Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.370-950

Fecha: Sábado 23-11-2024

 

EDITORIAL

 

Colores plagiados


La vida no es sencilla. Incontables veces la vida y el períodico el Imparcial ha mostrado que la vida no es fácil y mucho menos en un país como Colombia, país en donde las necesidades básicas como la alimentación, la seguridad y la salud son temas que simplemente son difíciles de alcanzar, siempre tiene que existir un esfuerzo sobrehumano para obtener una pisca de alguna de estas necesidades, no es romantizar la búsqueda de regular una necesidad, es controlarla, es hablar más allá de lo bueno y lo malo, es percibir el mundo tal cual es, en blanco y negro. Pero, nuestros ojos son los que nutren de colores, intensidades todo aquello que percibimos, nuestros oídos encuentran el sentido en las palabras, nuestra lengua aquello que queremos decir y el tacto nos materializa aquello que luchamos por conseguir.

La vida no es sencilla, más no porque exista un nivel de complejidad en el mundo, sino porque la realidad no tiene ninguna connotación, el mundo no nos debe nada, ni mucho menos nosotros le debemos a él, de allí la posibilidad de salirnos de cualquier imposición que la estructura nos impone se convierte en la posibilidad de ser libres, y en esa libertad, en esa nada, es donde nuestra mente hace que nuestros sentidos perciban y sientan lo que ellos desean, sin categorías de bueno o malo universales, tan solo acontecimientos que acontecen a este cuerpo y le preguntan a dónde quieren ir con ellos.

Es de esta manera como la vida cobra más valor, ya que el valor es lo que colocamos nosotros, los puntos o las comas que decidimos colocar en esta gran novela llamada vida, son la decisiones que generan bifurcaciones o solo nos dejan en un camino desalmado de lo que el mundo nos dice que debemos ser.

En conclusión, para enfrentarnos a este mundo, a este país, primero debemos entender sus colores, para así y sólo así, comenzar a mancharlo con los nuestros. De ser esto posible, los discursos políticos caerán por su propio peso, pues ya no habrá ideales que seguir, sino realidades que alcanzar desde lo que tenemos, los paraísos litúrgicos se incendiarán y darán calor a aquellos que lo necesiten, el orgullo y el ego, será un acto hilarante, y la empatía y el amor serán un acto de respeto y valentía.

Una vez regulados los valores de la vida, la realidad aparecerá como el gran Jabberwock, para descomponer cualquier tipo de sentido, obligando así al sujeto a construir paso a paso, de forma real aquello que desea ver con sus ojos, pero, con la claridad, que talvez no pueda alcanzarlo, pero sí sentar las bases de lo que él reconoció en sí mismo como la libertad.

 

 

 

 

Los líderes solo velan por sus propios intereses

 

 

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Se ha tenido un buen concepto de los líderes, ellos como una fuerza defensora de los intereses de la gran mayoría. Esto venía haciendo parte de la historia de la humanidad como los personajes bíblicos y sociales que defendían los intereses de los subyugados.

Todo esto funcionó muy bien en el pasado porque la sociedad no había alcanzado el estatus que hoy tiene en su desarrollo intelectual. El proceso ha sido lento para alcanzar el individuo su propio reconocimiento y su equidad individual. En el pasado era una masa que funcionaba bajo las necesidades de techo y comida, quien ofrecía esto tenía a su merced vasallos que estarían allí confortablemente sin importar el trato que se les diera. Eran simplemente cosas que hacían parte del líder o patrón.

Hoy vivimos una era donde los niveles intelectuales permiten ser independiente y, en cierta medida, autónomos y vivir bajo las reglas que nos imponemos en nuestro propio entorno. El Estado es independiente, conformado por otros personajes que ejercen su poder porque la sociedad se los da y ellos se exceden pensando que son los amos de la cosa pública.

Aquí es donde nace la confusión entre el Estado y el individuo. Son dos entidades que conviven en el mismo territorio, como una simbiosis de partes que se necesitan para poder administrar el territorio donde se regentan. El uno sin el otro no podría existir, pero la parte que ejerce la administración se aprovecha en este caso de la ignorancia de quienes los contratan y los avasallan como mascotas de trabajo.

Un líder hoy es un elemento peligroso por el empoderamiento que él se toma y ejerce frente a quienes lo han elegido. A su alrededor crea un ejército protector que obliga a todos los estamentos civiles y estatales a que funciones según su criterio y su psicopatía.

El temor al enfrentamiento, la incapacidad de poder defenderse y la falta de poseer herramientas que puedan combatir al agresor, en este caso el líder, prefieren huir y perderlo todo antes que la vida. Hay un doble juego en que se amparan estos personajes, la constitución. Normalmente ella está elaborada como un tratado de derecho donde no permite que el pueblo y sus legisladores puedan cambiar las leyes que van en contravía al beneficio de la sociedad. Ella se ve acorralada e indefensa frente a los criminales y la corrupción que el mismo Estado ha creado bajo leyes represivas.

 

El líder o cabecilla siempre vela por sus intereses personales y sus secuaces, sus negociaciones van enfocadas a sumar apoyo de donde venga, con tal de poder

 

 

 

asumir el poder y luego repartir el botín, este es el principio de la democracia. Y como tal se ha visto porque no ha habido filósofos que esclarezcan estos puntos.

 

Una minoría social y que trabaja organizadamente está entendiendo que los líderes son los que se quedan con la productividad de todos o destruyen lo que ya está elaborado y que la gente viene disfrutando.

 

CUANDO CICLISTAS COMÍAN PANELA
Crónica 1011

Gustavo Alvarez Gardeazábal
Audio: https://youtu.be/sFiwqYlO_8Q


Mi hermana me mandó en estos días una foto de Pedro, su nieto de 3 años, montado en una de esas motonetas de verdad pero de mentiritas que caminan sin pedalear.

Pensé en lo imposible que me resultó convencer a mi padre para que me regalara una bicicleta como la que me prestaban mis vecinos los Peláez.

Quizás por ello he mantenido oculta desde hace 75 años mi afición por el ciclismo. Puro resabio de formación inconclusa. Pero quienes han vivido o trabajado conmigo y me ven horas enteras sentado frente al televisor donde transmiten las carreras de bicicletas, saben que detrás del adusto y serio escritor que dicen que he terminado siendo, hay un aficionado pasivo por las bielas y los pedales.

No monto en cicla. Del tema no hablo con amigos y nunca lo menciono en mis ya famosas comilonas o en mis míticas sesiones de apreciación a empresarios, políticos y gobernantes. Pero como la afición la mantuve durante tanto tiempo porque en Colombia producíamos ciclistas de envergadura y ganadores de tours y vueltas y por estos tiempos esos campeones no volvieron a surgir y el ciclismo colombiano parece haber entrado en vertical caída, antes que sumarme a los seguidores de Podjacar o de Renco, me puse a pensar que ese bajón se puede explicar sin echarle culpas a nadie.

Los ciclistas colombianos llevaban ventaja porque entrenaban en altura, subiendo a La Línea o a Minas y comían panela de trapiche viejo, no de azúcar refinada.

Los de Europa ahora son mejores porque pasan 4 de los 8 meses de entrenamientos en concentraciones en los Alpes y los Pirineos. Porque se someten a modernas dietas alimenticias y aprendieron a medir sus voltajes y a pedalear con ritmo y frenesí.

Por supuesto tienen patrocinadores generosos, no avaros como los de aquí y sus entrenadores son más sensatos y más atrevidos. No es entonces que los ciclistas colombianos se volvieron malos, es que los igualaron y les arrebataron la ventaja que daban la panela y la montaña.

El Porce, noviembre 23 del 2024
 

 

Director
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Gerente
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Gerente Operativo
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Editor

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Diagramación
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Colaboradores

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Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 
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