Últimamente he visto muchos murales. Grandes paredes pintadas.
Fachadas de casas y edificios. Avenidas.
Parece existir un horror vacui muy acentuado. Los temas tratados son
por lo común ecológicos y feministas. Me aburren un poco, la verdad.
Es evidente que los pintores saben lo que hacen. Hay buena
proporción en el dibujo, buena técnica del color, aplicación
adecuada de la pintura... pero no se arriesgan a hacer algo propio y
diferente.
Puedo estar equivocada claro, y lo que sucede es que estos murales
respetan el gusto de quien los contrata. Se nota poca libertad de
expresión. Una lástima.
Hay un mural que me gusta mucho en Santa Rosa de Cabal. Está medio
escondido en la pared trasera de una trilladora o algo así, a la
salida hacia Pereira por la carrera 17. Es un ser con
características antropoides, de miembros largos y delgados. Un
monstruo mitológico. No logro encontrar ninguna reseña de esta obra
entre el registro de murales de Santa Rosa.
En los años 80, en Manizales se hicieron dos pares de murales que
dieron mucho de qué hablar. Hablar bien.
En la Plaza de Bolívar, el maestro Guillermo Botero creó en 1.987
dos murales: Preludio de lanzas llaneras y Vientos de libertad sobre
el 20 de Julio, en cerámica vidriada de vivos colores sobre un fondo
color ladrillo. Las figuras encarnan personajes del drama histórico
de la independencia y la lucha que siguió. A mí me agradan
particularmente los caballos encabritados que confieren dramatismo.
Me gusta el conjunto porque no es panfletario. Solía pasar por la
plaza y ver desde la gobernación los dos murales como protagonistas,
teniendo al fondo la Catedral y a un lado el Bolívar Condor de
Arenas
Betancourt.
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Por la misma época, en el Parque de los Enamorados
(Avenida Santander, Barrio San Jorge) hoy llamado Parque de la
Mujer, el maestro manizaleño Luis Guillermo Vallejo pintó otro par
de murales hiperrealistas. Cada uno mostraba una casa antigua de dos
pisos, con chambranas, como las que se veían en Manizales cuando
estaba construida de bahareque. En los corredores, adornados con
materas y puertas y ventanas de madera calada, se asomaban mujeres
espiando la llegada del novio. Eran tan realistas que daba placer
caminar por la carrera 23 y ver a cierta distancia ese escenario del
pasado. Mi mamá decía que se sentía en la Salamina de los 50 cuando
charlaba con mi papá desde la ventana. Y eso es muy importante. Una
obra que le habla a la gente. Una obra que permite a quien la
contempla, una conexión emocional y/o intelectual.
Desafortunadamente, los dos murales del maestro Vallejo estaban muy
deteriorados la última vez que los vi.
Los murales existen desde hace milenios y en prácticamente todo el
mundo. Las pinturas rupestres son los murales más antiguos, de hace
40.000 años. Son obras elaboradas en paredes y a veces techos de
cuevas en ocasiones profundas y difíciles de acceder.
En esos tiempos la preocupación del hombre era la cacería y ese es
el tema regular de sus pinturas: siervos, bisontes, caballos, mamuts.
Una forma de propiciar y atraer la captura de estas presas.
Tanto los egipcios, como los pueblos mesopotámicos - Asiria,
Babilonia- desarrollaron el arte mural en gran escala. En el caso de
Egipto los murales solían situarse en los templos o en las tumbas.
Las paredes de las cámaras funerarias egipcias cumplían con el deber
de cubrir por medio de la representación pictórica, las necesidades
del difunto en el más allá: alimentos, muebles, jardines con
estanques llenos de peces, ganado, campos de trigo y
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por supuesto siervos
que hagan el trabajo. También se cubrían las paredes de escritura
jeroglífica con textos importantes en el más allá. Es interesante porque estos
murales no fueron hechos para que los viera un público. Eran imágenes privadas.
Solo el difunto disfrutaría de ellas.
En los templos también aparecen representaciones heroicas y monumentales de
dioses y faraones, con profusión de color. Todo rodeado de jeroglíficos.
Otro tanto en muros de murallas en Babilonia y Asiria. Estos muros con animales
mitológicos, dioses y reyes vencedores, tenían que producir temor, sumisión y
veneración.
Desde el siglo IV, la Iglesia pudo por fin, construir sus edificios de culto,
con murales trabajados en mosaico de influencia bizantina.
Y a lo largo del románico los murales de las iglesias, hechos al fresco tenían
una motivación pedagógica. Los fieles, en su mayoría analfabetos, podían
entender las Escrituras por las historias representadas en los muros de las
iglesias.
Y doy un salto en el tiempo para llegar a México a principios del siglo XX. El
muralismo mexicano revistió de reivindicaciones sociales y políticas la técnica
del mural. Artistas como Rivera, Siqueiros y Orosco.
En Colombia Pedro Nel Gómez creó murales con una gran influencia mexicana.
Indigenismo, luchas laborales, etc.
Y vuelvo al presente. Murales por todos lados. Y eso es bueno porque nos
llenamos de color, y recordamos qué bonita es nuestra fauna.
Pero me encantaría volver a ver un mural diferente, que me asombre y me cuente
una historia. Un mural que hable de su creador.
O tal vez debo mirar mejor. |