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tercio de las emisiones humanas de
CO2, el gas que impulsa el cambio climático. Sin embargo, la mala gestión de la
tierra amenaza esta capacidad crítica, comprometiendo aún más los esfuerzos para
frenar la liberación de estos gases nocivos.
La deforestación, que contribuye a la desertización, va en aumento, y sólo el
60% de los bosques del mundo siguen intactos, por debajo de lo que la ONU llama
el «objetivo seguro del 75%».
4- ¿Qué hay que hacer?
La buena noticia es que la humanidad tiene los conocimientos y el poder para
devolver la vida a la tierra, convirtiendo la degradación en restauración.
Se pueden cultivar economías robustas y comunidades resistentes a medida que se
abordan los impactos de las sequías devastadoras y las inundaciones
destructivas.
Lo más importante es que las personas que dependen de la tierra son las que más
deben influir en la toma de decisiones.
La Convención afirma que para “lograr un objetivo estratégico”, es necesario
restaurar 1500 millones de hectáreas de tierras degradadas para 2030.

5.- Lo que se puede
conseguir en Riad
Responsables políticos, expertos, el sector privado y la sociedad civil, así
como los jóvenes, se reúnen en Riad hasta el 13 de diciembre con una serie de
objetivos, entre ellos:
Acelerar la restauración de las tierras degradadas para 2030 y más adelante
Aumentar la resiliencia ante la intensificación de las sequías y las tormentas
de arena y polvo
Restaurar la salud del suelo y aumentar la producción de alimentos respetuosos
con la naturaleza
Garantizar los derechos sobre la
tierra y promover la equidad para una gestión sostenible de la tierra.
Garantizar que la tierra siga
aportando soluciones para el clima y la biodiversidad Liberar oportunidades
económicas, incluidos empleos decentes basados en la tierra para los jóvenes.
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Una superficie del tamaño
de Egipto, unos 100 millones de hectáreas, de tierras sanas y
productivas se degrada cada año debido a la sequía.
Las cinco cosas que el mundo debe saber sobre la desertificación y
por qué tiene que dejar de tratar el planeta como si fuera un
basurero y proteger las tierras productivas que sustentan la vida en
la Tierra, fueron resaltadas por la ONU, con ocasión de la cumbre
que se lleva a cabo en Riad hasta el 13 de diciembre.
1- No hay vida
sin tierra
Tal vez resulte obvio, pero sin una tierra sana no hay vida.
Alimenta, viste y da cobijo a la humanidad.
Proporciona puestos de trabajo, mantiene los medios de subsistencia
y es la base de las economías locales, nacionales y mundiales. Ayuda
a regular el clima y es esencial para la biodiversidad.

A pesar de su importancia para la vida tal y como la conocemos,
hasta el 40% de la tierra del mundo está degradada, lo que afecta a
unos 3200 millones de personas; es decir, más de un tercio de la
población mundial.
Desde las montañas deforestadas de Haití hasta la desaparición
gradual del lago Chad en el Sahel y la desecación de tierras
productivas en Georgia, en Europa oriental, la degradación de la
tierra afecta a todas las
partes del mundo.
2- Tierras
degradadas
La desertificación, proceso por el que se degrada la tierra en zonas
típicamente secas, es consecuencia de diversos factores, entre
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ellos las variaciones climáticas y
las actividades humanas, como la sobreexplotación agrícola o la deforestación.
Cada año se pierden 100 millones de hectáreas (o un millón de kilómetros
cuadrados), es decir, el tamaño de un país como Egipto, de tierras sanas y
productivas.
Los suelos de estas tierras, que pueden tardar cientos de años en formarse, se
están agotando, a menudo a causa de condiciones meteorológicas extremas.

Las sequías golpean con más fuerza y frecuencia, y se prevé que tres de cada
cuatro personas en el mundo sufrirán escasez de agua en 2050.
Las temperaturas están aumentando debido al cambio climático, lo que provoca
fenómenos meteorológicos extremos, como sequías e inundaciones, que se suman al
reto de mantener la productividad de la tierra.
3- Pérdida de tierras y
clima

Hay pruebas claras de que la degradación de la tierra está interconectada con
retos medioambientales más amplios como el cambio climático.
Los ecosistemas terrestres absorben
un
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