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especies
beneficiosas como las mariposas y las abejas.
Nick Haddad, profesor de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad Estatal
de Michigan y coautor de la investigación, subraya que “la aplicación
profiláctica y casi universal de insecticidas perjudica a las mariposas y a
otros polinizadores sin que se haya demostrado un impacto positivo en el
rendimiento de los cultivos”. Además, señala que el 20 % de las tierras
agrícolas presentan bajos rendimientos, lo que sugiere que el uso indiscriminado
de estos productos podría no ser tan efectivo como se cree.
A pesar de la gravedad del problema, aún hay esperanza. La reducción en el uso
de pesticidas, la protección y restauración de hábitats naturales y el fomento
de prácticas agrícolas más sostenibles podrían revertir la tendencia. Haddad
enfatiza que “lo que se aplica como 'seguro' está generando un gran daño a los
agroecosistemas. La buena noticia es que el uso generalizado de insecticidas
puede revertirse, permitiendo la recuperación de las mariposas y otros
polinizadores”.

Algunas iniciativas ya han comenzado a hacer la diferencia. Programas de
conservación han logrado estabilizar las poblaciones de ciertas especies en
peligro, y movimientos ciudadanos como la creación de jardines de mariposas han
ganado popularidad en varias regiones del mundo. Sin embargo, estos esfuerzos
deben multiplicarse y recibir el respaldo de políticas gubernamentales más
estrictas para garantizar su efectividad a largo plazo.
Las mariposas han sido testigos de la historia de nuestro planeta durante
millones de años. Han sobrevivido cambios climáticos, extinciones masivas y la
evolución de los ecosistemas. Sin embargo, la acción humana está poniendo en
riesgo su existencia a un ritmo sin precedentes. Si no actuamos ahora, podríamos
perder no solo su belleza, sino también su invaluable contribución a la
biodiversidad del mundo. La crisis de las mariposas es un recordatorio de que la
naturaleza no es infinita y de que la responsabilidad de protegerla recae sobre
todos nosotros.
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Las mariposas, con sus vibrantes colores y delicadas alas, han sido
durante siglos símbolos de transformación y belleza. Sin embargo,
detrás de su apariencia etérea se esconde una crisis alarmante: la
drástica disminución de sus poblaciones a nivel mundial.
Investigaciones recientes han confirmado que estos insectos,
fundamentales para los ecosistemas, están desapareciendo a un ritmo
inquietante, lo que podría traer consecuencias devastadoras para el
equilibrio natural del planeta.
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad Estatal de
Michigan reveló que, entre los años 2000 y 2020, la población total
de mariposas en Estados Unidos se redujo en un 22 %. El trabajo,
publicado en la revista Science, analizó datos de casi 77,000 censos
de 2,500 localidades y más de 12.6 millones de mariposas de 554
especies. Los resultados son contundentes: las poblaciones de 107
especies disminuyeron a menos de la mitad de su tamaño inicial en
solo dos décadas.

Collin Edwards, ecólogo cuantitativo del Departamento de Pesca y
Vida Silvestre de Washington y autor principal del estudio, advierte
que esta tendencia debería ser una llamada de atención: “Necesitamos
con urgencia esfuerzos de conservación a escala local y nacional
para proteger a las mariposas y otros insectos. Nunca habíamos
tenido un panorama tan claro de la reducción de sus poblaciones como
el que tenemos ahora”.
El declive de las mariposas no es exclusivo de Estados Unidos. En
Europa, la situación es igual de grave. Un estudio publicado en la
revista PNAS en 2020 concluyó que en Reino Unido el 8 % de las
especies se han extinguido, mientras que las poblaciones generales
han disminuido aproximadamente un 50 % desde 1976. En los Países
Bajos, el 20 % de las especies ha desaparecido y en
Bélgica, el 29 % de las mariposas nativas ya no
existen. En total, se estima que la población de lepidópteros en
Europa se ha reducido en un 36 %.
El impacto de esta crisis va más allá de la desaparición de estos
insectos. Las mariposas desempeñan un papel crucial en la
polinización de muchas plantas y cultivos, además de ser una fuente
de alimento para
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numerosas especies de aves y otros animales. Según el estudio
dirigido por Edwards, las mariposas y las moscas contribuyen significativamente
a la producción de algodón en Texas, una industria valuada en 120 millones
de dólares. Además, el declive de las mariposas coincide con la alarmante
reducción de aves en América del Norte, que ha perdido casi 3,000 millones de
ejemplares en los últimos 50 años.
“El ser humano depende de las plantas, los microbios y los animales para el aire
que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que consumimos. Sin embargo,
estamos perdiendo especies a un ritmo que rivaliza con los principales eventos
de extinción masiva en nuestro planeta”, advierte Elise Zipkin, profesora de
ecología cuantitativa de la Universidad Estatal de Michigan y coautora del
artículo.
Las causas de esta crisis son múltiples, pero la principal es la pérdida y
degradación del hábitat de las mariposas. La expansión urbana, la conversión de
bosques en tierras agrícolas y la deforestación han reducido drásticamente las
áreas donde estos insectos pueden vivir y reproducirse. El cambio climático
también juega un papel determinante, alterando los patrones de migración de
muchas especies y generando condiciones climáticas extremas que afectan su
supervivencia.
Otra amenaza significativa proviene de los pesticidas y otros químicos
agrícolas. Un estudio publicado en PLOS ONE reveló que los
insecticidas representan un riesgo mayor para las mariposas que incluso la
pérdida de hábitat y el cambio climático. Estas sustancias afectan su abundancia
y diversidad, eliminando no solo a los insectos dañinos para los cultivos, sino
también a
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