Pereira, Colombia - Edición: 13.447-1027 Fecha: Jueves 27-03-2025 |
COLUMNISTA |
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Amores consentidos
Por: Jotamario Arbeláez
Para
contrarrestar a la muerte que nos acosa, la mejor inversión que se
puede hacer con los cinco sentidos es la inversión amorosa, salir de
conquista. La vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato, son los
cinco cimientos de un buen levante.
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momento ser anósmico sería una desgracia.
Si tienes suerte y
puedes iniciar una conversación oirás la cadencia de su palabra, el gorjeo de su
risa pequeña, el ritmo de su acompasada respiración que roza tus tímpanos, su
taconeo sobre las suaves baldosas, su susurrar al son de la música, el suspiro
de alivio cuando la aprietas en la pista de baile. Sientes que el amor te entra
por las orejas y das gracias a Dios por el don del oído. En ese momento ser
sordo sería una desgracia. |
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tacto. En ese momento sería una desgracia ser apselafésico.
Has tenido noticia de gentes que han perdido uno o varios sentidos, y complementan con los que les quedan los que les faltan. Digamos que hacen de tripas corazón, y tal corazón les queda bien hecho. A veces su pareja también es lisiada de algún sentido. Y la solidaridad amorosa se crece con ese despojamiento. Se juntan así las dos más nobles pasiones, el amor y la enfermería.
Mientras que quienes gozan a tutiplén del piano de los sentidos, en vez de disfrutarlo terminan ofendiéndose porque el otro lo miró mal, le pegó un grito, le olió raro, le supo agrio, lo fastidió con sus bruscas caricias. Perversión de los sensuales sentidos, que sólo se presenta en las parejas a las que nada les falta.
Ay de que no pudiera ver las maravillas del cielo, entre las cuales destella con luz propia mi ángel ofreciéndome una rosa entreabierta. Ay de que no pudiera oír la música de su voz y su voz cantante en las fiestas y sus gemidos complacientes a la luz de los candelabros. Ay de que no pudiera oler su pelo y perfumes, y el almizcle de sus cucos y su alegre transpiración en las sábanas. Ay de que no pudiera gustar del sabor de sus besos, puesto que mejores son sus besos que el vino, como cantó el escriba de los cantares. Ay de que no pudiera tantear con las cinco puntas de mi mano la estrella de su amor que ilumina todas mis noches. |
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