el mundo, siendo el
despertar de nuestra conciencia interior el verdadero cambio que experimentamos
en la actualidad.
Un día sábado soleado en la mañana, empaqué en una mochila una agenda café
pequeña, un bolígrafo negro, una pequeña cámara y una toalla verde y tomé una
chiva rumbo al corregimiento de La Florida, localidad que limita justo con la
vereda San Juan y San Marcos, en donde se localiza el territorio conocido por
todo el mundo como la tierra de los ‘Genaros’.
Al llegar a mi destino; me di cuenta que Ricardo García
continuaba usando su sombrero blanco con el que recuerdo haberlo visto hace un
tiempo atrás, tenía una camisa gris corta, sencilla y como siempre una moña
recogiendo su cabellera. Ricardo se encontraba acompañado de un perro grande
negro pero que inspiraba confianza y un palo largo delgado con el que se
encontraba atrapando limones para llevar a su maloca, una casa sin puertas ni
ventanas y que es tradicional de la cultura indígena colombiana, peruana,
ecuatoriana y brasileña.

“El 12 de febrero empezó un nuevo año ancestral para los Mayores”, expresó
Ricardo refiriéndose así a sus fidedignas creencias ancestrales en los que la
luna, el sol, las estrellas y por supuesto la “pacha mama”, (la tierra); son los
hermanos mayores que nos muestran el camino, la iluminación y la conexión entre
el ser y la naturaleza.
“El mundo se quedó sin respiración porque no existe una
conciencia espiritual de la vida con el universo, es por esta razón que
promovemos un despertar en el interior que aún no se da en el mundo occidental,
es decir, en el mundo de los menores”, explicó Ricardo García al son que entre
matorrales caminábamos de regreso a su maloca entre matorrales y cultivos
orgánicos de mora, y algunas yerbas medicinales que mencionaba él como la
pulmonaria, el eucalipto, el sauco, entre otras.
Una vez llegamos a la Maloca, en el centro de la misma, rodeada por dos
sartenes, negros grandes y desgastados se encontraba Julia Isabel García, esposa
de Ricardo, quien acurrujada inspirando una imagen de ternura y de una afanada
humildad; se disponía a pelar una de las 7 naranjas que alcancé a contarle,
esparcidas en el piso de esterilla en donde también se encontraban dos baldes
color rosado llenos de moras, fresas, limones y naranjas; listos para ser
revueltos según lo explicó ella, con yerbas silvestres como ajo de oso, apio
caballar, pamplina y cosconilla, obteniendo como un resultado una medicina
ancestral espiritual.
“Se trata de una medicina ancestral que simboliza nuestra fuerza espiritual,
porque si estamos purificados en cuerpo y alma y en conexión con la naturaleza,
los agentes externos no tendrán cabida en nuestro cuerpo y organismo”, precisó
doña Julia.
A un lado de los sartenes y del fuego se encontraba una mesa en la que mal
contados había más de 30 frascos con estas medicinas para posteriormente ser
distribuidos entre los habitantes de La Florida y alrededores como un mecanismo
de defensa en estos tiempos de pandemia.
Mientras tanto afuera de la Maloca un grupo de siete jóvenes, y convencidos de
la importancia de la trasmisión del mensaje del despertar de la conciencia
ambiental se encontraban departiendo, preparando según ellos, las próximas
charlas con la orientación de Ricardo García acerca de la difusión de este
mensaje a la comunidad.
Así lo dio a conocer a El Imparcial, Marcela Gómez, visitante y seguidora de las
iniciativas ambientalistas de ‘Los Genaros’, quien hizo especial énfasis en la
especial urgencia y necesidad del mundo contemporáneo en todo aquello que
concierne a tener una mirada integral del ser, preservando el equilibrio
energético entre el campo y la vida.
“Este lugar es único en el mundo porque en más de cien años no se ha amoldado a
las prácticas occidentales de cultivo con químicos. Es un espacio único que
tenemos en Colombia en donde los cultivos son el resultado de una creencia
ancestral, es algo único y una labor de producción agroecológico que es un
verdadero ejemplo”, manifestó Marcela Gómez.