6-El Imparcial

 

JUDICIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.415-995

Fecha: Martes 11-02-2025

 

Tensión en Mistrató: Ejército y Clan del Golfo se enfrentan en zona indígena

 

 

La tranquilidad del corregimiento San Antonio del Chamí, en Mistrató, se vio interrumpida por fuertes enfrentamientos entre el Ejército Nacional y miembros del Clan del Golfo. Según confirmó la Quinta División del Ejército, tropas del Batallón de Artillería de Campaña Nº8 de la Octava Brigada sostuvieron combates contra esta estructura criminal en la zona limítrofe con Antioquia.

El conflicto se desató luego de que la comunidad indígena alertara sobre la presencia de hombres armados en su territorio. Las autoridades respondieron con un operativo para frenar el avance de este grupo ilegal, que al parecer pretendía utilizar el departamento de Risaralda como corredor estratégico para movilizarse hacia Chocó y Valle del Cauca.

Este episodio es el segundo hecho violento en la región en menos de una semana. El pasado 6 de febrero, el Grupo de Operaciones Especiales de la Policía capturó a cuatro personas en el mismo corregimiento, tras recibir denuncias sobre la presencia de extraños en la zona. Durante el operativo, se les incautaron 65 cartuchos calibre 9 mm, un radio de comunicación, tres millones de pesos en efectivo y una motocicleta. Sin embargo, ninguno de los capturados era oriundo de Risaralda y, pese a la evidencia, fueron dejados en libertad.

El coronel Héctor García informó que las autoridades adelantan investigaciones para determinar las intenciones de los detenidos y establecer si tienen vínculos con estructuras criminales. Mientras tanto, el Ejército mantiene su presencia en la zona para evitar que estos grupos armados consoliden su influencia en el territorio.

 

Defensa de Uribe recusó a jueza por falta de imparcialidad en juicio

 

 

El lunes 10 de febrero continuó el juicio oral contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez, acusado de soborno, soborno en actuación penal y fraude procesal. La Fiscalía, en su exposición inicial el pasado 6 de febrero, aseguró que presentará pruebas de que Uribe habría enviado emisarios a cárceles para convencer a exparamilitares de testificar a su favor en casos que lo vinculan con el Bloque Metro de las AUC.

Sin embargo, la defensa del exmandatario recusó a la jueza Sandra Liliana Heredia, argumentando una presunta falta de imparcialidad. Jaime Granados, abogado de Uribe, afirmó que la jueza ha vulnerado sistemáticamente las garantías de la defensa y ha mostrado un interés excesivo en avanzar con el proceso sin considerar el debido respeto al derecho a la defensa. Además, señaló que Heredia se ha pronunciado de manera anticipada sobre aspectos clave del juicio, lo que pondría en riesgo la imparcialidad de la sentencia final.
 

Durante la audiencia, la defensa presentó su versión de los hechos, señalando que los testimonios de los exparamilitares carecen de consistencia y que la Fiscalía ha tergiversado los hechos. Granados insistió en que las visitas a las cárceles no tenían como objetivo sobornar a testigos, sino lograr una retractación legal de declaraciones previas. Según la defensa, no se hicieron ofrecimientos a cambio de estos testimonios.

 

 

 

Uribe también tomó la palabra para defenderse y aseguró que jamás ordenó sobornos ni engañó a la justicia. "No pretendo reemplazar a mis abogados. No soborné ni mandé a sobornar testigos, no engañé a la justicia. En este juicio probaremos que hubo un juicio político en mi contra", declaró el expresidente. Asimismo, negó conocer a Juan Guillermo Monsalve, testigo clave en el caso, y explicó que en 2018 buscó una rectificación de sus declaraciones sin recurrir a ofrecimientos indebidos.

El exmandatario insistió en que su intención siempre ha sido esclarecer la verdad y defenderse de lo que considera acusaciones infundadas. En su intervención, también mencionó que los informes sobre supuestos ofrecimientos a testigos provienen de un proceso impulsado por el senador Iván Cepeda, quien habría visitado cárceles para obtener testimonios en su contra a cambio de beneficios jurídicos.

El juicio sigue su curso mientras se espera la resolución sobre la recusación presentada por la defensa.

 

Informe de la Guerra por narcotráfico que desató el desplazamientos y violencia en el Catatumbo

 

 

La región del Catatumbo, en Norte de Santander, vive una de sus peores crisis humanitarias en los últimos años debido a los enfrentamientos entre el Frente de Guerra Nororiental del ELN y la estructura 33 de las disidencias de las FARC. Un informe reservado de inteligencia de la Fuerza Pública, conocido por medios nacionales, revela que la ruptura de acuerdos entre estos grupos criminales por el control del narcotráfico habría sido el detonante del conflicto.

Desde el 16 de enero, la violencia ha dejado 56 homicidios y ha desplazado a más de 54.000 personas, muchas de ellas aún refugiadas en albergues. En respuesta, el gobierno ha desplegado más de 9.500 uniformados de la Fuerza Pública en la zona. Sin embargo, la situación sigue siendo alarmante.

El informe de inteligencia señala que estos grupos habían mantenido un pacto de coexistencia territorial desde 2017, lo que permitió una distribución del control sobre las rutas del narcotráfico y otros delitos en la zona. Sin embargo, en los últimos meses, fricciones entre mandos medios y disputas por las economías ilegales provocaron el colapso de estos acuerdos, llevando al estallido de la violencia.

El Catatumbo es una región clave para el narcotráfico debido a su ubicación estratégica en la frontera con Venezuela. Según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), en la zona se concentra el 32 % del total de los cultivos de coca del país, con municipios como Convención, El Tarra, Sardinata, Teorama y Tibú liderando la producción. Este territorio se ha convertido en un epicentro de la disputa entre los grupos armados ilegales.

 

La confrontación entre el ELN y las disidencias de las FARC comenzó en zonas rurales de Tibú, San Calixto y Teorama. Según el informe, la difusión de videos y comunicados por parte del ELN ha sido parte de una estrategia mediática para responsabilizar a la estructura 33 de las disidencias por el asesinato del tanatólogo Miguel Ángel López y su familia. Este crimen habría sido el punto de inflexión que desató los enfrentamientos, los cuales han dejado más de 30 muertos, según estimaciones extraoficiales.

 

En medio del conflicto, otros actores criminales han intentado aprovechar la situación. El ‘Clan del Golfo’ estaría moviéndose hacia el Catatumbo con la intención de disputar el control del narcotráfico, mientras que ‘Los Pelusos’,

 

 

 

otro grupo delincuencial, busca consolidar su presencia en la región. La guerra entre el ELN y las disidencias ha debilitado su relación con la población civil, afectada por asesinatos selectivos, desplazamientos y escasez de alimentos.

 

Uno de los datos más reveladores del informe es la supuesta relación entre el ELN y las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela. Según alias ‘Milton’, un exintegrante del Frente 33, el ELN paga a los guardias venezolanos para impedir la entrada de disidentes a su territorio. En 2023, la Guardia Nacional Bolivariana expulsó a integrantes del Frente 33 de Venezuela, obligándolos a replegarse en Colombia, lo que habría exacerbado las tensiones en la zona.

La crisis en el Catatumbo sigue en desarrollo, mientras las autoridades buscan frenar el conflicto y evitar que la violencia continúe escalando. Sin embargo, la lucha por el control territorial y las economías ilegales mantiene a la población civil en medio del fuego cruzado, sin una solución clara a corto plazo.

 

Explosivo del ELN mantiene en vilo a comunidad de Chocó

 

Desde hace más de dos semanas, un explosivo abandonado por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) mantiene en zozobra a los habitantes del municipio de Río Iró, en Chocó. La carga fue instalada el pasado 25 de enero tras un hostigamiento en el que resultó muerto el patrullero de la Policía Yeison Yair Parra. Desde entonces, el artefacto continúa en el parque principal, sin que las autoridades hayan logrado desactivarlo.

 

El lugar, que solía ser un espacio de recreación para niños y familias, ahora es una zona prohibida para la comunidad. “La gente tiene miedo de acercarse, los niños ya no pueden jugar aquí”, relató un líder comunitario al diario regional Chocó 7 Días. La tragedia comenzó cuando el patrullero Parra intentó acercarse al explosivo y fue abatido por un francotirador del ELN. Desde ese momento, la amenaza permanece intacta, generando terror entre los habitantes.

El alcalde de Río Iró, Wilber Sánchez, ha solicitado repetidamente ayuda a las autoridades nacionales para retirar el peligroso artefacto. “Necesitamos que lo descarten de una vez por todas, la gente vive con temor”, declaró en medios nacionales. Sin embargo, la difícil situación de orden público en la zona ha dificultado la intervención de los expertos en explosivos.

La violencia en Chocó no se limita a este episodio. En el departamento se libra una intensa disputa territorial entre el ELN y el Clan del Golfo, lo que ha dejado a cientos de familias atrapadas en medio del conflicto. Recientemente, la comunidad de Río Iró realizó una marcha para exigir que los grupos armados cesen sus ataques y respeten a la población civil.

“A la gente le da miedo salir, porque ya un señor murió en una mina antipersona en diciembre. Estamos confinados y no podemos hacer una vida normal”, expresó un líder comunitario al portal La Silla Vacía. Además, los constantes enfrentamientos han obligado a la Policía a permanecer acuartelada, dejando a la población en una situación de abandono y vulnerabilidad.

 

 

La crisis se agrava con la escasez de agua potable. Los habitantes han dejado de reparar la bocatoma del acueducto por miedo a ser atacados, ya que la zona está controlada por guerrilleros del ELN. “Preferimos quedarnos sin agua que arriesgarnos a morir”, explicó otro residente.

Mientras las autoridades buscan una solución, la comunidad sigue atrapada entre el miedo y la incertidumbre.

 

 

 

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