Fundado el 9 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.447-1027

Fecha: Jueves 27-03-2025

 

EDITORIAL

 

Sensibilidad selectiva

 

La cultura ha sido históricamente el refugio de quienes buscan sentido, de aquellos que encuentran en la palabra escrita, en el cine, en la música y en el arte un espacio para la introspección y la conexión con la humanidad. Sin embargo, existe una paradoja inquietante: hay quienes, pese a su refinada sensibilidad artística, carecen de empatía real hacia los demás. Son personas que pueden emocionarse hasta las lágrimas con la tragedia de un personaje ficticio, pero que ignoran el sufrimiento tangible de quienes los rodean.

La fascinación por la maldad ha sido una constante en la historia cultural. Desde la literatura hasta el cine, la exploración del lado más oscuro del ser humano ha generado innumerables obras que intentan desentrañar los motivos de la violencia, del crimen, de la brutalidad. Pero, ¿hasta qué punto el análisis de la maldad es un ejercicio legítimo? ¿Cuándo deja de ser una exploración y se convierte en un acto de morbo, en un eco innecesario de la crueldad?

El problema no radica en la existencia de estas representaciones, sino en la justificación de su difusión sin una reflexión ética de por medio. No todo lo que se puede contar debe contarse sin consecuencias. Hay quienes defienden la idea de que cualquier restricción al arte es un acto de censura, pero olvidan que la creación cultural no ocurre en el vacío. Toda obra tiene un impacto, y ese impacto puede alimentar discursos que perpetúan la violencia, la deshumanización y el sufrimiento.

Hay una diferencia entre documentar la realidad para entenderla y glorificar lo abyecto bajo el pretexto de la expresión artística. La cultura tiene la capacidad de iluminar las sombras, de confrontarnos con lo más difícil de nuestra sociedad, pero también debe hacerlo con responsabilidad. La fascinación desmedida por la psicología de quienes cometen actos atroces puede terminar convirtiéndolos en protagonistas en lugar de evidenciar la tragedia de sus víctimas.

La maldad no necesita ser retratada con morbo para ser comprendida. Existen formas de abordar el dolor sin trivializarlo, de narrar sin revictimizar, de analizar sin justificar. La cultura debe servir a la humanidad, no a la fascinación por el horror. Y si el arte realmente busca dar voz a la verdad, entonces debe recordar que la verdad no está solo en la mente del agresor, sino en las vidas arrebatadas, en las historias que dejaron inconclusas, en la memoria que merecen.

No se trata de negar la existencia del mal ni de evitar reflexionar sobre él, sino de preguntarnos si realmente necesitamos más relatos que le den un lugar central, en lugar de recordar a quienes lo han sufrido. Porque si algo nos ha enseñado la historia es que la maldad no necesita justificación. Lo que necesita es ser erradicada.

 

 

 

Vivimos bajo un engaño permanente y seguimos creyendo en los políticos

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

El perrito de mi casa cree en mí y se somete a la calidad de vida que yo le doy. Él siempre está a mi lado y me habla en su lenguaje precario cuando quiere algo de mí. No es complicado entender, su lenguaje es simple pero concreto. Es una persona que tiene su mundo y lo vive sin descuidar que yo estoy ahí con él. Así de simple es la vida, es parte de mi familia.

Cuando salgo a la calle me encuentro con otro mundo, no un mundo que yo he construido sino una multitud de personas que han creado el entorno de múltiples negocios, empresas y quehaceres para que todos podamos vivir en esa cadena que nos une y nos obliga a mantener los eslabones unidos para que podamos vivir con el bienestar que se supone que debemos tener.

No somos autónomos, ni libres y mucho menos independientes. Somos una sociedad dependiente de quienes controlan el establecimiento a pesar que nosotros somos el Estado. Porque estamos obligados a pagar impuestos y contribuciones para que quienes manejan el Estado tomen las decisiones que ellos creen que son correctas, pero realmente no es así porque ellos se quedan con nuestros aportes y nos presentan gastos exorbitantes a donde se fue el dinero.

 

Para la sociedad es normal pagar impuestos, no solo impuestos sino lo que ellos exijan de papeles y documentos que hay que presentar si alguien quiere establecer un negocio o empresa.

Todos estamos a merced de los políticos, porque los hemos elegido para que nos gobiernen sin ninguna restricción.

Vivimos bajo un engaño permanente porque estos personajes existen por temporadas y estamos listos cada vez que hay elecciones a votar por ellos creyendo que este nuevo personaje si va actuar con la honestidad que todos esperamos. Pero jamás llegará ese personaje a ocupar un puesto público sin que saque en nombre de su partido o a título personal.

Los políticos tienen su propia naturaleza a la cual no pueden eludir y nada va a cambiar en su modo de ser. Sus seguidores son la sangre que los hace estar siempre presente en los estrados del establecimiento.

Nosotros somos el Estado, pero no tenemos conciencia de nuestra naturaleza y valores porque aún estamos inmaduros y dependemos de las habilidades que otros tienen. Por eso nos entregamos incondicionalmente a quienes dañan a la humanidad.
 

 

 

Por eso hay dictadores, líderes y personajes que gobiernan naciones y deciden sobre el destino de otros que ni siquiera saben que es lo que está pasando. Porque simplemente vivimos engañados y aún tenemos fe en que llegará el...

 

CAÑONES POR MANTEQUILLA
Crónica #1083

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: https://youtu.be/RnxCOp6CQgI

 

Afortunadamente no he sido economista y mucho menos en las épocas actuales cuando volvieron la economía una casa de apuestas. Estudié economía en el mamotreto de Samuelson y de allí me quedó muy claro que los gobernantes se la han pasado a lo largo de la historia escogiendo entre comprar cañones o comprar mantequilla.

Muchas de las imbecilidades que las naciones han cometido resultaron ser errores costosísimos porque priorizaron invertir en la guerra y no en los cambios sociales que buscan finalmente la comodidad para sus nacionales.

 

Desde hacía casi 100 años, cuando terminada la Primera Guerra el mundo comenzó a armarse para estar preparado para la Segunda, no se veía un desespero tan amplio de volver a gastar en cañones y no en mantequilla.

 

La tentación ha sido latente siempre. Colombia no ha estado lejana de ese dilema y mucho de lo que hemos gastado en nuestras guerras internas bien podría habernos ayudado a modernizar este país. Pero por estos días, en una medida que la antigua izquierda se niega a haber visto y los progres o wokis que los reemplazaron malamente esconden, los dirigentes de Europa resolvieron, todos a una, rearmarse velozmente y hasta Alemania, la perdedora de las dos grandes guerras, aprobó la semana pasada un macro endeudamiento para adquirir armas.

 

Esta estupidez la cometen disculpándose en las barrabasadas de Trump, que trastocó el orden mundial con sus humillaciones y amenazas y presuntamente les dejó solos para enfrentar el enemigo imaginario.

Cambiar mantequilla por cañones no debería tener justificación en un mundo que ya usa la IA. Pero se explicaría porque la raza humana que lleva millones de años usando la violencia para defenderse primero de la naturaleza y después de los vecinos y por último de quienes pretenden dominar por la fuerza o el chantaje o la humillación, ha preferido tercamente en poseer cañones y no mantequilla. Y Europa cree que la guerra comienza mañana.

El Porce, marzo 27 del 2025

 

 

Director
Zahur Klemath Zapata

Gerente
Laurie Agront

Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.


Editor

Felipe Castro

 

   

Diagramación
María  Molina

 

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Nadeem Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Rubén Darío Varela Hurtado

 

 
Edgar Cabezas

Gongpa Rabsel Rinpoché

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Teresa Pardo

Agustin Perozo

Otoniel Parra Arias
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