Me habla San Nicolás

Por: Jotamario Arbeláez
Salud,
Jotamario: Con estas palabras de silencio te habla Nicolás, el de
Tolentino. Créeme que celebro tu invocación, que estaba esperando.
Basta con que dejes correr las yemas de tus dedos sobre el teclado.
Así como no comprendías por qué querías ser bombero cuando nos
encontramos en aquella mesa de médiums en 1967, cuando ante nuestra
revelación descubriste que era una forma de echar agua sobre las
culpas de Nerón, porque él mismo habías sido en una encarnación
precedente, así ahora descubres que ese personaje que nos persiguió
con tanta saña desde su trono de Roma, y que según historiadores es
el monstruo más sanguinario que ha existido sobre la tierra, es el
Anticristo que regresa de sus infiernos a enfrentar al Mesías en su
segunda venida. Respira.
Pues bien, te hemos conducido a uno de los libros sin abrir de tu
biblioteca, y en ese manual de revelaciones encuentras que no han
podido identificar quien es esa segunda Bestia descrita como ‘falso
profeta’ por Juan en Apocalipsis (16,13 y 19,20), ese falso profeta
que “tiene la misión de promover el culto al Anticristo-Bestia.”
Y has deducido con toda claridad de esa indiscreta revelación
bibliófila que eres ‘el falso profeta del Anticristo’ -para ser
consecuentes con los arrestos juveniles de los monjes juguetones de
vuestro grupo-, y que como él no puede volver de entre los muertos
por resurrección, pues no es un dios aunque lo pretende, lo hace por
medio de la reencarnación que tú representas.
Estás, pues, en la encrucijada. De la decisión que tomes y del
resultado que obtengas dependerán tu salvación o caída. Y tal vez
las del mundo en su parusía.
Podrás
hacer lo que espera el maligno por la circunstancia metempsicótica
que te atañe, debido a que él te escogió desde sus
tinieblas para que lo apoyaras en detener al
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Mesías en el
anunciado retorno, cuando eras un ateo recalcitrante y te burlabas del Señor en
sus propias barbas.
Pero a tiempo te encontramos, hace ya más de cuarenta años de los tuyos, y te
ungimos con nuestro amor y con nuestra guía, y te dimos la mano que no has
soltado, para que como aliado de Cristo, no sólo te salvaras sino que
colaboraras con la salvación del torvo Nerón mediante el perdón, que será la
manera más dulce, la manera más sabia, así no sea la más justa, de neutralizar
de antemano al Anticristo que se avecina.
Te dijimos, “busca
la culpa de aquel porque tú la purgarás”. La buscaste, y en tu discernimiento
decidiste expresarla en la forma de un libro que ya has vendido, con la
confesión cruda de todas sus transgresiones, tomo que te anunciamos merecerá el
quinto premio que en tu inmodestia literaria nos demandaste, así como hemos
satisfecho todos los deseos que te tentaron, ya fuera en forma de honores, o de
amores, o de hijos, o de viajes, o de vaivenes, requeridos por quienes no han
alcanzado la plenitud de esa
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nada de que hacen gala. Pero ya gozarás de los éxtasis del
silencio.
Recién te has desprendido de ese sanedrín de conspiradores con la
negación a flor de pecho, que te impedía asumir el camino de tu misión
previamente condecorada con bienaventuranzas vitales.
Desde el verdadero mundo que no es la carne te cuento que hay albricias porque
has tomado el lábaro que te irá señalando los pasos contra el Dragón y la
Bestia. Has encontrado de tu obra el santo objetivo. Develar que tu antecedente
Nerón es el Anticristo aprestándose a su regreso. Tienes a tu alrededor toda la
información que te han legado historiadores del pasado e intérpretes del
presente, y tienes a tu disposición las luces que te ofrecemos. Procede.
Regreso. Oigo que has expresado, tres veces, por tu propia voluntad, y en el
espeso silencio y soledad de tu biblioteca, las palabras que desde hace tanto
tiempo esperábamos: ¡Cristo, creo en ti! Te lo había pronosticado: “Creerás, ese
será tu escándalo”.
Ahora, tu misión es hacer que diga lo mismo El Otro.
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