Fundado el 9 julio de 1948

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur K. Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

Pereira, Colombia - Edición: 12.965-545

Fecha: Martes 23 de agosto de 2022

 

EDITORIAL

  - 9
 

EDITORIAL

 

 

Las Fiestas de la

 

Cosecha que

 

perdieron identidad:

 

“Ya no son como

 

antes”

 

 

En el transcurso de estos días se está llevando a cabo en la ciudad de Pereira una serie de eventos que hacen parte de la programación de las Fiestas de la Cosecha para celebrar el aniversario número 159 de la capital Risaralda.

 

A pesar que la ciudad de Pereira se encuentra en sus fiestas aniversarias, no se siente el mismo fervor de antes en las que familias enteras esperaban con ansias estas fechas para disfrutar de parrandas, reinados, coloridos desfiles, entre otras actividades.

 

Este fervor ya casi no se siente como antes por la simple y sencilla razón que desde hace algunos años han optado por cambiarle la identidad a las fiestas, eliminando  tradiciones como el reinado popular el cual se llevaba a cabo en la Plaza de Bolívar de la ciudad de Pereira.

 

Además, los extranjeros que llegan a la ciudad no caen en cuenta por si solos que la ciudad se encuentra en fiestas, ello, teniendo en cuenta que todos los eventos que se realizan, se llevan a cabo de manera dispersa y muchas personas no se dan cuenta de algunos eventos que se realizan en diversos sectores de la ciudad.

 

Por otro lado, muchos pereiranos critican el hecho que los actos centrales de estas Fiestas de la Cosecha son los conciertos sinfónicos y los festivales gastronómicos, dejando a un lado el gusto popular de los pereiranos. Así mismo, ha sido mucha la polémica que se ha generado con el nombre que se les dieron a estas fiestas.

 

No cabe duda que esta polémica generó incluso que muchas personas de otras ciudades hayan preferido no venir a Pereira a disfrutar de estas fiestas a causa de esta mala propaganda. Lo cierto del caso es que la alcaldía municipal de Pereira debe desde ya empezar a crear una estrategia idónea para motivar a muchas más personas para que participen de estas fiestas.

 

El llamado es entonces a la comunidad en general para que no pierdan el sentido de pertenencia y amor por Pereira. En síntesis las Fiestas de la Cosecha no deben de perder la identidad bajo ninguna circunstancia.

 

 

 

 

 

 

   

 

Estamos en el momento histórico de reorganizar el país

 

 

Por Zahur Klemath Zapata
zkz@zahurk.com

 


Cuando Norteamérica se independizó de los ingleses en 1776, los criollos y nativos estaban bajo el dominio de la corona española como esclavos. Pasaron 34 años para prender la mecha de la independencia en 1810 y nombrar a José Miguel Pey presidente de la Junta Suprema de Santafé de Bogotá tras la renuncia del Virrey Amar y Borbón.

En esos momentos todo estaba como una rueda suelta y la parquedad en el pensamiento organizativo no visionó un futuro para la nación y sus habitantes. Todos tenían la prepotencia de ser reyezuelos en lo abandonado por el Virrey.

No había unidad, los españoles habían venido como saqueadores y no como inmigrantes a asentarse en estas tierras y prosperar para el bien de ellos y su entorno. Todo lo que construyeron fue para el momento, no para establecerse. Simplemente una colonia que había que explotar y que continúan explotando.

El nativo no tuvo ningún aprendizaje y el criollo por accidente nació y no tuvo otra alternativa que vivir en lo que conocía y aceptar lo que allende al mar ordenaban. La castración mental se fue dando a pellizcos y nada prosperaba si España no lo daba.

 

El poco intelecto que se fue dando no tenía el nervio, no para enfrentarse, sino para ir construyendo con otros un entorno propio donde el poder fuera floreciendo y creando mentalmente una independencia personal que los liberara del cordón umbilical que los unía a España.

Por eso cuando se da el grito de independencia en 1810 no hay sino un exabrupto para expresar esa fatiga social que hay contra el flagelo español y simplemente sacudirse lo que los mojaba. Esta es la razón por la cual pasan más de 10 años de patria boba. Y que aún persiste en otra forma.

Han pasado 212 años de dar tumbos y acusar a otros por la desgracia interna, más la importación de ideologías que no tienen nada que ver con la problemática social local, además de una división del territorio original en pequeños países y continua como lo quieren los antioqueños. Qué insensatez de pueblo que no piensa en unirse y conformar una sola nación con todas las buenas cosas que le brinda esta tierra llena de todo lo que otras naciones sueñan con tener.

Hoy estamos en la vía correcta, si se unifica el país hacia una meta que permita que la prosperidad económica y bienestar social se direccionen hacia una proyección de equilibrio como la que se está dando ahora y así erradicar todo ese malestar en el que hemos vivido por más de dos siglos.

Si no nos unimos bajo una sola bandera que es la nación y no los partidos o la religión sino la sociedad entera que es la que sufre y padece todas las adversidades que los políticos imponen por su desidia y ambición personal de apoderarse de unos dineros del erario no vamos jamás a llegar a establecer un verdadero país que brinde el bienestar que cada ciudadano espera de su país y del establecimiento.
  

 

 

Crónica de Gardeazábal # 479

 

DOÑA RUTH

 


Por: Gustavo Alvarez Gardeazábal



Audio: https://www.spreaker.com/episode/50993898

Todos los seres humanos tenemos un recuerdo bondadoso de alguno de nuestros maestros. Hay quienes lo poseen vibrantemente la que fue su primera maestra y salvo casos excepcionales casi todos preferimos el olvido contra los malos o dañinos profesores que se haya tenido. Pero lo que sí son pocos son los que levantan unanimidad en el recuerdo y el cariño dentro de quienes fueron sus estudiantes.

La semana pasada me informaron hasta este rincón a orilla del mar donde he venido a tratar de disminuir el efecto negativo emocional del mal de oído que me afecta, que había muerto doña Ruth.

 

Tal vez porque en el silencio donde trato de escuchar de nuevo el oleaje sobre la playa, esa clase de noticias hacen vibrar el diapasón de manera diferente.

 

O quizás más bien porque me sentí culpable de no estar marchando detrás de su féretro, la noticia me ha puesto a pensar en dónde residía el secreto o la habilidad de doña Ruth para que todos los que fueron sus alumnos durante un poco más de 50 años la recordarán siempre con tanto afecto y gratitud.

Y, como es común en estos casos, la evidencia la tuvimos siempre a la mano porque ella la empleó en las relaciones con quienes nunca fuimos sus alumnos, pero que contamos con ella para hacer política, obras sociales o recibir consejos no pedidos.

Doña Ruth no regañaba. Tampoco usaba la queja a los padres de familia ni convertía en instrumento punitivo la libreta de calificaciones. Y, lo que era muy sobresaliente en ella, para cualquier circunstancia, por difícil que fuese, siempre tenía la capacidad inmensa y generosa de su comprensión.

 

Entendía que el oficio de maestro no era solamente el de transmitir conocimientos sino el de orientar comprendiendo y quizás en exageración pero sin hacer gala de ello, doña Ruth entendía hasta la más díscola de las acciones de sus educandos y las clasificaba en el cajón de las soluciones, no del problema.

Montó su colegio de María Auxiliadora con afecto, sin aspavientos y con más entusiasmo que dinero. Nunca cobró matrículas exorbitantes lo que le garantizo educar siempre alumnos de clase media, nicho social en donde se mantuvo con dignidad y sin más pretensiones.

 

Tal vez por todo ello al morir doña Ruth Cruz de Bravo fueron tantos los recuerdos que han surgido y tantos los aplausos que me cuentan que dieron fervorosamente al paso de su féretro. Era una señora maestra. De esas que ya no se pueden dar en los tiempos de los algoritmos.
 


Agosto 22 del 2022
 

     

 

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