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(too) arroja nueva
información sobre el misterio de los ecosistemas que prosperan debajo de las
plataformas de hielo. Los ecosistemas de aguas profundas, por ejemplo, suelen
depender de los nutrientes de la superficie que caen lentamente al fondo marino;
sin embargo, ecosistemas antárticos como este han estado cubiertos por hielo
durante siglos, completamente aislados de los nutrientes de la superficie.

La hipótesis planteada por los investigadores es que, como las corrientes
oceánicas también transportan nutrientes, las formas de vida que prosperan bajo
estas gruesas capas de hielo deben ser sustentadas de alguna manera por
corrientes oceánicas. El mecanismo preciso aún se desconoce.

El descubrimiento de un ecosistema que había permanecido escondido de los ojos
del ser humano —brindando información clave sobre la dinámica de las capas de
hielo, la oceanografía y los ecosistemas bajo las plataformas de hielo—, no debe
ser motivo para desestimar el otro significado de este hallazgo. “La pérdida de
hielo de la capa de hielo antártica contribuye significativamente al aumento del
nivel del mar a nivel mundial”, afirmó Sasha Montelli, codirectora de la
expedición y científica del University College London (UCL).
“Nuestro trabajo es crucial para proporcionar un contexto a largo plazo de estos
cambios recientes, mejorando nuestra capacidad para realizar proyecciones de
cambios futuros, proyecciones que pueden fundamentar políticas viables. Sin
duda, haremos nuevos descubrimientos a medida que sigamos analizando estos datos
vitales”, añadió.
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Luego del desprendimiento de un iceberg gigante en la
Antártida, nombrado A-84, científicos indagaron en el suelo marino
que se escondía por debajo de este enorme bloque de hielo y
descubrieron un mundo lleno de vida, habitado por esponjas y
corales.
En enero de 2025, el susodicho iceberg, que cubría un área de 510
kilómetros cuadrados (imagina un bloque de hielo del tamaño de la
ciudad de Puebla), se desprendió de su sitio en la península
Antártica a causa de los efectos del cambio climático, una muestra
más del paso acelerado del deshielo en el continente.
No lejos de ahí, en el mar de Bellingshausen, había un equipo
internacional de investigadores a bordo del R/V Falkor (too), un
barco perteneciente al Schmidt Ocean Institute (y que ha jugado un
papel en otros hallazgos importantes). Ante la oportunidad de
indagar un sitio que nunca había sido explorado por humanos, los
investigadores decidieron cambiar de planes y se desplazaron hacia
el espacio antes ocupado por A-84.

“Aprovechamos la oportunidad, modificamos nuestro plan de expedición
y nos lanzamos
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a observar lo que sucedía en
las profundidades”, dijo la doctora Patricia Esquete, codirectora
científica de la expedición, en un comunicado difundido por British Antarctic
Survey. El 25 de enero, los investigadores llegaron al sitio y dio inicio su
nueva aventura.
A lo largo de ocho días, los investigadores observaron el fondo marino, llegando
a profundidades de hasta 1,300 metros mediante el uso de un vehículo de control
remoto, el ROV SuBastian. Se realizaron estudios de la geología, la oceanografía
física y la biología debajo de esta área que alguna vez estuvo cubierta por una
plataforma de hielo flotante. A raíz de los hallazgos, el cambio de itinerario
valió la pena.
“No esperábamos encontrar un ecosistema tan hermoso y próspero. A juzgar por el
tamaño de los animales, las comunidades que observamos llevan décadas allí,
quizás incluso cientos de años”, dijo la doctora Esquete, investigadora del
Centro de Estudios Ambientales y Marinos (CESAM) y del Departamento de Biología
(DBio) de la Universidad de Aveiro, Portugal.
Entre sus registros destacan grandes corales y esponjas que albergan una gran
variedad de especies marinas, incluyendo dracos, arañas marinas gigantes y
pulpos. Fue tan grande su asombro por el nivel de biodiversidad y biomasa en un
sitio tan recóndito, que incluso sospechan haber descubierto varias especies
nuevas.
¿Cómo se da la vida en este espacio?
El hallazgo del equipo a bordo del Falkor
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