|
|
|||||||
|
Pereira, Colombia - Edición: 13.860-1440 Fecha: Domingo 14-06-2026 |
CUENTO |
|
-12 |
||||
|
Qué lee Gardeazabal
JACARANDÁ De Gaël Faye
Editó Salamandra
Audio:
https://youtu.be/4y1BhRQpi_w
Narra los días del genocidio en Ruanda de los hutus por los tutsis.
Como tal, entrelaza recuerdos familiares cargados de afecto con
dolorosos y emotivos relatos de sus parientes sobrevivientes y
permite a lectores como nosotros, que apenas si supimos de esa
matazón sin nombre, poder entender como el odio, la sed de poder y
las ambiciones más mínimas llevan a la polarización y finalmente al
enfrentamiento, abriéndole las puertas a la crueldad y la venganza. |
Los personajes quizás no sean verídicos, pero como están presentados dentro de cuadros y circunstancias narradas con solvencia, uno alcanza a sufrir por ellos, a esperar de ellos, a verlos desenvolverse como lo que son en una novela histórica: personajes de carne y hueso.
Allá en Ruanda, todo pudo haber quedado en los miles, en los millones de muertos sepultados en fosas comunes, pero para el narrador y para Stella, una de las impactantes mujeres protagonistas pero acaso la que más vive, la que mejor recuerda y la que más sufre, todo está centrado en el árbol de jacarandá que hay en el antejardín de la casa de su bisabuela y que a más de ser su refugio desde niña para huir de la guerra, termina sufriendo las consecuencias de la matazón y también de la paz, enloqueciéndola a ella el día que lo talan para toparse con la nueva realidad.
Sobreponerse a ese mito es igual que hacerlo con el dolor. Entender la valoración que dan los sobrevivientes a los juicios públicos contra los asesinos es quizás idéntica a la exaltación que hacen del diálogo como única arma para salir del recuerdo de la crueldad.
Por donde se le mire
pues, esta novela, escrita por quien además de premiado novelista es un músico
cantautor galardonado, termina siendo un himno a la vida y merece ponerse de pie
para aplaudirla.
AGRIMENSOR BENE NIO
Por: Juan Rodolfo Wilcock
Es notable la cantidad de partes y de órganos que puede perder una persona y
|
|
aun así seguir
incólume, o casi. Como una estatua antigua, con apenas cincuenta y cinco años de
edad el agrimensor Bene Nio ya ha perdido las piernas y los brazos, buena parte
de la pelvis, el hombro derecho, además le falta casi toda la mitad izquierda de
la cabeza y también el ojo y la oreja derechos, y por eso ya no ve ni oye; le ha
desaparecido la nariz, y la lengua -o lo que queda de ella- está parcialmente al
descubierto y se le ha endurecido de modo tal que no se entiende bien lo que
dice. Vive sentado, si puede decirse así, en una especie de silla de ruedas que
parece más bien un carrito para hacer las compras, y dentro de este carrito,
embutido y atado para evitar que se caiga, está el agrimensor Nio. Manos
solícitas lo llevan de un lado al otro, oídos todavía sanos escuchan sus órdenes
y las interpretan; porque el agrimensor, afecto desde siempre a las tareas del
campo y a los nuevos métodos de avanzada, es hombre de una actividad envidiable.
Es dueño de una serie de cañadas, montes y barrancos en el Alto Lazio, terreno
arcilloso y friable que el agrimensor Nio se ha propuesto sanear con numerosos
proyectos que le ocupan todo su tiempo. Antes que nada, el proyecto de
irrigación, que se nutre de dos grandes manantiales permanentes existentes en la
propiedad y que en pocos años promete transformar esos desiertos en una tierra
prometida. Luego, el proyecto de forestación que, con la ayuda de la Dirección
Forestal, transformará en pocos decenios esa tierra prometida en un jardín
colgante. Mientras tanto el agrimensor Nio está haciendo cercar todo con sólidos
postes de cemento y con una red de dos metros de alto, para después meter dentro
toda clase de animales y de aves exóticas, y transformar ese jardín colgante en
un Edén. El proyecto de riego prevé una hermosa piscina olímpica para uso
particular del agrimensor (o de lo que queda de él), ya que el agua de los
manantiales es más que abundante. Después construirá, en los puntos más
panorámicos, media docena de pabellones de caza o de descanso, comunicados entre
sí por cómodos senderos asfaltados; todos contarán con luz, teléfono y demás
servicios indispensables para la vida moderna. El agrimensor Nio piensa terminar
este paraíso en apenas veinte o treinta años, luego de lo cual espera vivir
allí: después de todo aún es joven. ------------------------------------------------------------
"Agrimensor Bene Nio", por el autor argentino Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978). 10 Nov 2010
|
||||
|
|
|
|||||||
|
© El Imparcial Editores S.A.S
| Contacto
57 606 347
7079
© 1948-2009 - 2025 - El
Imparcial - La idea y concepto de este periódico
fue hecho en Online Periodical Format (OPF) que es un
Copyright de ZahurK.
Queda prohibido el uso de este formato e idea (OPF) sin previa autorización
escrita de ZahurK |