¿POLITIZAR A
PROVIDENCIA?

Por: Álvaro Ramírez
González
alragonz@yahoo.es
La madrugada del 16 de noviembre del 2020, todo
cambió en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa
Catalina.
El huracán Iota, provocó una de las peores tragedias ambientales y
de destrucción que haya conocido el Archipiélago.
El 98% de las construcciones en Providencia se vinieron abajo,
incluido el Hospital.
Ocho días después, el gobierno instaló un hospital provisional de
campaña.
La desolación fue total, y el entonces Presidente Ivan Duque fue a
la Isla con varios aviones de ayuda humanitaria y a anunciar el
inicio de la reconstrucción total de la Isla.
Es importante recordarle a mis lectores que todo el 2020, el país
estaba confinado por la Pandemia.
Este factor insalvable hacia mucho más complicada esa tarea.
Susana Correa, una juiciosa y calificada ejecutiva fue encargada de
la misión y Findeter, la encargada de administrar los recursos.
La primera e insalvable dificultad que se encontró el la Isla, es
que no tenia un muelle para los barcos de carga.
Apenas un pequeño muelle de pasajeros que no era apto para recibir
los barcos cargueros con las miles de toneladas de los materiales e
insumos requeridos para reconstruir la Isla.
Hubo pues que hacer un muelle de carga y esa obra fue complicada y
tomó su tiempo.
¡Pero se hizo!
El gobierno contrató con los Isleńos toda la mano de obra, como
clara estrategia de empleo, ante una Isla cerrada al turismo por ańo
y medio.
De ese fatídico amanecer han pasado ya 21 meses y la Isla está
reconstruida en un 95%.
Todas las viviendas se hicieron nuevas, con materiales de alta
resistencia ante nuevos huracanes, pero con él diseño arquitectónico
y los colores raizales.
Hubo que reconstruir uno a uno los acueductos y alcantarillados de
cada vivenda, respetando su localización.
Hubo que reconstruir Colegios, el Aeropuerto, la Alcaldía, vías,
comunicaciones, y el Hospital que está casi listo.
En su última visita a Providencia, el Presidente Duque hizo un largo
recorrido de todas las obras nuevas y recibió abundantes muestras de
gratitud de la comunidad isleña.
Hace pocas horas visitó la Isla el Presidente Gustavo Petro.
Su discurso, como el de la Andi, y como todos, solo produjo
extrańeza y desconcierto.
Dijo que “esa reconstrucción, se había tirado la Isla por haber
desconocido elementos raizales", un cuento que nadie entendió.
Cuento confuso y mamerto pero lleno de mala energía, que es lo menos
que necesita esa comunidad hoy.
Sin una sola objeción de la Contraloría que vigiló esa
reconstrucción de principio a fin, ni del Alcalde ni del Gobernador,
lanza Petro una bomba amarillista cuestionando los costos de esa
obra.
Nada de lo que deja Duque, le puede gustar a Petro, pero jamás
imaginé, que una obra tan valiosa, tan esforzada y tan redentora
para la Isla de Providencia, fuera motivo de ese bajo y burdo nivel
de politización.
La isla brilla, veo videos de familias felices en sus nuevas casas,
que no les costaron un solo centavo.
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Y el turismo ya abierto, empieza a ser el motor de
esa paradisiaca Providencia.
¿Para que politizar la reconstrucción de Providencia?
Hablar es muy fácil.
Conseguir en plena Pandemia $1.3 billones y reconstruir una Isla
completa es una labor titánica.
Los isleños y el país entero saben, quien reconstruyó a Providencia.
Y quien la quiere llenar de confusión y veneno.
¡Ahí está la diferencia!!
La bandera que le cae en la cabeza

Por: Guillermo Navarrete Hernández
El jueves de esta
semana mientras el Presidente de la República de Colombia, doctor
Gustavo Petro Urrego, realizaba una alocución en el municipio de
Leticia, en la que, entre otras cosas, trazaba línea de cómo salvar
la selva Amazónica para el bien de la humanidad, le cayó encima la
bandera de Colombia, lo que provocó en él una reacción natural de
defensa, tratar de establecer lo sucedido y lanzar la exclamación:
“Que no se me caiga Colombia”. La causa, un integrante de su esquema
de seguridad se había desmayado y sin intención alguna, hizo que el
mandatario suspendiera su discurso y se dispusiera a atenderlo. Un
evento que fue registrado en medios de comunicación y redes
sociales.
Son ya trece días desde su posesión y esta no es la única polémica
que se ha desatado. La conformación de la cúpula militar, la
denominada “paz completa” para adelantar diálogos con actores
armados ilegales en conflicto con el Estado, así como anuncios como
el de suspender las exploraciones de gas y de contemplar la
posibilidad de importarlo desde Venezuela realizado por la Ministra
de Minas y Energía, devolver el derecho a los trabajadores de
recibir el recargo nocturno a partir de las 6 pm. y no desde las 10
noche como se determinó desde el año 2002, son controversiales.
Sin embargo, hay
una generadora de toda serie de resistencias: la reforma tributaria,
por cuanto toca el bolsillo de personas y empresas, a su vez de
desconfianza por la corrupción, la cual convierte los recursos
públicos en lógicas de intereses mezquinos, fenómeno metastásico que
podría oscilar entre 12 y 50 billones de pesos de acuerdo con lo
plasmado en el programa de gobierno del señor Federico Gutiérrez, a
cuyas cifras deben sumársele la elusión y evasión de impuestos,
ejercidas principalmente por grandes empresas y lavadores de
activos.
La reforma en cuestión había sido anunciada por la mayor parte de
los candidatos a la primera magistratura, excepto por Rodolfo
Hernandez, quien, sin embargo, manifestaba la reducción de IVA y la
aplicación de un impuesto a las más altas pensiones para reducir las
obligaciones de estudiantes con ICETEX, lo que sin duda hubiese
implicado una medida en el mismo sentido.
En este contexto, también es importante anotar que Colombia es un
país difícil de gobernar debido a la violencia exacerbada, la
creciente inseguridad, la impunidad por la paquidermia de los
operadores judiciales, la pobreza que se proyecta en el 39,2%
(Diario la República en cita a la CEPAL, 2022), con la posibilidad
de una inflación de dos dígitos, el incremento de las tasas de
interés decretadas por el Banco de la República, el endeudamiento
interno y externo del Estado, el cual, según el Ministerio de
Hacienda, asciende a $753,4 billones, el 57,2% del Producto Interno
Bruto, es decir, más de la mitad de lo que se produce en bienes y
servicios, y las exenciones otorgadas a grandes empresas que se
calculan en $90 billones.
Lo cierto es que los problemas estructurales que padece la Nación se
resuelven con recursos y estos se obtienen de impuestos, tasas y
contribuciones de diferentes sectores poblacionales y empresariales.
¿Cuál es la fórmula? Es algo que deberá resolverse
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en los debates que se desarrollen en el Congreso de
la República, los aportes de gremios y ciudadanos. En lo particular el Ministro
José Antonio Ocampo es una persona con conocimiento en la materia, con
declaraciones reposadas a favor del país, catalizador de impulsos ministeriales
e inspirador de confianza para el sector productivo. Por lo pronto, mi deseo,
como lo expresó el Presidente, es que Colombia no le caiga sin compasión a Petro
en la cabeza.
El hambre en las
reformas

Por: Edgar Cabezas
Los primeros 100 días de
cualquier gobierno marcan la relación armónica o inarmónica que tendrá de pesos
y frenos la colaboración de las tres ramas del poder público para el cumplimento
de sus funciones. La rama del poder ejecutivo redacta las leyes en coordinación
con la rama del poder legislativo a la cual le corresponde hacer las leyes y, la
rama judicial en cabeza de la Corte Constitucional, declara la exequibilidad con
la que se manifiesta que cada una de las leyes expedidas son acordes a la
constitución política.
A los colombianos se les ha hecho creer que Colombia es un país de leyes y que
si las armas les dieron la libertad, las leyes les darán la paz. De manera que
el aplazamiento de las reformas políticas: tributaria, agraria, política,
justicia, salud, educación, de las fuerzas militares y de policía, industria,
comercio, turismo, energía y transición del modelo de desarrollo extractivista
es lo que perpetúa la inequidad, la falta de oportunidades laborales, la
inflación y la violencia y, que por lo tanto, con leyes, decretos, resoluciones,
acuerdos, ordenanzas las multitudes saciaran su hambre nutricional determinada
por el índice de precios al consumidor.
Si bien es cierto que los diferentes órganos del Estado tienen funciones
separadas, pero colaboran armónicamente para la realización de sus fines, no es
menos cierto que el Estado ha de tener una relación armónica con el pueblo, del
cual emana el poder público. Pero el pueblo tiene hambre y quiere una sociedad
en la que todos puedan comer con dignidad todos los días, con buena comida,
saludable, nutritiva, sin depender de nadie, y ganándose el pan con el sudor de
su propio trabajo.
Además desea que los precios
de los productos básicos de la canasta familiar en el expendio estén regulados a
tiempo por la oferta y la demanda de las cosechas que en los periodos secos y de
lluvias, desde las diferentes regiones del país abastecen la mesa de las
multitudes, por un índice de precios al consumidor en el que el expendedor no
imponga un “IPM: índice de precios según el marrano”.
En los primeros cien días del
gobierno que el presidente Gustavo Petro ha llamado “el gobierno de con la
gente” tiene que implantar la política de seguridad alimentaria y nutricional y
un gran abastecimiento en los mercados campesinos y populares para erradicar el
hambre.
Para lograr que el hambre deje
de matar, el presidente puede y debe convocar a la ciudadanía a que constituya
los Consejos Municipales de Protección al Consumidor, para que en asocio con las
alcaldías, el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Comercio y la
Superintendencia de Industria y Comercio, actúen con prontitud en la garantía de
no especular respecto al precio del producto de la canasta familiar que un
productor, proveedor o expendedor ofrezca, suministre, distribuya o comercialice
de manera habitual, directa o indirectamente.
Los precios de los insumos
agrícolas, las tarifas y distancias de los peajes, los costos de los fletes del
transporte de las mercancías, el precio del galón combustibles, los subsidios
por cosecha y el mantenimiento del buen estado de todas las vías de
comunicación, se deben regular y, sobre todo, controlar los precios de los
productos de la canasta familiar asegurando que el salario mínimo satisfaga el
costo nutritivo de la demanda alimentaria de la familia colombiana.
Pero además, es necesario hacer un llamado a la solidaridad de productores,
industriales, comerciantes, iglesias, vecinos y ONGs para que donen y no dejen
perder los alimentos que otros necesitan.
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