitos muy bien vestiditos que jugaban y se veía que eran de familia bien acomodada; de pronto a uno de esos niños como que no le gustó su juguete y lo tiró a la calle; yo seguí el juguetico con la mirada hasta que cayó a la avenida Abejorral. En ese instante un niño de apariencia pobre que iba tomado de la mano de su mamá, se lanzó a la calle en pos del juguetico que había caído, pero desgraciadamente en ese instante pasó un bus que inmediatamente terminó con su vida. Después de ver esta tragedia solo me demoré veinte minutos para hacer el tango.
Cierto día estaba yo con unos amigos, era un matrimonio joven al que yo estimo bastante; después del almuerzo él y yo nos despedimos de la esposa, pero cuando él se le acercó a darle un beso ella le voltio la mejilla. En el camino mi amigo me dijo: -¿Te diste cuenta del detalle de aquella? -Y yo le contesté: -No le haga caso, ya que ahora dan besos por costumbre. De ahí salió mí canción Besos por costumbre.
Si la canción no rima, yo creo que no hay nada. Para uno componer Viejo farol y todas esas canciones que yo he compuesto, se necesita haber aprendido mucha poesía y mucha métrica: yo aprendí bastante leyendo a Julio Flórez y Porfirio Barba Jacob.

 

 

Yo no quería llamarme El Caballero Gaucho pero así me pusieron; incluso, en cierta ocasión me llamó el doctor Ramírez Johns para que grabara en Discos Silver, pero yo le puse como condición que me quitara el mote de Caballero Gaucho, que yo no era gaucho sino colombiano, que yo había nacido en Pereira que me gustaba el folclor nuestro y que no era argentino; pero él me contestó: -Vea hombre, todas las cartas que usted ve en estos costales, son cartas para El Caballero Gaucho; de manera que si no es del Caballero Gaucho, yo no le puedo grabar.
Eso de Caballero Gaucho fue un mote que me puso el maestro Luis Carlos González, el compositor de La ruana, que era muy amigo de Mario Arango Mejía, mí patrocinador; resulta que un día en la emisora de este señor, mi primo Bernardo Saldarriaga me propuso que cantara un tango y yo interpreté Cancionero.
Entonces don Mario preguntó: -¿Quién cantó eso? -Lo canté yo don Mario-. Recibimos muchas cartas en las que me felicitaban y donde manifestaban que querían volverme a escuchar; pero para esa nueva presentación se requería un nombre ya que Luis Ramírez no quería decir nada. Propusieron algo así como Luis de la Rosa, Luis de la Roca, Luis de la Fuente, hasta que Luis Carlos González dijo: -Con esa voz, póngalo El Caballero Gaucho; y así me quedé hasta el día de hoy, que no sé si Luis Ramírez arrastra al Caballero Gaucho o El Caballero Gaucho arrastra a Luis Ramírez.
He ganado dos discos de platino, tres de oro y un Óscar de oro que me lo dieron en New York en un mano a mano con Los Niches y Los Visconti en tres días de concierto, pero el público me lo dio a mí.
Aunque no es antioqueño lo traigo a este libro, porque El Caballero Gaucho ha significado para nuestro pueblo campesino, lo mismo que Carlos Gardel para el pueblo argentino; Luis Ángel Ramírez es el cantor de tangos criollos y guascas por excelencia y es de los grandes ídolos de nuestro hombre trabajador y montañero.

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