Pereira, Colombia - Edición: 13.989-1569

Fecha: Domingo 08-11-2026

 

 CUENTO

 

-12

 

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

 

LA CUADRA

 

De Gilmer Mesa

 

Edición especial 10 años

 

Editó Random House

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=6uONbzZjJsA

 

Aun cuando a muchos antioqueños les puede causar repulsa y para los señoritos de la Universidad de los Andes Gilmer Mesa es la expresión máxima del provincialismo extremo que se consigue narrando la vida de una cuadra de una barriada de una comuna de Medellin, esta edición lujosa de la novela que hace 10 años le abrió las puertas de la literatura nacional y las de una poderosa editorial, no solo honra a un buen narrador sino que debe poner a pensar a los antioqueños si ya no es hora de que entiendan y acepten que sus historias escabrosas, sus anecdotarios reservados y su manera de pensar y actuar tan hipócritamente han quedado retratadas para siempre en las letras de este libro de Mesa.

LA CUADRA no solo es la novela madre de las otras tres que le hemos leído al autor. Es una novela que resume en sus macabras narraciones y en sus penetrantes análisis sicosociales una escanografía de ese Medellin que todos vivimos y soportamos y que no debe olvidarse.

La historieta del barrio Aranjuez, la conformación adolescente de las bandas de
sicarios que sembrarían el terror en el Medellin de Pablo Escobar y la manera como la sociedad antioqueña, siempre tan pretendidamente aristocrática, terminó

 

 

 

tolerando el crecimiento del fenómeno, está allí en esa novela angustiante por pedazos, irritante como largas son sus parrafadas.

 

Aunque con ella ganó el premio de la Cámara de Comercio y LA CUADRA se catapultó, pocos han aceptado su validez proyectante al futuro. Los historiadores de la literatura antioqueña han preferido, en cambio, aplaudir los fracasos de quienes se asomaron a hacer novela sobre el enterradero de muertos de la comuna 13 o las tijeras que desnudaron en su precariedad la adaptación a la televisión.

LA CUADRA es la fotografía de espanto de un Medellin que con Pablo Escobar fue conocido en todo el mundo, pero que por la manía generalizadora no ha sido examinada en detalle usando la muchachada barrial que nutrió las tropas del crimen y el narcotráfico.

Recomendar su lectura por estos días cuando la gente cada vez lee menos puede ser un gesto romántico, pero es lo que debe hacerse por un libro importante para Antioquia y para Colombia, así la dediparada cauda de profesores universitarios digan lo contrario.

Noviembre 07 del 2026.

 

EL ECLIPSE

 

 

Por: Augusto Monterroso

 

"El eclipse", por el autor guatemalteco Augusto Monterroso (1921-2003). 11 May 2011

 

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir

 

 

 

 

allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

 

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

 

 

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.


FIN.

 

 

 

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