Pereira, Colombia - Edición: 13.930-1510

Fecha: Domingo 06-09-2026

 

 CUENTO

 

-13

 

 

QUÉ LEE GARDEAZABAL

 

La Hija, de Sergio del Molino.

 

Editó Alfaguara

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=Oc2oAAnVdwo

 

El mito de Goya sigue dando tema para los escritores españoles que poco a poco se van convenciendo que su país y su cultura siempre estuvo envuelta en las sombras generadas por las sotanas eclesiásticas y, como tal, la verdad histórica hay que escarbarla confrontándola.

Sergio del Molino, un escritor de carrera, a quien ya le había leído una novela difícil de olvidar, ”Los alemanes” que ganó el Alfaguara hace unos años, se le mide en este libro (mitad novela, mitad ensayo histórico) a barruntar la biografía de la dibujante y pintora Rosario Weiss, de quien siempre se ha dicho que fue hija del genial Goya, o por lo menos de Leocadia, su segunda esposa, y quien le acompañó en el exilio en Burdeos y le ayudó a bien morir.
 

El libro está exactamente dividido en dos partes, la primera, una novela histórica agradable, interesante aunque por ser manejada con la figura del tercer narrador, se pierde en los vericuetos de la invención 

 

 

 

fallida. La segunda, un ensayo histórico sobre Goya y su tiempo, o mas bien, una cátedra sobre pintura y dibujo por un ilustrado académico que se respalda en textos anotados cuidadosamente en la bibliografía.

Como tal entonces el libro se vuelve interesante mientras es novela y la Rosario Weiss, que lleva el apellido del primer marido de Leocadia, se vuelve atrayente como personaje, como hija natural del genial pintor y como discípula del maestro que fue toda la vida el sordo de Goya.

 

Pero cuando llega la segunda parte, que es la misma historia de la novela pero contada en forma arrogante, para convertirla en una demostración investigativa palpable de Goya y Rosario y las guerras carlistas y el exilio, le hace perder la gana hasta al más culto de los lectores.

En cifras, las primeras 291 páginas que tiene la novela son suficientes para aplaudir y recomendar el libro. Las 340 restantes bien pueden prescindirse o leer con manías paranoicas.

Septiembre 05 del 2026.

 

Un obispo en el atolladero

 

 

Por: Marqués de Sade

 

Resulta bastante curiosa la idea que algunas personas piadosas tienen de las

 

 

 

 

blasfemias. Creen que ciertas letras del alfabeto, ordenadas de una forma o de otra, pueden, en uno de esos sentidos, lo mismo agradar infinitamente al Eterno como, dispuestas en otro, ultrajarle de la forma más horrible, y sin lugar a dudas ese es uno de los más arraigados prejuicios que ofuscan a la gente devota.

 

 

A la categoría de las personas escrupulosas en lo que respecta a las "b" y a las "f" pertenecía un anciano obispo de Mirepoix, que a comienzos de este siglo pasaba por ser un santo. Cuando un día iba a ver al obispo de Pamiers, su carroza se atascó en los horribles caminos que separan esas dos ciudades: por más que lo intentaron los caballos no podían hacer más.

- Monseñor -exclamó al fin el cochero, a punto de estallar-, mientras permanezcas ahí mis caballos no podrán dar un paso.

- ¿Y por qué no? -contestó el obispo.

 

- Porque es absolutamente necesario que yo suelte una blasfemia y Vuestra Ilustrísima se opone a ello; así, pues, haremos noche aquí si no me lo permite.

- Bueno, bueno -contestó el obispo, zalamero, santiguándose-, blasfema, pues, hijo mío, pero lo menos posible.

 

El cochero blasfema, los caballos arrancan, monseñor sube de nuevo... y llegan sin novedad.

 

FIN.

 

 

 

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