Turquía reabrirá puesto fronterizo para retorno de refugiados
sirios

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, anunció este lunes que se
reabrirá un puesto fronterizo con Siria, cerrado desde 2013, para
que los refugiados puedan volver a su país.
"Para evitar atascos y facilitar la circulación, abriremos el puesto
fronterizo de Yayladagi", afirmó el jefe del Estado turco durante un
discurso, tras una reunión de su Ejecutivo.
Muchos refugiados sirios que viven en Turquía acudieron a los
puestos fronterizos del sur del país para intentar volver a su país
tras el anuncio de la caída del presidente Bashar al Asad, el
domingo.
El puesto de Yayladagi se encuentra en la provincia de Hatay.
"Creo que los fuertes vientos de cambio que soplan en Siria serán
beneficiosos para todos los sirios, sobre todo para los refugiados.
A medida que Siria gane estabilidad, los retornos voluntarios
también aumentarán. El deseo que tienen los sirios de volver a su
patria desde hace 13 años terminará", afirmó el presidente turco.
Por otro lado, el presidente turco aseguró que Ankara no busca
extender su territorio a Siria.
"Turquía no tiene en el punto de mira ni las tierras ni la soberanía
de otro país. El único objetivo de nuestras operaciones
transfronterizas es proteger nuestra patria y a nuestros ciudadanos
de ataques terroristas", señaló.
Austria y Alemania suspenden
pedidos de asilo de refugiados sirios

Austria y Alemania anunciaron este lunes suspender las decisiones
pendientes sobre las solicitudes de asilo de los sirios, al día
siguiente de la caída del gobierno de Bashar al Asad en Siria tras
una fulgurante ofensiva rebelde.
"A partir de ahora se detendrán todos los procedimientos [de asilo]
en curso", afirmó el Ministerio del Interior austriaco en un
comunicado.
También se dieron instrucciones para
"preparar un programa ordenado de repatriación y deportación a
Siria", detalló el ministro del Interior, Gerhard Karner.
La ministra del Interior alemana, Nancy Faeser, señaló a su vez que
dada "la incertidumbre actual", la oficina federal de inmigración y
de los refugiados "decretó hoy un congelamiento de las decisiones
para los procesos de asilo actualmente en curso" de los sirios.
Alemania, el país con la mayor comunidad siria de la Unión Europea,
acogió a casi un millón de sirios durante el mandato de la exjefa de
gobierno alemán, Angela Merkel.
"Muchos refugiados que encontraron protección en Alemania tienen
ahora por fin la esperanza de regresar a su patria siria y
reconstruir su país", dijo Faeser en un comunicado. "La situación en
Siria es actualmente muy confusa", reconoció sin embargo.
Según el Ministerio del Interior, actualmente residen en Alemania
974.136 personas de nacionalidad siria.
De ellos, 5.090 han sido reconocidos con
derecho a asilo, 321.444 han obtenido el estatuto de refugiado y
329.242 han recibido protección subsidiaria, lo que implica una
suspensión temporal de la deportación Decenas de miles de otros
casos siguen pendientes.
Austria, a su vez, es uno de los países que más sirios acogió en
Europa. Alrededor de 7.300 de los cerca de 100.000 sirios que viven
en el país se ven afectados por esta decisión.
El Ministerio del Interior austriaco indicó que los casos de las
personas a las que ya se había concedido el asilo serían también
reexaminados. La reagrupación familiar, asimismo, quedará
suspendida.
Desde 2015, alrededor de 87.000 sirios recibieron una respuesta
positiva a su solicitud de asilo en Austria, un país de nueve
millones de habitantes.
Pero el jefe del gobierno conservador, Karl Nehammer, endureció las
medidas en los últimos años ante el auge de la extrema derecha, que
ganó por primera vez las elecciones parlamentarias a finales de
septiembre.
Siria busca transición con
escenario político y armado fragmentado
EL final ayer de la familia Al Assad, tras más de medio siglo
gobernando Siria con puño de hierro, representa la eliminación de un
instrumento de cohesión concebido a golpe de atrocidad contra el
pueblo y la apertura de una nueva era marcada especialmente por la
guerra civil precedente, así como por la existencia numerosos grupos
políticos y armados diseminados por el país, condicionados muchos de
ellos por potencias extranjeras como Estados Unidos, Rusia o
Turquía.
El presidente sirio, Bashar al Assad, dejó el poder por la fuerza,
incapaz de contener el avance imparable de un heterogéneo colectivo
de fuerzas de oposición que comprende a yihadistas, milicias kurdas
cargadas de reivindicaciones históricas, grupos armados rebeldes
asistidos por Turquía y un conglomerado de facciones locales del sur
del país.
Su régimen cayó después de una rápida ofensiva de estos grupos de
oposición desde varios frentes, principalmente desde el noroeste y
el sur del país, más el empuje adicional de los grupos kurdos en
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el noreste sirio. Todo ello en menos de 15 días.

Las primeras horas de la Siria sin los Al Assad estuvieron marcadas por
llamamientos internacionales a evitar la "balcanización" de un país donde ahora
mismo coexisten una administración kurda establecida en el noreste (la Rojava),
un bastión yihadista en la provincia de Idlib y un vacío político en una capital
que durante el día vio los primeros esfuerzos para comenzar un diálogo de
transición, de resultado todavía incierto, en especial después de 15 años de
guerra civil que ha costado más de 350.000 vidas y una crisis humanitaria
catastrófica.
Cayó el régimen de Asad, pero el conflicto no ha terminado: Turquía sigue
emprendiendo su campaña militar contra los grupos kurdos a lo largo de su
frontera con el norte de Siria, los mismos que han recibido el apoyo de Estados
Unidos para combatir a las células itinerantes de la organización yihadista
Estado Islámico que todavía pululan por el país, y tienen a miles de familiares
e hijos retenidos en condiciones infrahumanas en las cárceles kurdas como la de
Al Hol.
Y para evitar la reconstitución del Estado
Islámico, el Mando Central del Ejército de Estados Unidos (Centcom) efectuó 75
ataques aéreos contra objetivos de esa organización yihadista en el centro de
Siria. Los describió como una ofensiva contra “líderes, operativos y campamentos
de EI " Minutos antes de ese anuncio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden,
avanzó en una comparecencia pública el comienzo de los mismos como primera
medida de reacción norteamericana a la caída de Al Assad.
"Tenemos claro que Estado Islámico intentará aprovechar cualquier vacío para
restablecer sus capacidades y crear un refugio seguro. No permitiremos que eso
suceda…Seguiremos vigilantes", dijo el mandatario norteamericano y confirmó que
los militares estadounidenses desplegados en Siria -se encuentran en el este del
país- seguirán en sus puestos.
A todo esto, hay que añadir un escenario regional también marcado por la
transformación constante a través del conflicto, próximo o más lejano.
La erosión
causada por guerra en Ucrania llevó a Rusia a reducir el respaldo imprescindible
que concedía a Al Assad para sujetar a los grupos de oposición. Israel, por su
parte, declaró roto el histórico acuerdo de separación con Siria por lo que
entró en la zona desmilitarizada del Golán y según reportó el Observatorio Sirio
de Derechos Humanos (Osdh) bombardeó varios lugares en el este de Siria.
"Israel lanzó bombardeos aéreos contra depósitos de armas y posiciones
pertenecientes al régimen derrocado y a grupos apoyados por Irán en la provincia
de Deir Ezor", aseguró Rami Abdel Rahman, director de la Osdh.
Estados Unidos, por su parte, aborda esta nueva era en plena transición al
retorno de Donald Trump, quien este sábado se mostró dispuesto a desvincularse
de todo este asunto, un deseo que quizá no pueda ver cumplido en un país
deshilachado.
Fin de una era
Lo ocurrido este domingo representa el final de Bashar Hafez Al Assad y del
legado de su padre, Hafez, un oficial de la fuerza aérea que ayudó a liderar la
toma del gobierno por parte del Partido socialista Baaz en 1963 antes de
asumir él mismo el poder mediante un golpe militar incruento en 1970.
Su hijo asumió el poder en el año 2000 bajo promesas de un camino de reformas,
liberalización económica y cierto aperturismo democrático que cayeron en saco
roto al año de llegar al cargo, cuando empezó a sofocar todo amago de oposición
política.
Cuando en 2005, los grupos de oposición se unieron para emitir una declaración
en la que exigían elecciones parlamentarias libres, Al Assad respondió
encarcelando a sus principales firmantes, marcando el patrón que seguiría
durante el lustro siguiente hasta el estallido en 2011 de la Primavera Árabe en
el país, el comienzo de la guerra civil siria.
En 2015, la guerra se convirtió en un punto de inflexión con la incorporación
definitiva de Rusia en una campaña militar con apoyo técnico de Irán que logró
paralizar las operaciones rebeldes y yihadistas, confinados hasta hace solo doce
días a menos de la mitad del país en medio de una relativa calma.
Siria, sin embargo, estaba cogida con pinzas, como demostró la fulgurante
ofensiva que puso fin a un régimen a esas alturas deslegitimado por completo por
Estados Unidos y sus aliados, que se negaron a reconocer al mandatario como
ganador de las últimas elecciones de 2021.
Al Assad tampoco se libró en los
últimos años del escepticismo de países árabes que apuntaban a Siria como centro
de producción del narcotráfico -la anfetamina Captagon- para financiar las
operaciones militares contra la oposición.
El derrocado mandatario se encuentra ahora en Moscú, lejos ya de un país que
comienza a partir de ahora una transición muy difícil. El peor escenario que
contemplan los analistas es un "modelo libio", caracterizado por la desaparición
de un líder autocrático (Gadafi), fragmentado entre autoridades paralelas y una
ausencia de Estado de Derecho rellenada por grupos armados de toda índole, y
donde los civiles acabarían siendo una vez más la primera víctima del caos.
Ayer, los órganos políticos de la oposición comenzaron a trazar las líneas
maestras de un futuro político con intenciones más o menos coincidentes a pesar
de la rivalidad que les separa.
Las dos entidades más destacadas son la Coalición Nacional Siria (CNS), una
alianza de grupos de oposición formada en el exilio tras el levantamiento de
2011 contra Al Assad, y el Gobierno
de Salvación Nacional, considerado
a todos los efectos el brazo político del grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham,
rival de la CNS.
El presidente de la CNS, Hadi al Bahra, propuso un período de transición de 18
meses, incluidos seis de ellos para redactar una nueva Constitución. También
recomendó la "ampliación de la coalición que dirige" para recabar apoyos dentro
de Siria,
teniendo en cuenta que la CNS está
reconocida por EEUU y sus aliados, pero su respaldo dentro del país es muy
limitado (sobre todo en la comunidad kurda, que considera a la coalición un
instrumento de Turquía, su enemigo declarado).
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En cualquier caso, Al Bahra aseguró a la cadena CNBC Arabia que su intención es
la de restaurar el Estado de Derecho, y de aplicar, en el momento en que
arranque el proceso de transición en concordia con los países vecinos, "un
programa de justicia transicional y reconciliación nacional, incluidos
mecanismos de rendición de cuentas bajo un poder judicial imparcial e
independiente.
El llamado Gobierno de Salvación, la extensión política de los yihadistas de
Hayat Tahrir al Sham, fue casi igual. Prometió que "la nueva Siria será un
Estado de Derecho que garantice dignidad, justicia e instituciones que reflejen
las aspiraciones del pueblo sirio".
El líder del HTS, Abú Mohamed al Golani, abundó en estas ideas durante su paseo
triunfal por Damasco -y su discurso-, que culminó en la gran mezquita de los
Omeyas, considerado el cuarto sitio más importante para el islamismo.
El líder yihadista, objeto de las suspicacias internacionales dada la proximidad
de la organización, en sus orígenes, a la red terrorista Al Qaeda, aprovechó
para acusar a Al Assad de haber convertido a Siria en "una finca para las
ambiciones iraníes" -el HTS es un grupo suní, rival de la república islámica
chií, aliada estratégica de Al Assad- y de propagar "el sectarismo y la
corrupción”.
Dos años después, Estados Unidos ya estaba acusando a Al Assad de la comisión de
atrocidades al declararle responsable de un ataque químico con gas sarín que
dejó 1.400 muertos cerca de Damasco.
La corona noruega se ve sacudida por el
"mayor escándalo" de su historia

Las acusaciones de violación contra el hijo de la futura reina de Noruega han
sumido a la familia real en "el mayor escándalo" de su historia, en un "annus
horribilis" para la corona.
El nombre de Marius Borg Høiby, de 27 años, nacido de una relación anterior al
matrimonio de su madre, Mette-Marit, con el príncipe heredero Haakon, está
constantemente en la prensa desde mediados de año.
Este joven apuesto y de aire insolente, que lleva pendientes, tatuajes y
esmoquin, fue detenido en Oslo el 4 de agosto, acusado de haber violado a su
novia la noche anterior.
La prensa publicó una foto que muestra un cuchillo clavado en una pared y afirmó
que Høiby le entregó ese día a la policía un teléfono parcialmente destruido sin
tarjeta SIM.
En una declaración pública por escrito, admitió haber ejercido violencia durante
el altercado con su novia, asegurando que padece "trastornos psicológicos" y que
lleva mucho tiempo luchando "contra la adicción a las drogas".
Pese a ello la polémica sigue y se suceden las revelaciones sobre el hijo de la
princesa, que no tiene un papel público oficial, a diferencia de su medio
hermano y media hermana, nacidos después del matrimonio de su madre con el
príncipe heredero.
Dos de sus exnovias dicen haber sufrido violencia de su parte y la policía lo
investiga también por amenazas de muerte, incumplimiento de una prohibición de
contacto y la violación de al menos dos mujeres.
Según la ley noruega, la noción de violación también incluye actos sexuales sin
penetración, cometidos cuando la víctima no puede resistirse, como parece haber
sido el caso.
Por esta razón Marius Høiby fue puesto en detención preventiva una semana en
noviembre, algo inédito para un miembro de la familia real.
"Es una bola de nieve que nada parece poder detener", apunta Sigrid Hvidsten,
comentarista del periódico Dagbladet. "Es el mayor escándalo que hemos tenido en
la casa real noruega", asegura.
Marius Høiby, que todavía no ha sido inculpado formalmente, solo reconoce actos
de violencia y degradación durante la noche del 3 al 4 de agosto, así como
amenazas de muerte.
Este caso se suma a un año difícil para la familia real de Noruega.
Su imagen ya se vio dañada por el nuevo matrimonio en agosto de la princesa
Märtha Louise, hija mayor del rey Harald y la reina Sonja, con un autoproclamado
chamán, el estadounidense Durek Verrett.
Ambos son defensores de las terapias alternativas y Märtha Louise asegura que
puede comunicarse con los ángeles.
Por su parte su marido vende un medallón "salvador" entre acusación de ser un
charlatán.
En 2017 el 81% de la población apoyaba a la monarquía, un porcentaje que este
septiembre cayó al 62%.
Para empeorar las cosas, el rey Harald, de 87 años, tiene problemas de salud que
lo obligaron a tomarse una larga baja por enfermedad a principios de año ya
reducir sus actividades.
En febrero, el decano de los soberanos en funciones en Europa tuvo que ser
repatriado en avión tras contraer una infección durante una estancia privada en
Malasia.
El gobierno incluyó en octubre en su presupuesto 20 millones de coronas (unos 2
millones de dólares) para la compra de un "sarcófago" en previsión de su muerte.
"A veces la vida es muy difícil. Esto es algo que todos pueden experimentar,
incluida nuestra familia", dijo el anciano soberano en octubre, sin mencionar
específicamente los problemas de su familia.
Según los observadores, la monarquía noruega sobrevivirá mientras los escándalos
afectan solo a personalidades "periféricas".
La pareja real, el príncipe heredero Haakon y su esposa, siguen siendo muy
populares.
"La República no es una amenaza inminente. Incluso las peores encuestas muestran
que hay el doble de noruegos que apoyan la monarquía", dice Tor Bomann-Larsen,
autor de biografías sobre la familia real.
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