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Pereira, Colombia - Edición: 13.370-950 Fecha: Sábado 23-11-2024 |
COLUMNISTA |
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El disco rayado
Por: Jotamario Arbeláez
Comencé
hace ya un buen rato, desde que me instalé en mi paraíso en Villa de
Leyva -donde hubo un mar y vivieron dinosaurios antes que yo-, a
joder con la muerte en mis escritos de prensa, hasta que de pronto
la misma prensa dio la noticia de mi muerte mientras yo roncaba
feliz en una clínica de reposo donde en un pulmón me descubrieron un
trombo que ya se fue. Mi anunciado deceso despertó llanto colectivo
mundial y alborozo cuando se desmintió la noticia que voló como
pájaro migratorio por las redes y los periódicos. Hubo una
aclamación general acerca de mis cualidades y mis bondades, de
algunas de las cuales ni yo mismo tenía noticia. No puedo negar que
la arisca fortuna al fin me peló los dientes.
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Cuando Dios dijo “hágase la muerte” la muerte se hizo la muerta. Y eso hice yo. Ya a la muerte me la pasé por la faja pero no sé qué me quedo haciendo en la repetición de los mismos rituales, dormir y despertar y bañarse y desayunar y hacer del cuerpo y hacer de cuenta que se hizo el amor con las novias que se vuelven a vestir y se van. Vivir la vida como un disco rayado. Menos mal que quedan los libros que no se han alcanzado a leer y las películas que uno no recuerda si vio. Y que quedan algunos alzadores de pesas y diestros con el violín y el pincel que sacan la cara por la especie mientras que con el corazón en una mano y el sombrero en la otra asistimos al entierro de los amigos que esperaron toda la vida sepultarnos con la pompa que merecíamos. Porque uno espera que se vaya primero el otro con quien se compartió pan y pedazo. Unos se entristecen y otros ni siquiera se darán cuenta. Nadie sabe para quién se muere.
La muerte está feliz
conmigo mientras le cante como le encanta. La muerte es un bombillo prendido que
sigue encendido así se vaya la luz. No sólo de luz vive el ojo. Los seres de la
oscuridad se dejarán ver un día, y no necesariamente serán seres de las
tinieblas. No hay nada más bello que besar al oscuro. Ya ni siquiera vale la
pena navegar montado en la lisergina. Lo dijo Leonard Cohen en un poema: “La
vida es una droga / que deja / de hacer efecto”.
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dolores. Sufría por lo que me dolía en el cuerpo y en el alma que
no tenía, pero también por los dolores del mundo que no sabía cómo apagar. Pero
como eso era el mal de mi generación, no me abstuve de bailar la conga en una
sola pata en cada reunión a la que asistía y en la cual encontraba por lo
general a una pareja que con su otra sola pata me seguía el paso. Eduardo
Escobar me motivó a dar el salto con su eslogan para una lotería “Salga de la
depresión”, y a la publicidad fui a parar de cabeza, para mofas de la
insurgencia. Y con sus honorables honorarios más los denarios de los premios de
poesía construí mi blanca morada.
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